Wednesday, October 7, 2015

tatuajes

Imagínate estar acostada boca arriba en un lugar tranquilo. Se siente relajada. Arriba se ve hojas con gotas de rocío. Unas jóvenes hermosas caminan alrededor de ti, vestidas de rosa, y sus voces son amables y calmadas. Te ponen cuatro tatuajes con unos puntitos pequeños  que nadie puede ver, más que tu esposo. Y pronto los rayos llegarán, y te cubrirás con loción para evitar quemarte con el sol, pero no lo evitarás del todo, porque tienes que estar aquí en este lugar todos los días durante el próximo mes y medio. En este lugar tan tranquilo. Con las hermosas mujeres ayudándote a acostarte con comodidad, relajada, con tu brazo alzado sobre la cabeza y una parte de ti expuesta a los rayos que queman, esperando que se queme lo que no encaja en este escenario, con lo que crece demasiado rápido, con lo que se extiende demasiado rápido, con lo que se apodera de todo lo tranquilo y lo pacífico dentro de ti.

Después del veneno, después de la navaja, ahora viene la quemadura. El radiólogo-este señor es muy amable, quizás demasiado amable, y me advierte, “Yo no le voy a caer bien, una vez que empecemos."  Este Dr. Amable explica que es posible, dado que el cáncer ya había llegado  a los ganglios linfáticos, y nadie sabe cuánto se había extendido, que algún cáncer podría haber llegado al tejido, y aunque no se presentó en el informe patológico, todavía podría estar allí, en forma microscópica, amenazante, esperando que termine el ataque para regresar con venganza. Yo podía ver que otros le habían preguntado si era realmente necesaria la radiación, y me contestó, "Como ya les he dicho a muchos otros, su cirujano le recomendó venir a verme. ¿Qué le dice eso?” Y añade que, dado que se trata de un cáncer HER2 +, quiere darme un refuerzo, son cinco tratamientos más, por si acaso. "Pero es su decisión. Usted puede decir que no.” Y yo tengo que saber qué elegir. Y me da la mano para hacer un acuerdo que yo no quiero hacer, y luego le da la mano a Roberto, también, y así nos hemos comprometido a esta sala de rayos, donde pasaré horas de mi vida por el próximo mes y medio. Y él recita los efectos secundarios con una voz tan realista y una manera tan casual.  Me explica unas posibilidades tan horribles, un brazo inútil, un corazón dañado, una costilla rota, un pulmón lleno de cicatrices. Y pienso ¡genial! ¿Cómo voy a tomar esta decisión? ¿Y cómo será la vida después de todo esto? Algunos efectos son más seguros, la piel quemada, descolorida, el cansancio, el hecho de que no voy a querer hablar con el Dr. Amable (ni con las jóvenes hermosas que me atienden) con tanta amabilidad en mi voz, sino con una voz de cansancio, lo que no merecen. Creo que en esta parte de mi tratamiento sentiré más distancia entre mi cultura y la de estos médicos. Ellos tienen que fingir amabilidad, pero yo no. Yo elijo. Pero yo soy la que tengo que aguantar la quemadura. Puede que solo me quedaré en silencio, la opción habitual cuando lo que duele no se ve.


Y todo esto a pesar de que en el cielo hay cuadros de hojas verdes con gotas de rocío y alrededor hay voces suaves y pacientes dando tatuajes.

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