Friday, April 29, 2016

Platiquemos del cielo

Así que… ¿qué diremos acerca del cielo? Es uno de mis temas favoritos. Mi amiga comenzó el dialogo con la pregunta,  ¿dónde? ¿Aquí? ¿Allá arriba, en algún lado muy lejano? La Biblia menciona tan poquito acerca del cielo, y los cuadros que nos pintan muchas veces carecen de mucha imaginación.  Creo que podemos imaginarnos algo mejor.

Uno de mis versos favoritos de la Biblia dice: "Dios no nos ha mostrado lo que seremos cuando Cristo aparece, pero sí sabemos que vamos a ser como él... porque le veremos tal como es." La muerte nos cierra los ojos y la forma de percibir las cosas. Cuando Jesús caminaba con sus discípulos hacia Emaús, ni siquiera lo reconocían, y sólo sus corazones ardían dentro de ellos. Sus ojos tenían que ser abiertos, y es siempre tan difícil mantenerlos así. De inmediato se pierde la visión. Pero la muerte acaba con la mala vista y de alguna manera nos libera para que cuando veamos nuevamente a Jesús, nuestros ojos queden abiertos para siempre. Su existencia nos llamará de la nada de la misma manera que su voz llamó los cielos y la tierra de la nada (no creo, como los griegos de la antigüedad, que tenemos un alma sin cuerpo. No, yo creo que la muerte termina todo. Solo entonces, Jesús, cuerpo y alma, nos revive, cuerpo y alma, para vivir con él para siempre.) Nos llama como una campana o un gong, o una trompeta, y su resurrección resuena a través de la nada y nos llama a la vida, los huesos juntándose con otros huesos, los tendones con otros tendones, y el cuerpo con el espíritu. Jesús ya vive esta nueva vida, pero no podemos verlo. Cuando desapareció, su cuerpo subió, visible, al cielo. No desapareció de repente. Él fue hacia algún lugar. Y volverá, visible, desde ese mismo lugar para llamarnos a casa. Pero él no está muy lejos. Su Espíritu vive en nosotros ahora. El reino de Dios ya está cerca. Así que creo que el cielo ya está aquí, a nuestro alrededor, pero no tenemos los ojos para verlo, ni oídos para oír el gong que resuena. Todavía no hemos sido purgados por la muerte de nuestros problemas de visión.

Y ¿Cómo podría ser el cielo? John, así como el autor de Hebreos, describe el cielo como una ciudad. Ya no es un jardín, un paraíso, desde donde una pareja triste avanza con dificultad, vestido con pieles. No, este lugar es una gran asamblea de personas, una gran ciudad de mucha gente, una estructura elaborada cuidadosamente por manos humanos, y que alberga a todo el mundo. Es un Babel a la inversa, una ciudad que desciende del cielo con sus puertas abiertas para recibir a todas aquellas tribus y naciones y lenguas dispersas.

Este es un lugar que muestra lo que puede hacer el hombre bajo el gobierno de un buen rey. Las paredes se hacen a mano, y son perfectas. Las puertas están hechas, cada una, de una sola perla (no hay océano, así que ¿dónde encontraron esas ostras gigantes?) Es el trabajo de muchos artesanos, un equipo perfecto, una organización orgánica, esta maravilla arquitectónica. Y las personas en ella son libres. Van y vienen. Y nadie los discrimina, y nadie hace guerra en su contra o construye muros para mantenerlos fuera. Todo el mundo es bienvenido en esta ciudad. Es una fuente, no de contaminación y corrupción, sino de sanidad y vida. Ríos de aguas limpia fluyen a través de su centro y fuertes árboles florecen a lo largo de su avenida central, y nada los amenaza. No hay basura, no hay aire asfixia, ni ninguna ofensa contra la tierra. Este siempre ha sido nuestro destino: vivir en la tierra, no primitivamente, sino en pleno dominio de todos nuestros oficios y habilidades y dones. Escucha su música. Nunca se ha oído música así. Ve la tecnología. Nunca se ha visto una ciencia como este. Admira el paisaje. Nunca se ha visto la creación libre de maldición. Mira a la gente. Están trabajando juntos y sin conflicto alguno. Por fin. Es la globalización, sí, pero sin ningún egoísmo.


No le llega la noche a esta gran ciudad, ni sueño, porque estos eran símbolos de la muerte, y todo eso ya pasó. Ahora no tenemos tiempo para perderlo dormidos.  Estamos demasiado ocupados. Tenemos tanto que hacer para nuestro Rey y para toda la gran familia. Hay una boda que preparar. Hay mucho que aprender, mucho que construir, y mucho que compartir con los demás. Tenemos una ciudad que crear entre todos. Es la utopía. Ven, ¡tomen sus herramientas!

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