Este fin de
semana, celebramos el Dia de Acción de Gracias de los EEUU con Felipe, su novia
Cailey, y cuatro de sus amigas de la universidad. Todas las chicas estudian
algo que ver con juegos de video: la programación, el diseño, el arte, y el dialogo
para los juegos. Luego tengo a Felipe
jugando los juegos en sus momentos libres. Los demás simplemente jugamos cartas
y juegos de mesa. Felipe nos enseñó a jugar Dominio.
Me acordé de la facilidad con que los chicos se ríen de cualquier cosa, infectándose
uno a otro hasta que todo el grupo se está riendo de nada. También me acordé de
lo mucho que me gusta tener a mis amigas sentados alrededor de mi mesa, riendose,
comiendo, platicando.
Algunas de las chicas
dijeron que sus familias no celebran Acción de Gracias. Es sólo un día de
vacaciones para ellos. Son americanas, pero sus familias son inmigrantes de
Asia. Me decían: "Nosotros realmente no entendemos el por
qué de Acción de Gracias." Si no estás acostumbrada a esta costumbre con
sus pavos y peregrinos, no tiene mucho sentido. Cuando estamos en México,
celebramos Acción de Gracias, pero reconocemos que no es igual para nuestros
compañeros mexicanos. Y falta la salsa. Por otra parte, yo no celebro el Día de
Muertos, pero es un dia importante para muchos mexicanos, sobre todo si han
perdido un ser querido. Si se convierten y su iglesia lo prohíbe, sienten la
tensión.
Así es el choque
cultural. Las costumbres son tan diferentes y cuando hay mucha migración, se
empieza a sentir el impacto. Es difícil aceptar los cambios a la cultura que
trae la migración. Valoramos nuestra Acción
de Gracias, Día de los Muertos, o Tet, o lo que sea.
Y en los tiempos
del Antiguo Testamento, Dios protegió a su pueblo para que no sintiera estos
cambios. "Saquen a los cananeos de sus tierras," dijo Dios. "No
se casan con otra raza," dijo Dios. "Celebren las fiestas," dijo
Dios... "en Jerusalén." Si has leído el artículo de Ralph Winter en Perspectivas, sabes que en los tiempos
del Antiguo Testamento, Dios quiso atraer a todos los pueblos del mundo hacia
su Templo en Jerusalén. Los judios deberían tener una cultura increíble para
atraer a la gente a Dios, como una fuerza centrípeta inexorable.
Pero hoy no
vivimos en los tiempos del Antiguo Testamento. No tenemos obligación de
celebrar las fiestas de la Ley. Ya no vivimos apartados. No. Ahora vivimos en
los tiempos del Nuevo Testamento, los tiempos centrífugos, donde somos enviados
a todo mundo, hacia los rincones mas escondidos, para vivir entre la gente como
Jesús vivió entre nosotros. Y podría ser que vivamos junto a personas inmigrados
de otro país muy diferente a nuestro pais. Pueda ser que tengan costumbres muy
diferentes, o religiones muy diferentes. Probablemente no van a celebrar el
Thanksgiving ni la Navidad. Tal vez no van a conocer a Jesús. Tal vez con el
tiempo se van a ir perdiendo nuestras tradiciones, y eso nos causará dolor, pero
es nuestro llamado como cristianos. Deberíamos dejar atrás lo que es bello para
nosotros, e ir. Deberíamos tocar la puerta de nuestro vecino y darle la bienvenida,
sabiendo que su presencia en nuestro barrio podría afectar nuestras
tradiciones. Sabríamos que Dios lo ha enviado.
Y no es por casualidad
que el buen samaritano se encuentra viajando en una carretera, donde las personas
de diferentes razas y religiones viajan juntos. Tal vez están migrando, ya sea
por la economía o por la política, pero sobre el camino, cruzan sus cruzar
caminos, y en este relato, Jesús dice que el héroe es el musulmán, quien se detiene
a ayudar a un cristiano bañado de sangre. Nos hace preguntar, ¿quién es nuestro
prójimo?
Nuestra iglesia
está considerando la posibilidad de patrocinar a una familia de refugiados de
Siria aquí en Niagara. Con razón, hay preocupaciones, pero mi opinión es que
Jesus diría que si.


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