¿Puedes adivinar lo que más se consume por
los seres humanos después del aire y el agua? ¡El té!
¿Sabías
que el té verde y el té negro provienen de la misma planta así como los mangos
verdes y los maduros? Ayer
me desperté temprano, ya no molestaba tanto la ceroma, tenía la mañana libre, y
salí a correr. Mi paso era tan despacio que una
amiga que me encontró en el camino pensaba que estaba caminando. Pero
estoy orgulloso de decir que seguí con este paso humilde por cuatro kilómetros,
regresando a casa toda adolorida pero ya, poco a poco, regresando a la
normalidad. (Más
o menos.) Me ayudó que estaba escuchando un podcast muy interesante de la BBC llamado "In Our Time" (con
acentos muy chidos) sobre el té. Y
lo que me llamó la atención sobre el té era la forma en que fue adoptado y
luego adaptado por los británicos por lo que ahora es la bebida nacional, pero tomarse
un té en Gran Bretaña no se parece al tomarse un té en China, de donde vino. Los
británicos no tienen las mismas ceremonias de té, o esas tazas especiales. Y los británicos le ponen leche y azúcar.
Un sabor totalmente
diferente. Las
hojas son los mismos en ambos lugares, la esencia es la misma, pero las
costumbres cambian de cultura a cultura.
Al pensar en esto fui interrumpida cuando me miré en el espejo. Por lo general evito hacer eso porque todavía no me acostumbro al extraterrestre que me vuelve la mirada. Pero esta vez me sorprendí ver dos manchas oscuras donde solían estar mis cejas. Parece como si apretado los puntos de presión con dedos manchados de carbón. Por fin me están creciendo las cejas y una pelusa blanca en la cabeza. No sé lo que va a hacer la radiación, pero me alegro de ver un cambio. Volví a pensar en los rituales del té mientras luchaba por mantenerme despierta después de tanto ejercicio, pero quedé dormida en el sofá. Me alegré cuando una visita vino a sacarme de mi letargo, y le conté lo que había descubierto sobre el té.
El té es importante en mi casa porque Robert lo consume en la mañana y en la noche, aunque todo el día se toma el café. Cuando viaja, se lleva sus bolsas de té, y mi cocina tiene más cosas para hacer té que para hacer cualquier otra cosa. Yo prefiero el café (aunque me lo tengo prohibido con la taquicardia. No pude resistir tomarme un descafeinado en el Zócalo…mala idea). Los americanos cambiaron el té por el café durante la Revolución de Independencia, tirando grandes cargas de té británico al mar en protesta de los nuevos impuestos que imponían sobre las colonias americanas.
La cultura cambia mucho la forma en que hacemos las cosas. En muchas se toma el té, pero probablemente no se habría convertido en una bebida tan popular si todo el mundo se hubiera obligado que todos lo bebieran como hacen los chinos, con sus ceremonias y sus tacitas especiales.
Así también son las misiones. Queremos que Jesús se conozca en
todo el mundo (como el té). Pero no lograremos esto si insistimos en la
importación de las tradiciones humanas que le añadimos al cristianismo. Por
ejemplo, si insistimos que la adoración o la lectura de la Biblia sea en
español cuando este no es la lengua nativa. Es mejor adoptar lo que es lo esencial
del evangelio y no insistir en lo demás. Es mejor correr unos 4 kilómetros a
paso de tortuga que no correr nada.
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