Cuando salimos de
Canadá, los ciruelos en frente de la casa todavía se veían como un haz de
horcas, amenazando el cielo, y el patio había estado cubierto en nieve unas
cuantas noches antes. No hubo verde en los árboles. Caminando hacia el sur,
vimos como la primavera vestía los bosques. Primero colgaba esmeraldas en los
troncos de los árboles. Luego abría paraguas verdes sobres sus ramas. Luego las
vestía completamente, y finalmente, en Carolina del Norte, les regalaba sus
accesorios-las flores en todos los tonos de rosa que pudiera desear después de
varios tipos de inviernos.
Y aquí, en
Carolina del Norte me encuentro cantando y orando y compartiendo mis planes
para el futuro y platicando sobre teología y comiendo platos de comida sabrosa
de esta región. Son amigos que no he visto desde hace varios años, y no los veré
por varios más, y tengo que aprovechar bien el tiempo. Y me alegro con mi amiga
Caroline que sonó una campana en lugar de un gong y está a la espera de su autorización
médica para poder volver a su campo de servicio. Espera que cuando compre sus boletos
de avión, todavía habrá asientos juntos para los siete miembros de su familia.
El pequeño bebé Salem me sonríe y ruge su rugido de león. Sus cuatro hermanos
me enseñan cómo jugar un juego de mesa. Y siento mi corazón pesado cuando Frank
me dice que su esposa Leslie tiene un tipo raro de cáncer incurable, mortal y
doloroso. La iglesia que ellos pastorean ora ferozmente por milagros. La
quimioterapia la hace sufrir. Aquí la primavera existe al lado del invierno.
Mi amiga Gail ha
anotado algunas dudas que tiene sobre lo que está estudiando en la escuela
dominical en su iglesia presbiteriana que contradice la creencia de la iglesia
Morava donde ella creció. Son unas frases que dicen que Jesús no ha muerto por
todos, sino sólo para los que responden en amor. Y comparamos Génesis 1 con
Génesis 2, y noté que en el Génesis 2, Dios le otorga el trabajo de producción
de plantas a la misma tierra y a sus gerentes humanos. No utiliza un milagro,
sino una providencia natural, un proceso natural, sostenido divinamente. A Dios
le encanta el trabajo de la tierra. Y también nuestro trabajo. No hay vergüenza
en esperar que Dios obre a través de medios naturales.
Hoy llega Gail
para cenar y para platicar sobre nuestra vida en el cielo con el Señor.
Platiqué con Elai anoche (se me ha prohibido llamar a Philip porque está en
tiempo de exámenes. Interrumpió sus estudios lo suficientemente para mandarme
mensaje que está sacando puros 10 en sus calificaciones hasta ahora. Roberto le
preguntó si LeTourneau se estaba poniendo demasiado fácil, pero dijo que no...)
Elai me preguntó, qué sabríamos nosotros sobre el tema del cielo. Es decir,
"¿cómo saben?" Le dije que no es que tenemos más conocimiento que los
demás. Y la Biblia sólo insinúa. Ahh. Pero no me falta la imaginación. Podría pasar
horas imaginándome el cielo. Y lo bueno es que no importa lo que yo me imagine,
Dios siempre va a superar mi imaginación. No pierdo nada en soñar. Vivimos
ahora en invierno. Pero las esmeraldas parpadean contra la piel morena de los árboles.
El invierno y la primavera viven lado a lado.

No comments:
Post a Comment