Thursday, September 3, 2015

Escuchando al paciente

Estoy en casa. Todo salió bien. Me siento bien y estoy volviendo a la vida normal. Nunca necesité analgésicos después de la cirugía. Incluso puedo levantar el brazo sin dolor. Podría haber ido a casa el mismo día, solo que querían monitorear mi corazón por 24 horas. ¡Gracias a Dios por haberme traído hasta aquí, y gracias a todos ustedes por sus oraciones y mensajes! Con tiempo de sobra en el hospital, me puse a escribir.


El domingo Robert y yo volvimos a nuestra otra casa para una visita. Nos enteramos que Katie pasó su licencia para conducir camiones grandes. Emily consiguió trabajo de tiempo completo. Y Ben y los padres van a Alberta para la boda del papá de Marg (¡tiene más de 80 años!) Marg me entregó una carta que venia del hospital, y me pregunté qué podía ser, porque sabía no era factura (ya no me cobran porque ya soy residente). Era una encuesta de 95 preguntas. Ni siquiera estoy por la mitad de mi régimen de tratamiento, y estoy rellenando una encuesta de 10 páginas. (Tal vez alguien pensó que necesitaba algo que hacer en el hospital). Terminé todo en un instante, porque cada pregunta era una variación de una sola pregunta: ¿le hacen caso los médicos de este hospital?

Sí, lo hacen. Mi cirujana llegó a mi habitación después de la cirugía para ver cómo estaba y para contestar cualquier pregunta. Platicaba como si tuviera todo el tiempo del mundo. Ella es una persona muy tranquila e inspira mucha confianza. Cuando estaba a punto de dormirme por la anestesia, no me pidió que contara de diez a uno. Se quitó su máscara para que yo la pudiera reconocer y me comenzó a preguntar sobre mis hijos, y luego, cuando comenzaba a confundirme sobre la edad del Elai, simplemente me miró a los ojos hasta que me dormí. Cuando me desperté, todo había terminado. Me imagino que el cielo es un poco así (menos el mareo de la anestesia), un despertar repentino, un saber que se ha perdido de muchas cosas, y una entrada en una nueva etapa de la vida. Después de responder a mis preguntas, mi cirujana salió pero asomó la cabeza por la puerta un minuto después para preguntarme qué nivel de Tylenol quería que me recetara, dos o tres. No tenía ni idea. Escuchar al paciente es más fácil cuando tiene el conocimiento suficiente como para opinar.

Esto no ocurriría en Oaxaca, al menos no en los hospitales públicos. Ellos no hacen encuestas para saber lo que quiere el cliente ni para asegurar que se ha tomado en cuenta sus opiniones. En parte es porque muchos pacientes no tienen conocimiento de la medicina, así que ¿cómo incluirlos en la toma de decisiones? En particular no toman en cuenta a los pacientes indígenas, y se ve como puro racismo. Nuestros amigos colombianos nos contaron que era difícil que le atendieran bien a su hijo en el hospital en Panamá porque es indígena. Ellos lo adoptaron de la tribu indígena con que trabajan, y es más trigueño que sus papás. El médico se quejó con la mamá que por qué traía un niño indio a la clínica, y no lo quería atender. No lo quería tocar. Ella le dijo al médico que el debería buscar otra línea de trabajo. No me puedo imaginar lo que sería enfrentar una enfermedad, especialmente la enfermedad de un hijo, con este tipo de reacción.

Es difícil para nosotros en Canadá imaginarnos  el racismo que existe en los países con pueblos indígenas. Aquí les hacemos un poco más caso a los pacientes, sin importar su color de piel. Es probable que no siempre fue así. Me pregunto que si en el pasado los médicos en este país tendían a ser más autoritarios, más condescendientes, y más racistas. ¿Cuál ha sido el proceso para traernos a este punto donde les hacen encuestas a los pacientes y toman en cuenta sus preferencias? Es una diferencia cultural. En Oaxaca, el liderazgo es mucho más autoritario, y así lo prefieren. A mí me parece obvio que esto es algo que se debería cambiar en Oaxaca para que puedan ser  más como la gente de Canadá, tomando más en cuenta a las personas, pero como extranjera, quizás no sea mi lugar de decidir lo que se debería cambiar en Oaxaca. Quizás hay otras cosas más importantes que tratar primero. No lo sé. Me pregunto ¿qué seria, para los  oaxaqueños, la cosa más obvia que los canadienses deberían cambiar? Apuesto a que no es tan obvio para los canadienses.

¡Ya sé! Vamos a preguntarles a los oaxaqueños por medio de una encuesta.

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