Si yo estuviera
en México, estaría escuchando sobre las posadas en el pueblo, y posiblemente
estaría planeando uno en la iglesia. En
una posada, las personas caminan en la calle, cantando canciones que piden
posada para Jesús y su familia. Cuando
llegan a la casa designada, se les ofrece posada, regalándoles comida, bebidas
y quebrando la piñata. Antes también teníamos la
costumbre de cantar villancicos en la calle, pero esa tradición se ha perdido. Sin embargo, en esta
navidad, los cristianos tienen la
oportunidad de abrir sus corazones a las familias necesitadas. Me
siento orgullosa de la forma en que los canadienses, tanto cristianos como no,
han respondido al llamado de la ACNUR y el gobierno de Canadá para recibir a
las familias de refugiados sirios que necesitan una posada en esta Navidad.
Hoy Janey y yo
escuchamos una sesión informativa sobre cómo patrocinar a refugiados sirios en
Canadá. Me
enteré de que los países alrededor de Siria, Turquía más que todo, han sido los
más afectados por los millones de refugiados sirios, pero la carga es demasiado
grande, y son más de lo que estos países pueden aguantar. Es la crisis de
refugiados más grande de nuestra era. La
ONU se está quedando sin comida, y ha tenido que reducir las raciones de los refugiados
a la mitad. Además, con tantos refugiados, se empieza a desestabilizar la región,
porque nadie puede darles servicios
sociales a tantos. La
ONU ha pedido a otros países que ayuden por medio del reasentamiento de miles
de refugiados dentro de sus propios países.
Canadá ha
respondido, aceptando a miles. Hace falta apoyar a
muchos más. A
medida que el gobierno de Canadá trae a más y más refugiados, les tocará a grupos,
comunidades y vecinos integrarlos a la vida en Canadá. No
sólo tienen que aprender una nueva cultura, un nuevo idioma, y enfrentar el
invierno, también traen sus propios problemas. Algunos de ellos
llegan con trastorno de estrés postraumático y otros problemas de salud. ¡Qué manera de empezar! Janey
y yo somos parte de un grupo que está patrocinando a una familia siriana, y esperamos
que nuestra iglesia participe también.
¡La primera
familia llega el jueves! Pensábamos que teníamos hasta el
Año Nuevo. Y
los papeles para el apartamento aún no están firmados, y no tiene mobiliario. ¡No estamos listos! El
señor en el video informativo (llamado Moisés, nombre muy apropiado) contó de un
grupo de patrocinio que se enteró que su familia llegaba en pocos días y lo
llamó para rogarle, "¿No puedes decirle a la familia que se esperen un
poco más?" Su respuesta fue, "Se trata de un programa de
protección. Si
le decimos que se esperen, ¿a quien estamos protegiendo?” Nunca estamos preparados para
una crisis, ¿verdad? Estoy
segura de que al hotelero le habría encantado de ayudar a esa mujer que frotaba
su vientre y trataba de tapar sus gemidos por los dolores de parto, pero él tenía
una crisis, también, con tanta gente llegando y pidiendo posada. Ella debería
haber llamado antes para hacer una reservación. ¡Que irresponsable viajar así
en esta temporada!
Creo que una
posada no es solamente una fiesta que planeamos, con tiempo para limpiar la
casa, y cocinar la comida, y llenar la piñata, sino que también es una actitud.
Es la buena voluntad para darles la bienvenida a los que llegan a nuestra mesa
o a nuestro hogar inesperados. Creo que Dios obra en nosotros todo el año para
enseñarnos esta actitud, pero es una lección inconveniente. Todos a veces nos portamos como
aquel posadero. Pero Dios está
obrando en nosotros para convertir nuestros corazones en posadas. Estoy
orgullosa de que en Canadá, aunque no conocen la costumbre de la posada, están dando
posada a miles de familias necesitadas en esta navidad.



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