El lema del
Superbowl fue: "El fútbol es familia." Hay niños nacidos exactamente
nueve meses después del Superbowl que se les llama hijos del Superbowl. Y
supongo que en cierta forma el Superbowl puede ser algo que una a la familia. Nos
unía a nosotros allí sentados en la sala, yo acurrucado con mi esposo, y la
otra familia llenando el otro sofá, todos comiendo Sabritas. Fue divertido
tratar de entender lo que estaba pasando, porque nosotros desconocíamos las
reglas del juego. Yo sentía lástima por los pobres jugadores cuando alguien les
quitada la pelota, sin importar el equipo que representaban, o cuando alguien
les jalaba la máscara, o cuando se lastimaban.
Después del
partido, leí comentarios sobre el Superbowl, y vi muchísimas quejas: sobre los
precios de los boletos, los sueldos exagerados, las ganancias de las empresas,
las personas que desplazaron para construir el estadio, los estilos de vida y
la adulación, y el tráfico de mujeres y niños. Estas cosas no tienen nada nada
que ver con la familia. Descubrí que
muchas personas evitan ir al evento por lo mismo. Para decir la verdad, yo
tampoco he querido ir por los muchos abusos que caracterizan el evento. Fue
hasta hoy que estaba viendo un juego por primera vez, evaluando si valía la
pena.
Me di cuenta que
un juego de futbol es como una historia, y a mí me gustan las historias. Me
gusta el teatro y la excelencia y los espectáculos. Me gusta ver lo que puede
lograr un ser humano. Dios nos hizo para experimentar el esplendor y la
admiración. Pero en esta vida el espectáculo también puede ser seductor, como
el sexo.
Hay una escena en
el libro de Charles Dickens Historia de Dos
Ciudades cuando Defarge lleva al Arreglador de Calles para ver al rey. El
campesino se impresiona y grita, "Viva el rey." Nunca ha visto algo
parecido en su vida, y le encanta el espectáculo. Defarge lo sujeta por el
cuello para evitar que se vaya "volando hacia los objetos de su breve
devoción para romperlos en pedazos." Suena como los “fan” en un concierto. Defarge se complace porque, como
él dice, "Usted hace que estos tontos crean que esta vida seguirá para
siempre." Recuerda, es la víspera de la Revolución. La señora Defarge comenta
con sarcasmo absoluto, "Podría aprobar cualquier cosa, con tal que le
otorgue un espectáculo. ¿No?" El Campesino no se da cuenta de lo que pasa
dentro del palacio real, la corrupción y el avaricio. Contesta, "Creo que
sí." En su día, el espectáculo de ver al rey era tan seductor como el
Superbowl de hoy. En ambos eventos hay mucho más para evaluar que el simple
evento.
Le pido a Dios
una buena visión periférica.

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