Sí, es cierto. Me
he puesto a leer un libro sobre la historia cristiana. Quería algo bueno para
mi tiempo con Elai en Chicago. Le acompañé a sus clases y mi favorita era la de
retórica. Si, la verdad. La retórica es el arte de la persuasión, y el profesor
estaba dando ejemplos de persuasión antigua en la China. Citó a Confucio:
"Dejar de hablar con un hombre que es capaz de beneficiar de sus palabras
es echar a perder al hombre. Pero hablar con un hombre que no es capaz de
beneficiar de sus palabras es echar a perderlas. Un hombre sabio no hecha a
perder ni los hombres ni las palabras."(Analectas 15: 8) Confucio fue experto en los juegos de
palabras. Me encantó aprender algo de él.
Como me encanta
aprender de mi libro de historia. Muestra
por qué en la iglesia se enseñan ciertas cosas y no otras. Nos imaginamos que
nuestras creencias nos llegan desde la antigüedad como un paquete. Pero no es así.
Los teólogos a lo largo de los siglos añadieron detalles, algunos hace mucho tiempo,
y algunos más recientemente. Y algunos de estos teólogos nos sorprenden porque
no se parecen con los cristianos de hoy. Son nuestros antepasados espirituales,
y nos regalaron nuestras doctrinas, pero vivían en otra época, y tenían otros
pensamientos.
El romano
Tertuliano, abogado y teólogo (como la
mayoría de los teólogos romanos) del siglo III, expuso la doctrina del pecado
original y describió por primera vez la Trinidad como tres personas con una sola
sustancia. Él también nos dio la Doctrina de Satisfacción, que cuenta la
historia de la salvación como una transacción comercial legal, el pago de la
deuda de los pecadores. Estas doctrinas se enseñan hoy en día en muchas
iglesias. Pero Tertuliano también apoyó la sucesión apostólica, condenó a todos
los fornicarios, arrepentidos o no, y prohibió el matrimonio de las viudas.
Tampoco estaba seguro si el Hijo existiera en la Trinidad antes de la creación.
Por una parte estamos de acuerdo con él, pero por otra parte, no. Y así es con
la mayoría de los que les llamamos los “Padres de la Iglesia.”
Mientras tanto,
en otras partes del mundo, la salvación fue descrita en términos completamente
diferentes, como un drama de Rescate y Liberación. Esta era la opinión
predominante entre la mayoría de los padres de la iglesia durante los primeros
mil años de la iglesia, pero hubo un cambio a finales del primer milenio, bajo
Anselmo de Canterbury, cuando él adoptó la Doctrina de Satisfacción de
Tertuliano, que ha prevalecido desde entonces como la historia de salvación
para los católicos tanto como para los protestantes. Más recientemente, el escritor
Gustaf Aulen retomó la antigua historia de Rescate en 1931. La verdad es que,
aunque ambas historias describen el mismo evento, la vida, muerte, y resurrección de Cristo, me gusta
más la descripción de Jesús como Chistus Víctor, el que llega a vencer al
enemigo y rescatar a su novia caída. Me alegro de que el estudio de la historia
nos ayude a retomar estas lindas formas de entender nuestra salvación. Me
alegro que Justo González me recuerde que mis antepasados espirituales
variaban mucho en sus opiniones. Eso me da esperanza.

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