En mi patio, se una luz exterior se enciende y apaga
porque un sensor de movimiento registra
el aleteo de la carpa por el viento. Este viento viene desde México, de Colima, donde
comenzó como la peor tormenta
registrada en la historia en esa región
y ahora vierte agua sobre Canadá.
La tormenta se mueve a través de un continente con agua suficiente para
llover en tres países. Me recuerda a
mí, viajando a través de esos mismos tres países, con la esperanza de tener suficiente buen ánimo para todo el continente. Afuera veo moverse los pinos, veo las hojas de los arbustos
que se doblen en en viento, y veo como parece la hierba tener escalofrío.
Oigo que sopla el aire. Pero no puedo ver el viento. Hay tantas cosas que no
nos afectan mucho pero no se ven . Eso me recuerda a
Dios, por supuesto, y a Jesús quien
siempre insistía en que existe mas de lo
que se ve. De eso hablaba cuando platicaba con la mujer
samaritana.
Hace dos mil
años, Jesús estaba sentado al lado de un camino con una vasija de barro medio
lleno de agua en sus manos. Le brillaba los ojos mientras insistía,
"Amigos, tengo comida que usted no conocen." Sus amigos acababan de
llegar con alimentos y estaban preparando la cena, pero Jesús no quería comer.
A pesar de que lo habían dejado sentado al lado de un pozo, cansado y sediento
sólo un rato antes, ahora de repente estaba lleno de energía. Sus amigos
estaban confundidos. ¿Cómo podía ser? ¡Seguramente no podría tener que ver con
esta mujer samaritana con manos vacías y ojos llenos de adoración!
"¡Despierten! ¡Miren a su alrededor! "Jesús exclamó. "Hay una cosecha aquí, y ustedes no lo ven." En otro contexto añadiría, "... los obreros son pocos. ¡Piden al jefe que mande más! " Jesús podía ser tan frustrante a veces, ¿no es así? Habían estado cansados igual que él, pero habían ido a la tienda para hacer las compras, y ¡ahora esto era la recompensa! Mientras tanto Jesús había estado platicando con una mujer adúltera y descartada, y había plantado una fuente de agua viva en el corazón de un pueblo samaritano. Algunas personas dicen que la visita de Jesús a este pueblo fue el inicio de una comunidad cristiana, una congregación Samaritano que siguió a Jesús como el Mesías. Yo no sé, pero podría ser. No me sorprendería que Jesús les mostrara a sus amigos la forma de convertir a un pueblo entero que había sido descartado por su gente.
¿Cómo lo hace? La conversación entre Jesús y la mujer samaritana nos parece demasiada corta. ¿Cómo podría un intercambio tan corto convertir a un pueblo entero? No lo sé, pero una cosa que él le dijo a la mujer me impresiona: "Se acerca el tiempo en que no importa donde adoran a Dios, ya sea aquí o en Jerusalén..." Con estas palabras, Jesús abrió la puerta para que los samaritanos lo pudieran siguiera sin antes convertirse en judíos. Él dejo a un lado su propia cultura judía para que pudieran oírle los samaritanos. Y cuando Él hizo esto, lo reconocieron como el Mesías y lo siguieron.
La buena noticia que escucharon los samaritanos es la misma que llevamos a las naciones, que Dios viene a vivir entre nosotros. Que Dios pone su cultura a un lado para rescatarnos. Que Dios se convierte en un hombre caminando en nuestros caminos, bebiendo de nuestros tarros, y adorando en nuestras montañas. Es el significado de la encarnación, y cuando este pueblo samaritano saboreó la verdadera encarnación de Jesús, llegaron corriendo del pueblo para recibirlo. Para Jesús, a la espera de sus nuevos seguidores samaritanos, los campos le parecían listos para la cosecha, pero sus aprendices no vieron más que extranjeros, personas no aceptables.
Tenían mucho que aprender antes de que Jesús los enviara a nuevas culturas. Eso vendría más tarde, después de un gran derramamiento de su Espíritu. Mientras tanto, "Vallan a las ovejas perdidas de Israel," les dijo. Y aun así, tuvo que advertirles que no llevaran nada, ni dinero, ni mochilas, ni siquiera un par extra de zapatos, por si acaso. Nos enredados cuando llevamos maletas. Es mucho más difícil de entrar en lugares nuevos cuando llegamos cargados. Y las únicas personas que realmente se mudan a una nueva cultura sin barreras son los bebés. Es por eso que Jesús se presentó de esta manera, siendo bebé, recién nacido, y judío. Por eso dijo, "Tienes que ser un recién nacido para entrar en la cultura de Dios" Es la única manera. Él debe saber.
Pablo, que sabía ser judío entro los judíos y griego entre los griegos, lo dijo de esta manera. "Tengan la actitud de Jesús. Él renunció sus derechos, sus privilegios, y su posición para vivir como un esclavo entre nosotros. "En otras palabras, viajó sin maletas.
"¡Despierten! ¡Miren a su alrededor! "Jesús exclamó. "Hay una cosecha aquí, y ustedes no lo ven." En otro contexto añadiría, "... los obreros son pocos. ¡Piden al jefe que mande más! " Jesús podía ser tan frustrante a veces, ¿no es así? Habían estado cansados igual que él, pero habían ido a la tienda para hacer las compras, y ¡ahora esto era la recompensa! Mientras tanto Jesús había estado platicando con una mujer adúltera y descartada, y había plantado una fuente de agua viva en el corazón de un pueblo samaritano. Algunas personas dicen que la visita de Jesús a este pueblo fue el inicio de una comunidad cristiana, una congregación Samaritano que siguió a Jesús como el Mesías. Yo no sé, pero podría ser. No me sorprendería que Jesús les mostrara a sus amigos la forma de convertir a un pueblo entero que había sido descartado por su gente.
