Imagínate estar
acostada boca arriba en un lugar tranquilo. Se
siente relajada. Arriba se ve hojas con
gotas de rocío. Unas
jóvenes hermosas caminan alrededor de ti, vestidas de rosa, y sus voces son
amables y calmadas. Te
ponen cuatro tatuajes con unos puntitos pequeños que nadie puede ver, más que tu esposo. Y
pronto los rayos llegarán, y te cubrirás con loción para evitar quemarte con el
sol, pero no lo evitarás del todo, porque tienes que estar aquí en este lugar
todos los días durante el próximo mes y medio. En este lugar tan tranquilo. Con
las hermosas mujeres ayudándote a acostarte con comodidad, relajada, con tu
brazo alzado sobre la cabeza y una parte de ti expuesta a los rayos que queman,
esperando que se queme lo que no encaja en este escenario, con lo que crece
demasiado rápido, con lo que
se extiende demasiado rápido, con lo que se apodera de todo lo tranquilo y lo pacífico
dentro de ti.
Después del
veneno, después de la navaja, ahora viene la quemadura. El
radiólogo-este señor es muy amable, quizás demasiado amable, y me advierte, “Yo
no le voy a caer bien, una vez que empecemos." Este Dr. Amable explica que es posible, dado
que el cáncer ya había llegado a los
ganglios linfáticos, y nadie sabe cuánto
se había extendido, que algún cáncer podría haber llegado al tejido, y aunque
no se presentó en el informe patológico, todavía podría estar allí, en forma
microscópica, amenazante, esperando que termine el ataque para regresar con
venganza. Yo
podía ver que otros le habían preguntado si era realmente necesaria la
radiación, y me contestó, "Como ya les he dicho a muchos otros, su cirujano
le recomendó venir a verme. ¿Qué le dice eso?” Y
añade que, dado que se trata de un cáncer HER2 +, quiere darme un refuerzo, son
cinco tratamientos más, por si acaso. "Pero es su decisión. Usted
puede decir que no.” Y yo tengo que saber qué elegir. Y
me da la mano para hacer un acuerdo que yo no quiero hacer, y luego le da la
mano a Roberto, también, y así nos hemos comprometido a esta sala de rayos, donde
pasaré horas de mi vida por el próximo mes y
medio. Y él recita los efectos secundarios con una voz tan realista y una manera
tan casual. Me explica unas posibilidades tan horribles, un brazo inútil, un
corazón dañado, una costilla rota, un pulmón lleno de cicatrices. Y pienso ¡genial! ¿Cómo voy a tomar esta decisión? ¿Y cómo será la vida después de
todo esto? Algunos
efectos son más seguros, la piel quemada, descolorida, el cansancio, el hecho
de que no voy a querer hablar con el Dr. Amable (ni con las jóvenes hermosas
que me atienden) con tanta amabilidad en mi voz, sino con una voz de cansancio,
lo que no merecen. Creo que en esta parte de mi tratamiento sentiré más
distancia entre mi cultura y la de estos médicos. Ellos
tienen que fingir amabilidad, pero yo no. Yo
elijo. Pero yo soy la que
tengo que aguantar la quemadura. Puede
que solo me quedaré en silencio, la opción habitual cuando lo que duele no se
ve.
Y todo esto a pesar
de que en el cielo hay cuadros de hojas verdes con gotas de rocío y alrededor
hay voces suaves y pacientes dando tatuajes.

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