Si llega Ud. a
visitarnos en Oaxaca, es posible que quiera ir de compras. Tenemos mucho para
elegir. Podría caminar por los pasillos del Mercado Artesanal y comprar rebozos
o blusas bordadas o guayaberas, las camisas más practicas del mundo. Usted
podría comprar adornos de Navidad o bolsas de cuero. O bien, podría sentarse en
una de las mesas en el mercado 20 de Noviembre y beber chocolate caliente y comer pan dulce. El chocolate viene
originalmente de México, y se utiliza allí para otras cosas además de postres,
por lo que podría comer pollo en mole de chocolate con unos chapulines bien
salados. O usted podría ir a un pueblo donde la gente teje a mano las alfombras
en sus casas, y podía elegir sus propios colores naturales (el rojo proviene de
la pequeña cochinilla que crece en las hojas del nopal). O podría tomar un camión
al pueblo donde usan el barro negro, o al taller en Elta donde unos artesanos mixes
les enseñan a jóvenes indígenas como tallar y pintar los alebrije. Para hacer
sus compras en estos lugares, tal vez tendría que regatear. Si su compra es la primera venta del día, es
posible que vea que la que vende se cruce para mostrar su agradecimiento. El
regateo es parte de la cultura del mercado en Oaxaca. Es parte de la
experiencia.
Por desgracia, no
me gusta regatear, por lo que cuando alguna visita quiera hacer este tipo de
compras, Robert lo lleva, y yo me quedo en casa. Robert, el verdadero comprador
de la familia, regatea en cualquiera oportunidad. Nació con esta habilidad. Yo,
por el contrario, quiero entrar en una tienda y encontrar una etiqueta de
precio colgando en cada artículo.
Me pregunto si
esto se relaciona con ser una persona introvertida. Los extrovertidos tienen
genes D4DR largos, que los hacen menos sensibles a la dopamina, un
neurotransmisor que nos hace sentirnos a gusto. Ellos sienten la necesidad de
buscar más estimulo. Los introvertidos, por otro lado, no necesitan tanto
estímulo exterior debido a que sus genes D4DR cortos son muy sensibles a la
dopamina, y por lo que alcanzan sentirse bien sin necesitar el estímulo de
saltar en paracaídas de un avión o de regatear en un mercado de Oaxaca.
Cualquiera que sea la razón, no me gusta, pero apuesto a que es una habilidad
necesaria para ganarse mucho dinero.
Así que hay al
menos una ventaja de vivir en América del Norte: puedo ir de compras sin regatear.
¡Pero espera! Sí existe un servicio importantísimo por lo cual es necesario
regatear. Es el servicio médico. En Canadá, el Asegurador (el Gobierno) regatea
con los médicos y las farmacias detrás de las escenas, por lo que los precios están
establecidos, no importa quien pregunte. En los EE.UU., sin embargo, los costos
varían mucho, y pueden subir o bajar dependiendo de quien pague y por qué. Si
usted tiene seguro, es posible obtener un precio mucho más alto para un
procedimiento o un precio mucho más bajo. La negociación es absolutamente necesaria.
Cuando a Robert le hicieron cirugía en la columna, nuestra aseguradora negoció
con el hospital, y la cuenta se cortó por la mitad. Si tuviéramos que pagar esa
cuenta nosotros, quien sabe si nos hubieran bajado el precio, y de todos modos,
hoy estaríamos en quiebra.
Mis hijos se
encuentran en los estados unidos, y me preocupo por los precios de su seguro médicos.
Me hace sentir como una pequeña mosca atrapada en la tela de una araña gigante.
No sé qué hacer. Ruti no tiene seguro porque su seguro fue cortado cuando se
casó, y Philip podría perder su seguro también. ¿Qué hacen los americanos? Se
siente como jugar en un casino. Como saltar de un avión. Como regatear con una
araña. Tal vez a algunas personas muy extrovertidas les guste.

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