Saturday, December 5, 2015

Un Jesus vivo

Me gustaría haber estado allí, pero mi presencia habría arruinado el momento por ser extranjera. (¿Se acuerdan del experimento con el gato donde el observador afecta el resultado del experimento al momento de abrir la caja y ver el gato? Y en otro experimento, el observador observaba que cuando le traía comida al gato, daba vueltas y vueltas y frotaba la cola contra los lados de la caja. El observador pensaba que el gato tenía rituales alimenticias, pero resulta que el gato nada más le estaba dando la bienvenida al observador.) Así que mejor debería ser una mosca en la pared, o mejor todavía, una pulga sobre un perro en la plaza donde predicó Juan Mercenario su primer sermón y se trajo casi a toda la población a Cristo. Ya han pasado 25 años, pero la gente todavía cuenta la historia.

Los mixtecos de Yuvinani habían abordado autobuses junto con miles de otras personas indígenas del sur de México para trabajar en los campos de hortalizas en Culiacán. Allí los conocimos. Uno de los trabajadores migrantes se llamaba Felipe, y mientras estuvo en Culiacán, se encontró con unos evangélicos. Quedó impresionado con los cantos y con la convicción que tenía que Jesús los salvaba y los sanaba. Felipe no hablaba mucho el español, pero de alguna manera las canciones y el fervor de estos hermanos llegaron a su corazón y Felipe se convenció del amor de Jesús y su poder para perdonar y para sanar. Él dio su corazón a Jesús, quien de inmediato lo sanó de la adicción al alcohol y lo lleno con gozo y con la seguridad de que tenía un Padre celestial y un hogar celestial. Era una esperanza que jamás había tenido antes. Felipe regresó a Yuvinani y comenzó a evangelizar a su familia. Durante dos años, nadie le hizo caso.(Conocían el nombre de Jesús porque era uno de los imágenes en la iglesia, pero no era más que un imagen, y habían otros más potentes.)

Pero su cuñado Juan le estaba escuchando. Juan era una figura política, un hombre de mucha autoridad en el pueblo. Era innovador y carismático, y cuando por fin dio su vida a Jesús, lo hizo en grande. Usó el sistema de sonido del público para reunir a todos en la plaza del pueblo, y allí les predicó en mixteco: "Todos ustedes saben a qué distancia estamos de Dios. Estamos en un camino que nos lleva muy lejos de Dios. Tenemos que volver atrás. Tenemos que empezar a caminar hacia a Dios. He descubierto que Jesús, el que murió en una cruz y volvió a la vida, puede perdonarnos y puede ponernos de nuevo en el camino correcto. Este hombre nos  sana y nos salva y nos escucha cuando oramos. Comprometámonos a buscar a alguien que nos enseñe de Jesús y nos ayude a leer su palabra. Aquí hay una hoja de papel para que firmemos. Formen una línea y anoten su nombre o una "X" en la hoja para comprometerse con Jesús."

No son las palabras exactas de Juan, y por supuesto, yo no estaba allí, pero esta es la historia que cuentan los que vinieron a Jesús ese día. La mayor parte del pueblo firmó el documento, pero durante la noche, comenzaron los murmullos, "Saben lo que significa esto. Ya no van a comprar aguardiente. Ya no le van a hacer caso a los catequistas ni a los sacerdotes. Ya no van a seguir con las tradiciones del pueble. Esto no puede ser.”



Por la mañana, la mitad de la comunidad se había arrepentido de sus firmas, pero el resto quedó firme, formando la primera iglesia mixteca de Guerrero. Me pregunto si solamente una vez en la historia se puede predicar un sermón como el de Juan y ver a la gente responder al evangelio como hizo aquel día. Talvez nos perdemos la oportunidad de dar un sermón efectivo cuando nos olvidamos de permitir que lo haga uno de los suyos, en su propia lengua y usando sus propias palabras. 



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