Sync. Sincronizada. Es mas que una quesadilla. Es un término que
ahora se usa mucho, pero esa una palabra nueva. Apareció
por primera vez en forma escrita en 1985, pero la palabra original fue invento
de la era de la industrialización, tomado del griego (synkhronos: al mismo
tiempo), y se utilizó por primera vez en 1879 para describir la sincronización
de los nuevos relojes que fueron la moda
de la época. Uno
de los libros que enseño en Oaxaca es Alrededor
del Mundo en Ochenta Días por Julio Verne (1873). Phileas
Fogg, un hombre como reloj en su puntualidad y precisión (despide a su valet
por traerle agua para afeitar a 29° en vez de 30°),
apuesta que puede viajar alrededor del mundo en 80
días, utilizando el nuevo Canal de Suez, el ferrocarril transcontinental en los
EE.UU., y la vinculación de los ferrocarriles de la India. Es un
homenaje a las máquinas y una prefiguración del turismo mundial. Fogg
viaja contra el reloj y regresa justo a tiempo, comprobando el tiempo con su reloj
de bolsillo durante su viaje, pero él cree que ha perdido la apuesta, porque
está fuera de sincronización porque no ha tomado en cuenta los cambios de hora.
A mi hija le encanta el estilo que hoy imita la era industrial y sobre todo su "ficción científica": los buques que vuelan, las casas hechas de máquinas. El estilo se llama steam punk, y se basa en historias alternativas establecidas en la época victoriana, es decir, son historias que suceden en sincronía, "al mismo tiempo."
Mi amigo Larry de Lively es un psicólogo. Después de hablar de las neuronas espejo (nuestras emociones están sincronizados con las de nuestros hijos) me envió este video de: https://www.youtube.com/watch?v=apzXGEbZht0 donde un bebé y su madre se comunican. El bebé voltea a ver a la madre para validar sus emociones, para entender lo que está pasando alrededor de ella. Pero por un minuto, la madre pone una cara neutral, sin emoción, y no reacciona al bebe, y después de algunos intentos de provocar alguna reacción, el bebé comienza a llorar. Nadie la está escuchando. No hay nadie con quien sincronizar sus emociones.
Cuando entro en
el laboratorio de radiación, Roberto, el técnico, me pregunta acerca de mi fin
de semana y exclama que él es de Sudbury, y me pregunta si me gustó. Está
entrenado (supongo) y dispuesto a platicar con los pacientes, ayudándonos a
sincronizar nuestras emociones a la suya, para calmarnos antes de entrar en una
máquina con el pecho expuesto al fuego. Observo
mientras él me sincroniza a la máquina, ajustándolo a los cuatro pequeños tatuajes
negros en mi pecho, alineando mi cuerpo con los rayos láser. Me
explica que la máquina ajusta el haz de acuerdo a lo que el radiólogo ordena,
cerrando su abertura y disparando su rayo mágico cuatro o cinco veces, enfocando
en el área afectada.

Y por la tarde, voy a ensayar con otras 70 personas la música navideña (el concierto es para el 27/28 de noviembre. Por favor, ¡ven!) Y sincronizamos nuestras voces, el ritmo, el volumen, la energía para llegar a ser una sola voz, celebrando el nacimiento de Jesús. Y escucho a mis vecinos, y miro el director, y me escucho a mí mismo, y sincronizo mi voz a los de ellos. Estoy aprendiendo y es algo muy agradable. Me pregunto si es lo que Dios sintió cuando hizo perfecto el mundo.
Todo en la vida
tiene este único propósito. Somos creados para
sincronizar porque el primer y gran mandamiento es éste: Ama a Dios con todo tu
corazón y con toda tu mente y con todo tu cuerpo. Y el
segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Y
cuando se complete la nueva creación, la Ciudad tan precisa, la Mansión
voladora, el cuerpo con miembros que trabajan con un mismo propósito, todos veremos
que tal bueno es.

























