Casi llego a las
dos semanas sin problema. Mañana deberían sacarme los puntos de sutura pero
tuve que adelantarme porque ayer se me infectaron. En otra hora voy al médico. Siento
calma por el momento, claro, porque no sé lo que me espera. Tal vez mas tarde en
el día no voy a estar tan optimista. Siempre me siento valiente...hasta que
entre la primera aguja.
En mi ignorancia
siempre estoy tan segura de que pueda enfrentarme a cualquier situación, pero
al llegar el verdadero momento, ya no puedo. Estoy tomando un estudio de Apocalipsis.
Estamos leyendo la parte donde los mártires decapitados vuelven a la vida y
reinan mil años con Jesús, y los que no están escritos en el libro de la vida
son arrojados al lago de fuego. Esta escena es preocupante para mí, porque no
me fío de mi valor. Es fácil decir, "Dios te dará el valor necesario."
Pero la historia demuestra que no es tan sencillo.
Pienso en los
mártires que llegaron a la muerte sin traicionar a Jesús tanto como en aquellos que no lo hicieron (He estado leyendo
un libro sobre la historia cristiana escrito por Justo González). Leí del arzobispo
ingles Thomas Cranmer, que fue encarcelado por sus creencias reformadas.
Después de tres años fue puesto en libertad y regalado repentinamente una vida suntuosa. Fue engañado por la amabilidad de sus
enemigos y firmo una renunciación de sus creencias. Poco después, se arrepintió
de su arrepentimiento y fue condenado a quemar en la hoguera. Estiró su mano
hacia el fuego, la mano que había firmado su traición, hasta que la mano fue
destruida, diciendo: "Esta indigna mano derecha; esta indigna mano
derecha. "Y yo, que me preocupo por unos puntitos de sutura.
Pienso en el misionero
descrito en la novela de Shusaku Endo llamado Silencio, quien durante la persecución de los creyentes católicos
de Japón en el siglo XVII, fue llevado a una habitación donde los cristianos
estaban colgados boca abajo sobre un pozo con pequeños cortes en sus cuerpos de
donde se les drenaba la sangre. Estaban agonizando. El misionero preguntó por
qué los no se pobres no renunciaban su
fe. "Oh, ellos se retractaron hace mucho tiempo," dijo el carcelero. “Los
mantenemos sufriendo así ahora para que tú te retractas para el alivio de su
sufrimiento." Lean el libro. Creo que poco consideramos el silencio de
Dios en otras partes de nuestro mundo. Decimos que somos fieles seguidores de Jesús,
pero ni siquiera tenemos suficiente valor como para tomar el riesgo y la
molestia de ser buen samaritano a algunos refugiados musulmanes. ¿Qué valor es
eso?
Estoy de vuelta, después
de ver al médico, y siento un poco de mareo y mucho alivio, y siguen las
historias de los mártires todavía en mi cabeza, nuestra propia versión del
horror cristiano. Si mi amiguita Dawnelle estuviera leyendo esto, se estaría tapando
los oídos con las manos, murmurando, "cachorritos, cachorritos, cachorritos.
Estoy pensando en cachorritos. “Es imposible imaginar. Yo conozco a padres e
hijos de mártires. ¿Y tú? He visitado las tumbas de los mártires mixtecos,
derribados por su fe. ¿Cómo puedo predecir lo que haría en su lugar? No puedo.
Mi confianza no puede estar en mi valor. He visto mi reacción a las agujas ya
lo suficiente para saber eso. Tiene que ser en algo más.

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