La cirujana ayer
me dijo que lo más probable es que ya
estoy libre de cáncer. Ella no uso
esas palabras, claro. Y no hay ninguna garantía. Pero nos explicó que la
patología reveló que he tenido "una buena respuesta al tratamiento de
quimioterapia." En otras palabras, el tratamiento fue eliminando partes
del tumor hasta que quedó muy poco, y no había ninguna señal de malignidad en
los márgenes alrededor de la masa original, ni en los vasos linfáticos, ni en
los nódulos, que sí habían demostrado malignidad en la biopsia inicial. Así que (esperemos) las noticias fueron lo
mejor que pudiéramos esperado (aunque
todavía me falta la radiación y más terapia para asegurar de que el monstruo no
vuelva.) Nos parece que Dios ha contestado todas nuestras oraciones, y me
siento agradecida con él por todo lo que ha pasado.
Lo único es que las noticias del médico llegaron tan rápido después de un proceso tan largo. Tuve todo ese tiempo en la silla de quimioterapia, todas aquellas estancias en el hospital, tuve la cirugía y las semanas para sanar para poder quitar los puntos (nadie ha dicho nada acerca de las nueve pulgadas de puntos de sutura, que parecen haber desaparecido, tal vez es un milagro - y si no lo han hecho, me los llevo a la tumba), y luego me espero 45 minutos en el consultorio del mientras entran y salen las otras mujeres, y mi sobrinita que nos acompaña se inquieta, y luego me llaman y paso al consultorio, y me dicen, "Usted ha tenido muy buena respuesta al tratamiento de quimioterapia. Que le vaya muy bien."
Lo único es que las noticias del médico llegaron tan rápido después de un proceso tan largo. Tuve todo ese tiempo en la silla de quimioterapia, todas aquellas estancias en el hospital, tuve la cirugía y las semanas para sanar para poder quitar los puntos (nadie ha dicho nada acerca de las nueve pulgadas de puntos de sutura, que parecen haber desaparecido, tal vez es un milagro - y si no lo han hecho, me los llevo a la tumba), y luego me espero 45 minutos en el consultorio del mientras entran y salen las otras mujeres, y mi sobrinita que nos acompaña se inquieta, y luego me llaman y paso al consultorio, y me dicen, "Usted ha tenido muy buena respuesta al tratamiento de quimioterapia. Que le vaya muy bien."
Es tan repentino.
Todavía
hay incertidumbre, pero son buenas noticias, y probablemente las únicas que voy
a recibir durante este año de tratamiento. Y llegan un una forma tan repentina. Como un precipicio o un terremoto. Tal vez todas las
cosas importantes de la vida son así. Así me sentí cuando
me di cuenta que se casaba mi hija. Pasan los meses de anticipación y luego en
pocas horas termina la boda y la pareja queda pensando: "Estamos casados. Realmente
estamos casados." Recuerdo cuando me di cuenta que Felipe se iba a graduar
un año antes de tiempo. Todavía me estoy acostumbrando a la idea de que no
tengo hijos en casa. Pueden llegar buenas noticias o malas noticias que cambian
nuestro mundo tan de repente, como un tornado que lleva a Dorotea a Oz.
A lo mejor, la gente que sanó Jesús sintió lo mismo, que era tan de repente, y es por eso que siempre les aseguró que era cierto y que pudieran recoger su camilla y salir caminando. Y tal vez Jesús mismo sentía lo mismo, sabiendo que su padre había estado fijando un plan de redención para miles de años, desde la caída de la primera pareja. Y cuando Jesús cumplió con el plan en un microsegundo en un domingo por la mañana, en una cueva, a lo mejor él sintió, igual, que era tan de repente. Creo que los discípulos se sintieron así cuando el ministerio de Jesús se cortó tan de repente, después de tres años, y luego se sintieron así cuando, después de unos días, Jesús desapareció para siempre. Ya sabemos que su segunda venida va a ser así, de repente.
A lo mejor, la gente que sanó Jesús sintió lo mismo, que era tan de repente, y es por eso que siempre les aseguró que era cierto y que pudieran recoger su camilla y salir caminando. Y tal vez Jesús mismo sentía lo mismo, sabiendo que su padre había estado fijando un plan de redención para miles de años, desde la caída de la primera pareja. Y cuando Jesús cumplió con el plan en un microsegundo en un domingo por la mañana, en una cueva, a lo mejor él sintió, igual, que era tan de repente. Creo que los discípulos se sintieron así cuando el ministerio de Jesús se cortó tan de repente, después de tres años, y luego se sintieron así cuando, después de unos días, Jesús desapareció para siempre. Ya sabemos que su segunda venida va a ser así, de repente.
Y algún día,
cuando estamos de repente con Dios, porque la muerte nos llega como una buena
noticia muy repentina, vamos a sentir que nos llega la eternidad como una
sorpresa, pero una sorpresa maravillosa, y lo sentiremos como una buena noticia
que nos sigue llenando de un gozo que sigue creciendo para siempre.


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