Rasad nos abrió la puerta de su pequeño apartamento con una gran sonrisa y
una de las pocas palabras en inglés que sabe, "¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos!”
Aun sin poder decir más que seis palabras en inglés, estaba bromeando con todos, y me
hizo pensar que en su propio idioma sería una persona muy divertida. Él estaba tan
contento con tenernos a todos nosotros allí en su casa en el Día de la Familia.
Nosotros, las doce personas en su grupo de apoyo, son su nueva familia, y él
estaba tan feliz que pudiéramos estar todos reunidos para una comida familiar
en su casa.
"¡Siéntense,
siéntense!" nos insistía. Había una pequeña mesa en el comedor, pero no cabríamos
y no era su intención de usar la mesa. Hizo un gesto hacia los cojines en el
piso de la sala, donde Manal había extendido dos manteles de plástico sobre la
alfombra, usando platos y vasos desechables. En una taza había tenedores, para
aquellos que lo necesitaban. Me recordó los tiempos que he comido con los mixtecos,
utilizando una tortilla como cuchara. Los sirios utilizan tortilla de harina de
la misma manera. Algunos de nosotros tuvimos problemas para sentarnos en el
piso, y admiramos la agilidad de nuestros anfitriones. Rasad había insistido que
hoy iba a ser una comida de Siria, y no permitió que ninguno de nosotros trajera
comida canadiense. Era su forma de decirnos gracias.
Manal había
estado cocinando desde el día anterior, y la comida era abundante y atractiva. Había
algo envuelto en hojas de uva y lleno de arroz y carne de borrego (creo). Había
pollo con nueces servidos sobre arroz
sazonado y cocido al horno en yogur. Había otro plato de pollo con fideos. Había
lo que parecía samosas, pero que tenía su propio nombre en árabe. Comimos bien,
cada bocado delicioso. Quedó mucha comida, y Rasad sugirió que todos volviéramos
al día siguiente para más, el recalentado.
Fue la primera
vez que había visto a Manal arreglada como para gala. Llevaba vestido largo
sobre un jersey de manga larga y una bufanda azul que hacia resaltar sus ojos
negros. Entraba con bandeja tras bandeja de comida, insistiendo que comiéramos
más y aún más. Admiré su buena voluntad y corazón de sierva. Me inspiraba su
generosa hospitalidad.
El grupo pidió
una oración antes de comer, y en inglés, bendecimos la comida en el nombre de
Jesús. Rasad estaba bien con eso. Rasad dice que Jesús es el Mensajero de la
Paz. Estoy agradecida con Jesús, nuestro Príncipe de la Paz, que en tiempos como
estos, mi Príncipe defiende la paz, incluso para
aquellos que no lo conocen. También estoy agradecida de que mientras que mi
propia familia se ha reducido a la mitad porque unos se han ido lejos, (¡cómo
los extraño!) Dios me ha dado esta nueva familia por un tiempo aquí en Canadá.
Dios trajo a esta familia huérfana para acompañarme en mi exilio.
El día de la
familia no es invención de Canadá.

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