Certeza. El predicador nos dijo este domingo:
"Siempre estoy seguro. Pero no siempre tengo la razón." Mi
personalidad no se da a tanta certeza. Pero sé que hay personas que siempre están
seguros de todo—como Roberto. Creo que la testosterona les da a los hombres una
ventaja por ese lado. Quizás. Al menos eso pienso.
J
Fui a una reunión
en la iglesia donde nos entregaron un cuestionario acerca de la Navidad para ver
si realmente conocemos los detalles de la historia de la Navidad. Nos preguntaba
qué es la mirra. Preguntaba
sobre qué les dijo el posadero a María y a José, y cuántos ángeles les hablaron
a los pastores. La
mayoría estábamos muy seguros de nuestras respuestas, y la mayoría nos
equivocamos. Aquí
está la pregunta que me tropezó: "¿Cómo viajaron María y José a Belén?"
Respuesta: no lo sabemos. La
Biblia no menciona el fiel burro Néstor (nombre de un rey griego y asesor de
Menelao en la Guerra de Troya. No es muy probable que el nombre de un burro
hebreo acarreando una pobre mujer embarazada fuera Néstor), del mismo modo que no
se menciona al posadero, ni la nieve, ni el hecho de tener tres sabios. ¿De
dónde sacamos la figura del burro? En
uno de los evangelios apócrifos, supuestamente
escrito por Santiago, menciona a José ensillando un burro para su viaje a
Belén. Desde
entonces, Néstor ha estado en todos los cuadros, caminando lentamente hacia un
establo iluminado.
Lo interesante es
que yo estaba tan segura de que tenía que haber un burro, peor la biblia no lo
menciona. Y muchas personas estaban seguras de sus respuestas equivocadas.
Qué bueno que la
seguridad no determina la verdad. Desafortunadamente,
muchos predicadores hablan como si la seguridad que uno siente fuera lo que
determina la verdad. Convierten
nuestras palabras y declaraciones en la verdad. Hace poco tuvimos en desacuerdo
con un amigo, y después de una discusión sobre el tema, él dijo que lo pensaría
y se pondría en contacto con nosotros. Más
tarde, dijo que había orado sobre el asunto y ahora estaba aún más seguro de su
opinión que antes. Actuaba como si la propia certeza era prueba de la verdad. Alguien
que yo respeto dijo que esto es una forma de idolatría: confiar en que su
certeza es garantía de la verdad.
Y otro predicador
nos dijo que había tomado una clase bíblica con un maestro muy sabio llamado NT
Wright, que es uno de los profesores evangélicos más importantes de nuestros
tiempos. Para
introducir la clase, él desafió a sus estudiantes a cuestionar y desafiar todo
lo que les enseñara. Él les dijo, "Una
tercera parte del tiempo, voy a estar equivocado, y sus preguntas serán pistas
sobre donde tengo que seguir investigando."
Una cosa que la
modernidad hace es destruir nuestra certeza, obligándonos a escoger a Jesús por
la fe. Ya
no nos permite dar por sentado que nosotros (o nuestro país o nuestros hijos) seguirán
la fe de nuestros padres. Ahora tenemos
que elegir en que vamos a confiar. Ya no podemos confiar
en la certeza de otra persona. Esta nueva libertad es aterradora. ¿Qué pasa si elegimos mal?
Y para aquellos
que están tan seguros, todo el mundo les parece estúpido. Ellos dicen, "¡Vamos! Una
persona ciega puede ver que esto es verdad." Pero este tipo de lenguaje no
respeta la inteligencia de la persona que elige de manera diferente. No
es obvio para ellos, y nuestra certeza por sí sola no es convincente. Y
ni nuestra certeza ni su duda cambian lo que es Verdad. Sí hay una sola verdad.
Pero no es una lista. Ni es una doctrina. Es
una Persona de la que emana toda la Verdad, porque "toda verdad proviene
de Dios." Nosotros elegimos seguir a Dios. Aunque tengamos nuestras dudas. La fe no significa “certeza”
sino seguir creyendo a pesar de todo.














