Monday, February 15, 2016

Superbowl

 Así que ahí estaba, la tarde del domingo, junto con cien millones más, a la espera del Superbowl. La familia había preparado chili en la olla eléctrica. Podíamos servirnos cena a cualquier hora. La hija había preparado un aderezo de espinacas para comer con sabritas. La madre nos dio unos cuestionarios para llenar antes del partido. ¿Quién ganaría? ¿Por cuantos puntos? Hicimos nuestras conjeturas, llenamos los sofás, y nos pusimos a ver la tele.

El lema del Superbowl fue: "El fútbol es familia." Hay niños nacidos exactamente nueve meses después del Superbowl que se les llama hijos del Superbowl. Y supongo que en cierta forma el Superbowl puede ser algo que una a la familia. Nos unía a nosotros allí sentados en la sala, yo acurrucado con mi esposo, y la otra familia llenando el otro sofá, todos comiendo Sabritas. Fue divertido tratar de entender lo que estaba pasando, porque nosotros desconocíamos las reglas del juego. Yo sentía lástima por los pobres jugadores cuando alguien les quitada la pelota, sin importar el equipo que representaban, o cuando alguien les jalaba la máscara, o cuando se lastimaban.  

Después del partido, leí comentarios sobre el Superbowl, y vi muchísimas quejas: sobre los precios de los boletos, los sueldos exagerados, las ganancias de las empresas, las personas que desplazaron para construir el estadio, los estilos de vida y la adulación, y el tráfico de mujeres y niños. Estas cosas no tienen nada nada que ver con la familia.  Descubrí que muchas personas evitan ir al evento por lo mismo. Para decir la verdad, yo tampoco he querido ir por los muchos abusos que caracterizan el evento. Fue hasta hoy que estaba viendo un juego por primera vez, evaluando si valía la pena.
Me di cuenta que un juego de futbol es como una historia, y a mí me gustan las historias. Me gusta el teatro y la excelencia y los espectáculos. Me gusta ver lo que puede lograr un ser humano. Dios nos hizo para experimentar el esplendor y la admiración. Pero en esta vida el espectáculo también puede ser seductor, como el sexo.

Hay una escena en el libro de Charles Dickens Historia de Dos Ciudades cuando Defarge lleva al Arreglador de Calles para ver al rey. El campesino se impresiona y grita, "Viva el rey." Nunca ha visto algo parecido en su vida, y le encanta el espectáculo. Defarge lo sujeta por el cuello para evitar que se vaya "volando hacia los objetos de su breve devoción para romperlos en pedazos." Suena como los “fan” en un  concierto. Defarge se complace porque, como él dice, "Usted hace que estos tontos crean que esta vida seguirá para siempre." Recuerda, es la víspera de la Revolución. La señora Defarge comenta con sarcasmo absoluto, "Podría aprobar cualquier cosa, con tal que le otorgue un espectáculo. ¿No?" El Campesino no se da cuenta de lo que pasa dentro del palacio real, la corrupción y el avaricio. Contesta, "Creo que sí." En su día, el espectáculo de ver al rey era tan seductor como el Superbowl de hoy. En ambos eventos hay mucho más para evaluar que el simple evento.

Le pido a Dios una buena visión periférica.

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