Ayer fuimos a
conocer a nuestro nuevo bis-sobrino. Tiene dos semanas, todo en. Se ve todo acurrucado
en un corrillo, suavecito y calientito, moviéndose y retorciéndose como un nido
de conejitos. No sabía el por
qué se movía. Quizás sentía alguna
pequeña incomodidad. Y
cuando le pegaba tantito hambre, se ponía inquieto y empezaba a dar aquellos pequeños
chirridos que hace el recién nacido y que afecta tanto el corazón de la mamá.
Luego cerró sus ojitos y se podía ver que iba a llorar fuerte con un pequeño
gemido desesperado. Era
un manojito de necesidad.
Y
pensé en cómo Dios nos da todo un rango de sentimientos como una caja de herramientas, y cómo lo usamos de
maneras muy diferentes, y cómo aprendemos a impartir nuestros sentimientos de
maneras diferentes a medida que crecemos y cambiamos nuestras prioridades. Para
este bebé, el llanto puede ser simplemente por un pañal mojado o un eructo, o
una comida retrasada. O
podría ser algo más grave. Es
imposible saber sin ser la mamá y conocerlo. Ella aprende a adivinar
también.
Entonces, como los padres, que cuando sus hijos lloran, son tentados a reaccionar, "Pero es una pequeñez. ¿Por qué malgastar sus lágrimas por algo así? Hay cosas mucho más grandes." Pero esto no tiene sentido para el niño, porque los sentimientos no se pueden evitar, y una vez que sentimos algo, ya no podemos volver atrás y deshacer el sentimiento. Un niño llora por un juguete, una cobija, o porque mamá se va a otro cuarto. Y los podemos consolar porque reconocemos que la causa de su dolor no es nada. Sabemos que aprenderán a llorar por otras casas más importantes.
No les ayuda cuando intentamos desafiar sus razones por llorar. No vale la pena decirles que su llanto no vale, que lo que sufren es insignificante. Ellos no entienden. El predicador del domingo nos contó una historia de un atleta que también tuvo cáncer. Perdió parte de su mandíbula. Y, pero, un hijo. Y perdió la oportunidad de jugar en el Superbowl. No me llegó mucho su ejemplo porque me hizo sentir que mi historia no valía en comparación, y entonces, ¿para qué contarlo? Y por otro lado, ¿por qué tanto alboroto por un Superbowl? ¿Quién de nosotros sabe algo de eso?
Durante la vida aprendemos a responder a las fuerzas de dolor y perdida que nos conmueven, y ahorramos nuestras emociones para usarlas con las cosas que realmente importan (estas cosas pueden cambiar mucho, un blanco móvil). A veces también perdemos la capacidad de regocijar sobre las cosas pequeñas que Dios nos da. Junto con nuestra intolerancia para el dolor, perdemos nuestra capacidad para la alegría.
La vida es una lección de ajustes. Estamos constantemente jalando los cordones de la razón y la emoción, tratando de tejer algo roto, la incongruencia entre la razón y las emociones que sentimos. O juzgamos las emociones de los demás por nuestras propias prioridades y somos insensibles a su dolor. Conozco a un hombre que entró en la casa de una viuda dos semanas después de la muerte de su marido y le dijo que ya era hora de seguir adelante con su vida y olvidarse de su marido. Él no podía entender su dolor. Unir las razones con las emociones es hora imposible, pero algún día Dios hará que estén de acuerdo, cerrando el abismo entre los dos. Cuando estemos con Él, y nuestras prioridades sean renovadas, ¿que nos podría causar dolor? ¿Qué pérdida nos podría causar llorar? Mientras tanto, estamos aprendiendo, con una caja de herramientas en la mano (estas emociones), un aprendizaje.
Y
pensé en cómo Dios nos da todo un rango de sentimientos como una caja de herramientas, y cómo lo usamos de
maneras muy diferentes, y cómo aprendemos a impartir nuestros sentimientos de
maneras diferentes a medida que crecemos y cambiamos nuestras prioridades. Para
este bebé, el llanto puede ser simplemente por un pañal mojado o un eructo, o
una comida retrasada. O
podría ser algo más grave. Es
imposible saber sin ser la mamá y conocerlo. Ella aprende a adivinar
también.Entonces, como los padres, que cuando sus hijos lloran, son tentados a reaccionar, "Pero es una pequeñez. ¿Por qué malgastar sus lágrimas por algo así? Hay cosas mucho más grandes." Pero esto no tiene sentido para el niño, porque los sentimientos no se pueden evitar, y una vez que sentimos algo, ya no podemos volver atrás y deshacer el sentimiento. Un niño llora por un juguete, una cobija, o porque mamá se va a otro cuarto. Y los podemos consolar porque reconocemos que la causa de su dolor no es nada. Sabemos que aprenderán a llorar por otras casas más importantes.
No les ayuda cuando intentamos desafiar sus razones por llorar. No vale la pena decirles que su llanto no vale, que lo que sufren es insignificante. Ellos no entienden. El predicador del domingo nos contó una historia de un atleta que también tuvo cáncer. Perdió parte de su mandíbula. Y, pero, un hijo. Y perdió la oportunidad de jugar en el Superbowl. No me llegó mucho su ejemplo porque me hizo sentir que mi historia no valía en comparación, y entonces, ¿para qué contarlo? Y por otro lado, ¿por qué tanto alboroto por un Superbowl? ¿Quién de nosotros sabe algo de eso?
Durante la vida aprendemos a responder a las fuerzas de dolor y perdida que nos conmueven, y ahorramos nuestras emociones para usarlas con las cosas que realmente importan (estas cosas pueden cambiar mucho, un blanco móvil). A veces también perdemos la capacidad de regocijar sobre las cosas pequeñas que Dios nos da. Junto con nuestra intolerancia para el dolor, perdemos nuestra capacidad para la alegría.
La vida es una lección de ajustes. Estamos constantemente jalando los cordones de la razón y la emoción, tratando de tejer algo roto, la incongruencia entre la razón y las emociones que sentimos. O juzgamos las emociones de los demás por nuestras propias prioridades y somos insensibles a su dolor. Conozco a un hombre que entró en la casa de una viuda dos semanas después de la muerte de su marido y le dijo que ya era hora de seguir adelante con su vida y olvidarse de su marido. Él no podía entender su dolor. Unir las razones con las emociones es hora imposible, pero algún día Dios hará que estén de acuerdo, cerrando el abismo entre los dos. Cuando estemos con Él, y nuestras prioridades sean renovadas, ¿que nos podría causar dolor? ¿Qué pérdida nos podría causar llorar? Mientras tanto, estamos aprendiendo, con una caja de herramientas en la mano (estas emociones), un aprendizaje.

No comments:
Post a Comment