Aquí en Niágara, Roberto
y yo observamos cómo los edificios reflejan los cambios en la cultura desde
hace veinte años cuando vivíamos aquí. Las iglesias rurales se están cerrando,
y también las escuelas rurales. Unos amigos compraron una escuela rural y lo
transformaron en un hogar hermoso. A medida que el número de niños que se
matriculan cada año sigue bajando, los municipios cierran más escuelas locales
y construyen escuelas grandes y centralizadas como se ve en la ciudad. La población
aquí en Niágara tiene mayor edad que en otras partes de Canadá. Hay menos y
menos niños. Es más tranquilo. Hay más privacidad.
Al mismo tiempo, se sigue construyendo nuevas casas. Vemos vecindades nuevas donde antes solo había árboles frutales. Y el tamaño de las casas es impresionante. Cada semana, cuando nos dirigimos a la granja del sobrino de Roberto para comprar verduras, miramos al otro lado de la calle para ver cómo sigue la casa que están construyendo. Tal vez tiene 10.000 pies cuadrados. No lo sé. Tiene dos garajes. Es enorme. Parece un hotel. Y es para dos personas. Ofrece mucha privacidad.
Y pienso en los hogares mixtecos. Ellos no piensan mucho en la privacidad. Antes
sus hogares eran pequeños, con paredes de madera. El humo sale por el techo de
madera. Luego construyeron casa de adobe, un poco más grande, y ahora el humo salía
por las tejas. Más recientemente, con dinero de los EE.UU., las casas son de
concreto, pero siempre son pequeñas, de pocas habitaciones. Ahora las estufas de
gas comienzan a reemplazar los fuegos de madera en el suelo, y las madres
envían a sus hijos al molino en vez de moler en casa, pero todavía no construyen recamaras
independientes y espacios independientes. La privacidad es una comodidad que aún
no buscan.Al mismo tiempo, se sigue construyendo nuevas casas. Vemos vecindades nuevas donde antes solo había árboles frutales. Y el tamaño de las casas es impresionante. Cada semana, cuando nos dirigimos a la granja del sobrino de Roberto para comprar verduras, miramos al otro lado de la calle para ver cómo sigue la casa que están construyendo. Tal vez tiene 10.000 pies cuadrados. No lo sé. Tiene dos garajes. Es enorme. Parece un hotel. Y es para dos personas. Ofrece mucha privacidad.
Esta es una
diferencia cultural entre ellos y nosotros que no podemos medir. Cuando nos llegamos
a sus casas sin avisar, nos dan donde dormir. Puede ser que durmamos con los
demás. Su espacio es nuestro espacio. Recuerdo que cuando nos casamos y vivimos
en una casa prestada de adobe, la familia mandó a una chica para vivir con
nosotros, para no estar solos. Cuando mis amigos colombianos estaban aquí,
Girlesa me habló de cómo ha pasado meses con un equipo de seis alumnos
misioneros viviendo en su casa. Al principio le costó, pero ahora es una
bendición.
Pensamos que nuestro tiempo y nuestra privacidad es un derecho. Eso nos dice
nuestra cultura. Pero no es la cultura
de todos, porque no tienen la posibilidad. La pregunta es, ¿Cómo nos afecta la
privacidad, el aislamiento exagerado de los niños, los abuelos y los vecinos?
¿Cómo nos cambia? ¿Cómo nos distingue de los mixtecos que se ven obligados por
la proximidad a llevarse las cargas los unos a los otros? Creo que ellos saben
cosas sobre la comunidad que nosotros desconocemos porque nos mantenemos en más
aislamiento. Ellos tienen músculos relacionales que nosotros no tenemos.


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