¿Cuál es el
sermón más extraño que has escuchado? Yo he escuchado varios. Uno fue el día de
Navidad sobre la desnudez de Noé y otro fue el Domingo de Resurrección sobre lo
fácil que es llegar al infierno. Uno
dijo que la parábola de Lázaro y el hombre rico no tenía nada que ver con la
riqueza, y otro sobre Job dijo que el pobre siguió sufriendo únicamente porque
no confiaba en Dios; con unas
simples declaraciones hubiera evitado tanto sufrimiento. Luego
hubo el sermón diciendo que aunque no podíamos saber el día ni la hora en que
Jesús iba a volver, ¡podríamos saber el año! Fue
el 1996. El sermón más extraño de todos fue uno que se predicó en un pueblo mixteco
hace años. El predicador afirmó que en Rusia había un gran agujero, y si uno
bajaba un micrófono, se podía oír los gritos de la gente en el infierno. Eso les llamó mucho la
atención.
Claro que se controla algo lo que se va a decir en el pulpito. Pero siempre se permite que alguna visita reconocida tome la palabra, y algunas veces se pasan. Una vez fui a Los Ángeles para apoyar a una iglesia en el evangelismo, y después del culto, me subí detrás del pulpito. Allí me paré con las manos a cada lado del podio, mirando por todo el auditorio vacío. Sentí el poder que tenía el pulpito de aquella iglesia. Un anciano se me acercó y me ordenó que me bajara. No tenía derecho de pararme en aquel lugar de poder.
No siempre reconocemos donde reside el poder. ¿A quién se le ocurriría que existe poder en los sacramentos de la santa cena y el bautismo? En el Nuevo Testamento no se ve que los sacramentos fueron controlados por los líderes. Los miembros de la iglesia partían el pan en sus casas (sin mención de pastores); y las personas bautizadas no fueron bautizadas por líderes (Pablo y Jesús no acostumbraban bautizar a la gente). Estos momentos sagrados no fueron controlados porque era Dios quien colocaba a la gente dentro de la iglesia por medio del bautismo y era Jesús que se presentaba en el pan y el vino. Los discípulos eran solamente testigos de su presencia. Le preguntamos una vez a un misionero en Guerrero qué hacían las nuevas iglesias bebé para servir la cena del Señor, cuando ellos no tienen las credenciales para ser designadas como iglesias según el criterio de su movimiento. Él dijo: "Tenemos que controlar a los nuevos de alguna manera." Muchas denominaciones en México requieren que las nuevas iglesias bebé esperen al pastor de la iglesia madre para tener bautismos. Poder. Aunque es un acto sencillo, sólo un baño en agua limpia, sin embargo, los sacramentos son tan poderosas en nuestras vidas que no queremos soltar las riendas.
Claro que se controla algo lo que se va a decir en el pulpito. Pero siempre se permite que alguna visita reconocida tome la palabra, y algunas veces se pasan. Una vez fui a Los Ángeles para apoyar a una iglesia en el evangelismo, y después del culto, me subí detrás del pulpito. Allí me paré con las manos a cada lado del podio, mirando por todo el auditorio vacío. Sentí el poder que tenía el pulpito de aquella iglesia. Un anciano se me acercó y me ordenó que me bajara. No tenía derecho de pararme en aquel lugar de poder.
No siempre reconocemos donde reside el poder. ¿A quién se le ocurriría que existe poder en los sacramentos de la santa cena y el bautismo? En el Nuevo Testamento no se ve que los sacramentos fueron controlados por los líderes. Los miembros de la iglesia partían el pan en sus casas (sin mención de pastores); y las personas bautizadas no fueron bautizadas por líderes (Pablo y Jesús no acostumbraban bautizar a la gente). Estos momentos sagrados no fueron controlados porque era Dios quien colocaba a la gente dentro de la iglesia por medio del bautismo y era Jesús que se presentaba en el pan y el vino. Los discípulos eran solamente testigos de su presencia. Le preguntamos una vez a un misionero en Guerrero qué hacían las nuevas iglesias bebé para servir la cena del Señor, cuando ellos no tienen las credenciales para ser designadas como iglesias según el criterio de su movimiento. Él dijo: "Tenemos que controlar a los nuevos de alguna manera." Muchas denominaciones en México requieren que las nuevas iglesias bebé esperen al pastor de la iglesia madre para tener bautismos. Poder. Aunque es un acto sencillo, sólo un baño en agua limpia, sin embargo, los sacramentos son tan poderosas en nuestras vidas que no queremos soltar las riendas.
Irónicamente, es
casi imposible introducir un error doctrinal al servir pan y jugo a la congregación.
Cuando
bautizamos a una persona que se ha arrepentido, ¿cuánto error le podemos
enseñar en ese acto tan sencillo? ¿Se
puede afectar sus doctrinas como se puede con un sermón? No, pero se le puede enseñar sobre el poder. Se le puede
enseñar sobre quien puede tomar decisiones en la iglesia y quién no. Se puede
controlar el liderazgo.
Creo que este
poder no nos pertenece a nosotros. Jesús es el que nos ordena tomar la Santa
Cena en memoria de él, y nos ordena bautizar a todos los que se hacen discípulos
de él. Si dos o tres se reúnen en el nombre de Jesús para adorarlo, ¿quiénes
somos nosotros para negarles la presencia de Jesús por medio del pan y el vino?
Si
una persona ha llegado a los pies de Jesús en arrepentimiento, ¿quiénes somos
nosotros para negarle su bautismo simplemente por una falta de credenciales
humanos? ¿Quiénes somos
para usurpar el poder de nuestro Señor Jesús? Es irónico que
lo que Jesús nos ha regalado con tanta libertad, nosotros lo controlamos como
si fuera nuestro.


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