Hoy pensé que
estaba escribiendo sobre la controversia, pero me di cuenta que no, que había
cambiado el tema a la comunicación no-verbal. No soy muy experta en este tipo
de comunicaciones, y se me atraviesan, muchas veces, personas que se sienten
mal y que no logran que yo me dé cuenta. Es más fácil cuando estoy enseñando
algo. Si detecto el entusiasmo en mis alumnos, me esfuerzo más. Si detecto
aburrimiento, cambio de actividad. El aburrimiento es un anatema.
Ayer, (con mis
amigos sirios, "ayer" quiere decir cualquier momento en el pasado) Si
se refiere a mucho tiempo atrás, repetimos la palabra "ayer” y añadimos
gestos). Así que, ayer, me encontré con otra familia siria que acaba de llegar
a Canadá y que ahora vive en el mismo edificio que Manal. La mama, Jala, me
sirvió una pequeña taza de café con un budín. Los invitamos a participar en
nuestra clase de inglés, y mi clase aumentó de uno a seis. Nos reímos mucho.
Nos paramos en las sillas, nos sentados en las paredes, giramos a la izquierda,
giramos a la derecha, nos tocamos los pies, y señalamos los colores. Me senté
en el piso, y me comporté como una niña para jugar el juego de aprendizaje.
Durante la clase,
estuve viendo las caras de mis nuevos alumnos, porque era la única manera de
saber lo que sentían. Ellos no podían hablar inglés. Creo que me atraen estas mujeres
sirias porque son tan hospitalarias y tan expresivas, como son muchas de mis
amigas mexicanas. Esto hace que sean más fáciles de entender, más fácil de
enseñar. No todas las culturas son tan expresivas, sin embargo, tengo que
evitar este tipo de evaluación. (¿Le gustaría que su hija introvertida fuera
evaluada por su expresividad?) Yo observaba mucho las expresiones de Jala.
Observaba su expresión de concentración, con su frente ligeramente fruncida. Observaba
que cuando yo me dirigía hacia ella, ella se inclinaba la cabeza con un gesto
de aprobación. A mí me encanta enseñar a personas tan receptivas, y rara vez
soy yo que termino la clase. Es Manal, riéndose y agarrándose la cabeza por lo
mucho que ha aprendido, quien pide el descanso. Nunca me hablaría de
aburrimiento.
Creo que entiendo
sus gestos. Pero quién sabe. Hasta los gestos más sencillos (Ve. Ven.) se
pueden malinterpretar. Recuerdo cuando nuestro amigo Rolando llegó a visitarnos
en Guerrero hace años. Quería quedarse en un hogar mixteco, y era su primera
noche. Una hora después de irlo a dejar, llegó a la casa, molesto. Insistía, "¡Me sacaron de la casa!"
Lo dudábamos, y le preguntamos, "¿Cómo lo sabes?" Dijo que le habían
señalado que se fuera. Estaba completamente seguro de las intenciones de sus
anfitriones.
Fuimos a la casa
de nuestros vecinos, y tratamos de resolver el misterio. Esto es lo que había
sucedido: Rolando había dicho, en español, que quería bañarse. Pero la familia
pensaba que estaba preguntando por el baño, y no había baño. Se bañaban afuera
junto al tanque de agua, y lo demás se hacía
en el campo al otro lado de la calle. Por eso señalaban hacia afuera, hacia la
oscuridad. Rolando y su familia no podían comunicarse, ni con los gestos más
sencillos.
Al fin, después
de una explicación, Rolando pudo volver a la casa de sus anfitriones. También
yo sigo aprendido de mis anfitriones sirios, comportándome como una niña para
poder comunicarme con ellos. La comunicación intercultural es un regalo de Dios
que nos mantiene jóvenes y nos recuerda lo mucho que nos falta aprender.

No comments:
Post a Comment