Vale la pena
tener una niñera para mi teléfono cuando salgo de Canadá. Así no pierdo las
citas médicas que hacen as recepcionistas de mis médicos sin consultarme
primero. Así funcia en Canadá. Me dejaron mensaje que tenía cita con un
cirujano del corazón en Hamilton, y ahora, el lunes voy por una ablación (donde
te queman el corazón para formar tejido cicatricial que cierre el corto
circuito que hace que tu corazón late casi 200/minuto). Mi médico tenía tantito
acento y un apellido que me hizo pensar que es de por allá, y sí, es argentino.
Nos dijo que cinco de los médicos de su equipo en ese hospital son hispanos.
Tiene diez años viviendo en Canadá. Nos platicó en el español de Argentina, y
nos felicitó por nuestros acentos.
Interesante
escuchar su perspectiva sobre el procedimiento. Mientras que el Dr. Cínico me
estaba advirtiendo que la ablación tiene riesgos, no es reversible, podría dar
lugar a la necesidad de un marcador de pasos, etc., y diciéndome que podría
optar por seguir tomando mis pastillas para siempre, el doctor argentino era
bastante optimista sobre el procedimiento. "Usted nació con este punto
defectuoso en su corazón," me dijo, dibujándome un diagrama en una hoja de
papel. "Esto permite que la corriente eléctrica doble sobre sí mismo en vez
de atravesar el corazón de arriba a abajo. Podemos solucionar este problema.” Me
aseguró que los riesgos son muy bajos, y que él no ha visto alguna vez a
alguien morir por el procedimiento durante todo su tiempo practicando en ese
hospital. Su actitud es muy diferente al del doctor Cínico con sus advertencias
tan graves.
Así que el lunes
voy al hospital a las 9:30, y el procedimiento se realiza a las dos. Meterán un
catéter en el cuello y en la pierna para
alcanzar el corazón. El médico dijo algo sobre una "anestesia inducida por
IV," pero parece que pueden hacer el procedimiento sin pararme el corazón.
Que bien. Pan comido (a menos que haya algo que no me están diciendo, que no me
extrañaría). Regreso a casa el mismo día. Mientras tanto, tengo que aguantar
sin tomar mi medicamento, esperando evitar la sala de emergencia entre hoy y
lunes. Conozco a varias personas que han
pasado por este procedimiento, y ellos todavía viven.
Así que después
del lunes, podré entrar en una sauna o en un jacuzzi. Podré correr y nadar.
Podré hacer ejercicios, agachando la cabeza. Podré tomar café, que me hecho
falta. Podré llegar a lugares con mucha elevación. Podré descansar en la noche
sin despertar con palpitaciones. Podré ir a bodas sin preocuparme que mi medicamento
vaya a otra casa en otro coche como me pasó en la boda de Ruti. Podre volver a
México sin preguntarme si hay médicos listos para provocarme un infarto cuando
lo necesite.
Poco a poco,
estoy tratando los efectos secundarios de quimioterapia y preparándome para
volver a casa. Ojalá todos fueran tan
sencillos para tratar (¿o me estoy adelantando?) Mi siguiente cita es con un
reumatólogo para ver qué hacer con la inflamación en las articulaciones que me
hace sentir que estoy caminando en miel. ¿Y qué hago con los pulgares congelados?
Conocí a una mujer en mi grupo de apoyo para el cáncer de mama (más sobre esto
más adelante) que nos comentaba que su médico le dijo así: "Señora, usted
está envejeciendo. Resignase." Ella protestó. Yo también lo haría. “Doctor,
sí. Reconozco que estoy vieja. Pero antes del tratamiento, no se me congelaban
mis articulaciones así. ¿No podría ser por el veneno que me echaron en las
venas, el que te pudre el estómago, las células sanguíneas, las uñas y los
dientes, el cabello, y hasta los tendones?
He estado en una
serie de seminarios y conferencias con el objetivo de ayudarme a lidiar con el
cáncer. Como dijo otra señora en mi grupo, "Nunca voy a llevar una
camiseta que dice que sobreviví el cáncer. No. El mío va a decir:
"Sobreviví el tratamiento del
cáncer." Sé exactamente cómo se siente. A veces pienso que las personas
que más necesitan un seminario o una conferencia son los médicos.


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