Tuesday, November 17, 2015

Hombres armados

En Paris acabamos de ver un enfrentamiento entre dos fuerzas de Ley que nos deja asombrados. Por un lado la policía defiende la ley civil, pero al otro lado los enmascarados defendían lo que era para ellos la Ley de Dios.   Dejaron confundidos a todo un país y a todo un mundo. ¿Por qué unos pocos hombres tratarían de cumplir con la ley de Dios a balazos? Y luego se inmolaron para recibir su recompensa. Es mucha fe. Y sabemos que no han aprendido lo que Dios siempre ha sabido y lo que estamos apenas aprendiendo: que no se puede imponer la Ley, o no por mucho tiempo, ni siquiera por el amor.

En la década de 1530 un grupo de protestantes radicales llamados anabaptistas (re-bautizadores) lo intentó. Crearon una sociedad en Munster, Alemania, donde la ley de Dios se hizo cumplir por la violencia, y su rebelión fue traicionada y sus líderes torturados y colgados en jaulas fuera de las murallas de la ciudad, que se ven hasta hoy. En respuesta, el movimiento anabaptista escogió un camino sin violencia que le ha ofrecido al mundo desde entonces.

Hace unos años organicé en la escuela un debate entre Robert, un anabaptista, y Carter, un presbiteriano, que creía en la guerra justa (luchando para detener el mal). Pero para variar un poco, Robert tuvo que defender la posición de la guerra justa y di la posición de paz a Carter. Ellos tenían que defender el otro lado de lo que creían. Carter tenía mucha más experiencia con el formato de debate, pero Robert, por supuesto, era igual de bueno un argumentador. La mayoría de los alumnos en la escuela son súper entusiasmados acerca de las armas y los militares, por lo que querían que ganara Robert el debate, pero todos habían tomado clases de debate con Carter. ¡Sabían que era experto! Fue la reunión más silenciosa en la historia de la escuela. Se podría haber oído caer una hormiga.

Es otro tema en el que los cristianos tienen que estar de acuerdo en no estar de acuerdo. Pero tenemos que pensar en nuestra respuesta a la violencia y a la autoridad, sobre todo, la autoridad  impuesta sobre nosotros. Pablo dijo: "Esclavos, obedezcan a sus dueños." ¿Qué pasa si, ni quiera Dios, fuéramos esclavizados por ISIS? (El libro  Loto Blanco por John Hersey, donde los chinos vienen en barcos a América para llevárselos como esclavos, lo visualiza). Sin embargo, (por fin) sabemos que la esclavitud y la tiranía son pecado. Entendemos (por fin) que todos fuimos creados para la libertad. Sabemos que podemos utilizar la violencia para detener las cosas malas. Es por eso que tenemos policías que detienen el mal según la ley.

Así que vamos a hablar de la Ley. Los enmascarados de nuestro mundo tienen una comprensión de la ley de Dios que quieren imponer sobre nosotros. Sabemos que esto es un error. ¿Pero es algo que hacemos nosotros a los demás? ¿Tratamos de legislar la Ley para otras personas que no entienden ni comparten nuestra perspectiva? Claro, sabemos que nuestra ley es la correcta. Sí, tal vez, pero es la imposición a los demás que es el problema. Cuando Jesús vino a cumplir la ley, él no vino a darnos nuevos reglamentos, sino a escribir su Ley sobre nuestros corazones, en nuestras conciencias y en nuestras mentes. Él nos da la Gran Ley, la única ley verdadera: la Ley del amor. Todas las leyes se derivan de esta ley. Es la ley por la cual Dios nos creó y nos dio  libertad para hacer nuestras propias decisiones. Por la ley de amor nos permitió caer en pecado y arrastrarlo al infierno con nuestra raza. Él nos dio la ley como un tutor para llevarnos a Jesús, que nos haría libres, por una parte, y nos haría sus esclavos y siervos, por el otro. Es la paradoja de la Gracia. Él nos convence, y le entregamos todo, todo el poder y la autoridad y la fe. Se lo damos libremente, voluntariamente, con gozo. Él no nos obliga, pero requiere todo de nosotros, y hay una gran diferencia.

Así que los líderes cristianos no se enseñorean de nadie, sino que sirven a todos. No exigen nada, y menos aún la sumisión, sino que aman. Y aquellos que han aprendido a confiar en estos líderes los siguen libremente porque así lo eligen. Cuando los pastores dirigen, no exigen nada, y menos aún la sumisión, sino que aman. Y los que están bajo su cuidado los siguen libremente porque así lo eligen. Y cuando los maridos dirigen, no exigen nada, y menos aún la sumisión, sino que aman. Y las esposas los siguen libremente porque así lo eligen. En el Reino de Dios, no hay existe una posición de autoridad, donde se gana la autoridad simplemente asumiendo un trabajo y un título. Toda autoridad se gana. No hay ninguna ley externa, sino sólo lo que está escrito en nuestros corazones.


Esos hombres armados no han aprendido sobre la ley verdadera o la verdadera autoridad. Ellos todavía creen que pueden imponer su autoridad por la fuerza. Y por un tiempo, tal vez logren algo. Pero en última instancia, van a perder. Y a la medida en que olvidamos la Ley del Amor y decidimos aplicar (aunque ligeramente) su método, perdemos. Sentimos el dolor de Francia. Sentimos el dolor de Siria. Sentimos dolor por lo que hicieron esos enmascarados. No hay mucho que podemos hacer. Al menos debemos aplicar lo que sí sabemos hacer, para que el mundo vea un camino mejor.

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