Sunday, February 7, 2016

Corto Circuito

Vale la pena tener una niñera para mi teléfono cuando salgo de Canadá. Así no pierdo las citas médicas que hacen as recepcionistas de mis médicos sin consultarme primero. Así funcia en Canadá. Me dejaron mensaje que tenía cita con un cirujano del corazón en Hamilton, y ahora, el lunes voy por una ablación (donde te queman el corazón para formar tejido cicatricial que cierre el corto circuito que hace que tu corazón late casi 200/minuto). Mi médico tenía tantito acento y un apellido que me hizo pensar que es de por allá, y sí, es argentino. Nos dijo que cinco de los médicos de su equipo en ese hospital son hispanos. Tiene diez años viviendo en Canadá. Nos platicó en el español de Argentina, y nos felicitó por nuestros acentos.

Interesante escuchar su perspectiva sobre el procedimiento. Mientras que el Dr. Cínico me estaba advirtiendo que la ablación tiene riesgos, no es reversible, podría dar lugar a la necesidad de un marcador de pasos, etc., y diciéndome que podría optar por seguir tomando mis pastillas para siempre, el doctor argentino era bastante optimista sobre el procedimiento. "Usted nació con este punto defectuoso en su corazón," me dijo, dibujándome un diagrama en una hoja de papel. "Esto permite que la corriente eléctrica doble sobre sí mismo en vez de atravesar el corazón de arriba a abajo. Podemos solucionar este problema.” Me aseguró que los riesgos son muy bajos, y que él no ha visto alguna vez a alguien morir por el procedimiento durante todo su tiempo practicando en ese hospital. Su actitud es muy diferente al del doctor Cínico con sus advertencias tan graves.

Así que el lunes voy al hospital a las 9:30, y el procedimiento se realiza a las dos. Meterán un  catéter en el cuello y en la pierna para alcanzar el corazón. El médico dijo algo sobre una "anestesia inducida por IV," pero parece que pueden hacer el procedimiento sin pararme el corazón. Que bien. Pan comido (a menos que haya algo que no me están diciendo, que no me extrañaría). Regreso a casa el mismo día. Mientras tanto, tengo que aguantar sin tomar mi medicamento, esperando evitar la sala de emergencia entre hoy y lunes. Conozco a varias  personas que han pasado por este procedimiento, y ellos todavía viven.

Así que después del lunes, podré entrar en una sauna o en un jacuzzi. Podré correr y nadar. Podré hacer ejercicios, agachando la cabeza. Podré tomar café, que me hecho falta. Podré llegar a lugares con mucha elevación. Podré descansar en la noche sin despertar con palpitaciones.  Podré  ir a bodas sin preocuparme que mi medicamento vaya a otra casa en otro coche como me pasó en la boda de Ruti. Podre volver a México sin preguntarme si hay médicos listos para provocarme un infarto cuando lo necesite.

Poco a poco, estoy tratando los efectos secundarios de quimioterapia y preparándome para volver a casa.  Ojalá todos fueran tan sencillos para tratar (¿o me estoy adelantando?) Mi siguiente cita es con un reumatólogo para ver qué hacer con la inflamación en las articulaciones que me hace sentir que estoy caminando en miel. ¿Y qué hago con los pulgares congelados? Conocí a una mujer en mi grupo de apoyo para el cáncer de mama (más sobre esto más adelante) que nos comentaba que su médico le dijo así: "Señora, usted está envejeciendo. Resignase." Ella protestó. Yo también lo haría. “Doctor, sí. Reconozco que estoy vieja. Pero antes del tratamiento, no se me congelaban mis articulaciones así. ¿No podría ser por el veneno que me echaron en las venas, el que te pudre el estómago, las células sanguíneas, las uñas y los dientes, el cabello, y hasta los tendones?


He estado en una serie de seminarios y conferencias con el objetivo de ayudarme a lidiar con el cáncer. Como dijo otra señora en mi grupo, "Nunca voy a llevar una camiseta que dice que sobreviví el cáncer. No. El mío va a decir: "Sobreviví el tratamiento del cáncer." Sé exactamente cómo se siente. A veces pienso que las personas que más necesitan un seminario o una conferencia son los médicos.

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