¿Cómo lo hace? La conversación entre Jesús y la mujer samaritana nos parece demasiada corta. ¿Cómo podría un intercambio tan corto convertir a un pueblo entero? No lo sé, pero una cosa que él le dijo a la mujer me impresiona: "Se acerca el tiempo en que no importa donde adoran a Dios, ya sea aquí o en Jerusalén..." Con estas palabras, Jesús abrió la puerta para que los samaritanos lo pudieran siguiera sin antes convertirse en judíos. Él dejo a un lado su propia cultura judía para que pudieran oírle los samaritanos. Y cuando Él hizo esto, lo reconocieron como el Mesías y lo siguieron.
La buena noticia que escucharon los samaritanos es la misma que llevamos a las naciones, que Dios viene a vivir entre nosotros. Que Dios pone su cultura a un lado para rescatarnos. Que Dios se convierte en un hombre caminando en nuestros caminos, bebiendo de nuestros tarros, y adorando en nuestras montañas. Es el significado de la encarnación, y cuando este pueblo samaritano saboreó la verdadera encarnación de Jesús, llegaron corriendo del pueblo para recibirlo. Para Jesús, a la espera de sus nuevos seguidores samaritanos, los campos le parecían listos para la cosecha, pero sus aprendices no vieron más que extranjeros, personas no aceptables.
Tenían mucho que aprender antes de que Jesús los enviara a nuevas culturas. Eso vendría más tarde, después de un gran derramamiento de su Espíritu. Mientras tanto, "Vallan a las ovejas perdidas de Israel," les dijo. Y aun así, tuvo que advertirles que no llevaran nada, ni dinero, ni mochilas, ni siquiera un par extra de zapatos, por si acaso. Nos enredados cuando llevamos maletas. Es mucho más difícil de entrar en lugares nuevos cuando llegamos cargados. Y las únicas personas que realmente se mudan a una nueva cultura sin barreras son los bebés. Es por eso que Jesús se presentó de esta manera, siendo bebé, recién nacido, y judío. Por eso dijo, "Tienes que ser un recién nacido para entrar en la cultura de Dios" Es la única manera. Él debe saber.
Pablo, que sabía ser judío entro los judíos y griego entre los griegos, lo dijo de esta manera. "Tengan la actitud de Jesús. Él renunció sus derechos, sus privilegios, y su posición para vivir como un esclavo entre nosotros. "En otras palabras, viajó sin maletas.
Ya sabemos que cuando
entramos en otra cultura, tenemos mucho que aprender. Tendremos que comer la
comida, beber el agua, dormir en las camas, escuchar la música, y aprender el
idioma. Pero lo que nos escapa a veces es que llegamos cargados con maletas que
nos impiden entrar de lleno en la cultura. En este caso la maleta es lo que nos
impide cuando queremos llevar el evangelio a otras culturas nuevas y nos
mantiene adorando siempre “en Jerusalén.”
Y perdemos la cosecha a nuestro alrededor. Debemos aprender como viajar como el viento--sin maleta.
Yo no suelo pasar frente a muchos pozos comunitarios, pero sí paso tiempo en aeropuertos, donde observo la diversidad de las personas que viajan. Veo todas las edades, los colores, los estilos, los lenguajes, y la economía de los pasajeros. Y me pregunto, ¿qué se necesita para traer el evangelio a estas personas? ¿Cómo entra Dios en estas culturas tan diversas? En América del Norte la iglesia está fallando, envejeciendo, y muriendo. ¿A dónde vamos desde aquí? Alguien dijo que el propósito de la iglesia no es complacer a las personas que ya están dentro, sino de tomar riesgos para alcanzar a los que están fuera. Creo que es hora de tomar un riesgo. Creo que es el momento de eliminar nuestras maletas, dejando atrás lo que no importa, nuestros derechos, privilegios y posiciones, y alcanzar a las samaritanas que nos rodean, tomando sus cántaros de barro, bebiendo el agua de sus pozos, y ofreciéndoles agua viva donde nunca fluyó antes. Es el momento de deshacerse de nuestras maletas, y viajar sin esta carga—viajar como el viento.
Yo no suelo pasar frente a muchos pozos comunitarios, pero sí paso tiempo en aeropuertos, donde observo la diversidad de las personas que viajan. Veo todas las edades, los colores, los estilos, los lenguajes, y la economía de los pasajeros. Y me pregunto, ¿qué se necesita para traer el evangelio a estas personas? ¿Cómo entra Dios en estas culturas tan diversas? En América del Norte la iglesia está fallando, envejeciendo, y muriendo. ¿A dónde vamos desde aquí? Alguien dijo que el propósito de la iglesia no es complacer a las personas que ya están dentro, sino de tomar riesgos para alcanzar a los que están fuera. Creo que es hora de tomar un riesgo. Creo que es el momento de eliminar nuestras maletas, dejando atrás lo que no importa, nuestros derechos, privilegios y posiciones, y alcanzar a las samaritanas que nos rodean, tomando sus cántaros de barro, bebiendo el agua de sus pozos, y ofreciéndoles agua viva donde nunca fluyó antes. Es el momento de deshacerse de nuestras maletas, y viajar sin esta carga—viajar como el viento.


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