Hemos escuchado mucho sobre los grupos musulmanes fundamentalistas. Vemos mucho en las noticias sobre estos
grupos que luchan para que el Islam vuelva a un estado más puro, más sencillo.
Sin embargo, hasta hace poco, los únicos fundamentalistas que jamás había oído mencionar
eran ... nosotros mismos. Los cristianos fundamentalistas. Los que se aferran
de una fe ortodoxa, la creencia en un Cristo resucitado, que nació de una
virgen y que hizo todos los milagros que mencionan sus discípulos en la Biblia.
Pero me sigo preguntando, ¿por qué nos llaman fundamentalistas igual a aquellos
que se atan bombas a sus pechos y lanzan aviones contra edificios? ¿Cómo
podemos compartir el mismo nombre? Confieso que me inquieta. ¿Qué pudiera yo
compartir con los musulmanes fundamentalistas que provocan tanto odio en mi
país? ¿Es que los dos estamos tan seguros que lo que creemos es verdad? ¿Es que
ambos moririamos por nuestra fe? ¿Es que nos esforzamos por mantener la
ortodoxia en nuestros tiempos modernos?
No es fácil de
entender. He estado leyendo un libro que da algunas explicaciones para este
dilema. Te voy a dar algunas de sus ideas y ver lo que piensas. Estoy en un
viaje. Tengo preguntas. Trato de entender como puedo ser hacedor de discípulos
en esta era moderna. Permítanme decir por adelantado algo que ya saben de mi:
Creo y confieso que Dios se ha revelado por medio de su hijo Jesucristo, que
nuestro Señor nos ha redimido con su muerte y resurrección, y que no hay
salvación fuera de él. Ahí esta. En caso de que quede duda.
Aquí va: Según mi
libro, el fundamentalismo no es un componente atemporal de tal o cual religión,
sino una reacción a una amenaza percibida. Así que es un fenómeno moderno.
Hasta la edad moderna, la gente no cuestionaba su religion. El libro da el
ejemplo perfecto de esta confianza de la época victoriana. Las dos reinas,
Victoria y Eugenia (Emperadora Frances que no nació en la aristocracia como
Victoria) estaban juntas en una ópera. Las dos eran magestuosas. Cuando Eugenia
fue a sentarse después de aceptar los aplausos de la gente, ella miró hacia
atrás para ver si la silla estaba allí. Victoria no volteó a ver. Ella ya
sabía.
Lo que el autor
dice es que en la Edad Moderna, todavía creemos que la silla de la religión
debería estar allí, pero ya no se da por supuesto en nuestra sociedad. Ahora
hay que asegurarse. El fundamentalismo es un intento de conseguir que nuestra
sociedad lo vuelva a tomar por supuesto. Es el intento de volver a un tiempo
cuando nadie questionaba su religión, cuando “nacer mexicano era nacer católico.”
Por supuesto, esto es imposible, pero los fundamentalistas son los que
mantienen el anhelo, que siguen tratando volver al pasado.
Por eso, los
fundamentalistas hacen reglas para sus constituyentes. En primer lugar, los
fundamentalistas no deben tener ninguna interacción significativa con los de
afuera, porque estos podrían influir en ellos y llevarlos a otro punto de vista.
En segundo lugar, los fundamentalistas no permiten duda alguna. Uno tiene que
estar seguro. Tiene que estar absolutamente seguro de que tiene razón y no permitir
que la gente de afuera cambie su tradición. Es mejor no escucharles o darles la
razón. Así son los grupos musulmanes
fundamentalistas. Ellos están fanáticamente seguros, y no les importa escuchar
a nadie mas. Todos los de afuera son una amenaza y deben ser eliminados.
Cualquier que dude o que haga preguntas es una amenaza y debe ser callado. La
violencia es una opción. Dijo un pastor fundamentalista, "Dispárales antes
de que nos disparan."
Condenamos este
comportamiento en los terroristas musulmanes. Pero también nosotros plantamos
las semillas de la violencia en nuestro propio suelo. ¿Cómo nos van a escuchar
si no estamos dispuestos a escucharles? Preferimos callarlos con amenazas y
bombas ¿Al aparecer, tenemos miedo que Jesús pierda terreno en la batalla.
Estoy totalmente
comprometida a Jesús como mi Señor y Salvador resucitado. Me encanta sus
milagros y sus palabras. Soy misionera para toda la vida, donde quiera que
viva. Soy ortodoxa y tradicional en mis creencias. Pero no quiero ser
fundamentalista si el fruto sale así: ira, el juicio, la violencia, la sordera,
el aislamiento, el miedo, la añoranza del pasado, y la idolatría de confiar en
mi propia certeza. De alguna manera simplemente no cuadra.


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