Digamos que tu
iglesia tiene que escoger entre dos oportunidades, la oportunidad de patrocinar
a una familia de refugiados de Siria o de apoyar a una familia misionera que
trabaja en un país musulmán. ¿Qué escogerías? Por un lado, la familia de refugiados
va a estar viviendo cerca de ti porque tu primer ministro se ha comprometido a
traer más de 25.000 refugiados al país. La familia necesita de tu ayuda inmediata
para establecerse en tu ciudad. La familia ha sufrido mucho por la guerra civil
que destruye su país. Quizás esta sea la primera vez que esta familia tenga
alguna interacción con un cristiano, y ahora podría estar rodeada de seguidores
de Jesús. Qué oportunidad para mostrar el amor de Cristo a las personas que se
consideran nuestros "enemigos." Si les enseñamos el idioma, es
posible que tengamos la oportunidad de hablarles de Jesús. Puede que nunca
hayan visto a Jesús en la vida de las personas. Por supuesto, se corre el riesgo
de que algún refugiado llegue con un resentimiento que lo provoque a reaccionar
con violencia. Sí, eso podría ser un
riesgo. Y es solamente una sola familia. Y hay tantos más para ayudar. Y hay
tantas necesidades que piden nuestra atención.
Por otro lado,
aquí hay una familia misionera dispuesta a ir al extranjero a un país donde
estará rodeada de musulmanes. Tendrá la oportunidad de hablar con muchas
personas acerca de Jesús. Ellos tienen el deseo de "ir y hacer discípulos
a todas las naciones." Van a servir las necesidades espirituales de una
población en vez de llevarles a sus clases de inglés y sus citas médicas. A la
luz de la eternidad, esto parece ser la mejor opción.
![]() |
| Superficie de la luna |
¿O no? ¿Será tan
sencilla la cosa? El mismo hecho de que estas dos oportunidades se presentan
como opciones exclusivas es problemático. Es como preguntarte si deseas pasar
tiempo con tu marido o con tus hijos. Se escoge hacer ambas cosas. También puede
ser un síntoma de una antigua herejía llamada el docetismo. Los docetistas,
como los gnósticos, veían el mundo material como irremediablemente, contaminado,
y faltando cualquier valor eterno. Los himnos que dicen, "Este mundo no es
mi hogar" o "Las cosas terrenales ya no me llaman la atención" reflejan
esta idea. Los evangélicos no seguimos esta idea al extremo. Nos comprometemos
a ayudar a la gente con sus necesidades físicas. Pero a veces vemos rasgos de
esta herejía. Un pastor me dijo el otro día, en contra de la opción de patrocinar
a una familia de refugiados, "A veces nos distraemos de nuestra misión principal...
de ir y hacer discípulos."
Esto podría ser
un ejemplo de docetismo, que niega la Encarnación. Cuando Jesús se hizo hombre,
dio valor infinito a cada ser humano, a cada molécula de nuestra tierra, a cada
átomo de nuestro universo. Dios entro al cosmos, y lo hizo su hogar,
"entrando en el vecindario," como dice una traducción, y así lo hizo
digno de la redención. No existe una dicotomía entre el cuidado de las almas de
las personas y el cuidado de sus cuerpos, porque Dios creo los dos, fue encarnado
con alma y cuerpo, y redimió los dos. Siempre los dos. Jesús no se apartó del
sufrimiento de las personas con el fin de cuidar de sus almas. Tampoco usó sus
milagros para atraer a la gente para que escuchara su mensaje. Pablo, incluso,
puso a un lado su ministerio de plantar iglesias para llevar dinero a Jerusalén
para alimentar a las personas con hambre. Ambos siempre se preocupaban por las
dos cosas. Es imposible "ir y hacer discípulos" a menos que esos discípulos
verdaderamente "obedezcan todo lo que les he dicho," que incluye,
"Ama a tu enemigo; hazle bien al que te aborrece." "¿Dónde
estabas cuando yo tenía hambre? ¿Dónde estabas cuando yo vivía en un campo de refugiados?
Lárgate. No te conozco." Siempre nos debemos preocupar por ambas cosas: el
alma y el cuerpo. Debemos hacer discípulos de Jesús que lo adoran por medio de
un servicio a su creación y a sus criaturas. Hay muchas, muchas cosas que nos
distraen del Reino de Dios, pero el sufrimiento humano no es una de ellas. Por
lo general lo que nos distrae se encuentra en nuestra propia casa.

No comments:
Post a Comment