Friday, February 19, 2016

Cuaresma

Creo que hasta el tratamiento del cáncer puede convertirse en una rutina. Otra sesión de quimioterapia. Check. (¡Faltan tres más!) Procedimiento para el corazón. Check. Cita hecha con el reumatólogo. Check. Cita hecha con el cirujano. Check. (Al parecer, él es un cirujano plástico. ¿Por qué plástico? Eso suena como si estuviera tratando de reciclar algo, tal vez la nariz o la barbilla o algo, en lugar de recuperar algunos dedos perdidos.) Los boletos comprados para ir a México para dar una semana de capacitación a misioneros mexicanos, con retorno de México a tiempo para el siguiente tratamiento. Check. Visita al Dr. Azul y Café. Check. ((Hice lo impensable. Cuando me dijo, "Yo no he visto algo así," y luego, "Me está Ud. haciendo preguntas fuera de mi área de especialización" (los médicos canadienses realmente dicen tales cosas), ya no podía contenerme y exclamé, "Doctor, ¿sabe Ud. como en las películas cuando alguien muere, y la otra persona pasa toda la película tratando de averiguar cómo sucedió esa muerte, porque sólo quiere saber el por qué? Bueno, puede que yo no sea capaz de encontrar una solución a esta condición, ¡pero al menos quiero entender por qué!" Se me quedó mirando durante un rato. Los pacientes no suelen analizar las películas en su consultorio, estoy segura. ¿Puede usted imaginarse lo que le dice en casa a la Señora Azul y Café esa noche? "Mi amor, a que no adivinas lo que me pasó hoy en la oficina. ¡Esta mujer empezó a hablarme de películas!")) (Paréntesis dobles. siempre he querido usarlos así. Check. Check.

Todo esto suele convertirse en una rutina, y fácilmente puedo dejar que me defina, que me absorbe, que me pese. De hecho, realmente no veo ninguna manera de evitar que esto suceda. Simplemente pasa, y no puedo controlarlo. No soy tan fuerte.

Pero…es tiempo de la Cuaresma. En la época de mis padres, los evangélicos no celebraban la cuaresma porque era una celebración demasiada católica. De hecho, los evangélicos en México aun no celebran la temporada. Muchos de ellos ni siquiera celebran el Domingo de Pascua porque se imaginan, de alguna manera, que los católicos lo inventaron. Sin embargo, en nuestros días, muchos evangélicos han encontrado valor en apartar un tiempo cada año para reflexionar sobre la pasión de Cristo y cómo ha revolucionado nuestras vidas. Algunos de ellos dan 40 días de Gracias. Otros (como mi esposo) ayunan de algo como el pastel o el café para recordar el sacrificio de Jesús.

Y cuando vemos a Jesús, su manera de vivir, de morir, y de regresar a la vida, las cosas no permanecen igual. No se quedan en sus lugares donde los hayamos puesto. Cambian de lugar. Y donde antes, cuando subíamos la vista, solamente aparecía una pared  bloqueándo la vista, ahora vemos cielo, y luz, y eternidad.

En el libro La Princesa y Curdie,  un joven recibe el don de percibir el carácter de cualquier persona, simplemente tocándole las manos. En un momento, él sabe si la persona se está volviendo en santo o bestia. La Cuaresma puede darnos este momento de lucidez, un sexto sentido para la pasión y la gloria. En alguno de estos 40 días, deseo que esta Cuaresma le dé a Ud. este momento de visión.

Hace dos mil años, un hombre estuvo colgado en una cruz. A la hora del mediodía, el mundo se volvió oscuro. El suelo se sacudió. Las rocas se partieron. Las tumbas se abrieron. La naturaleza puso su mano sobre su rostro y gimió con horror. ¿Cómo podría el universo saber que estos eran dolores de parto?


Vivamos el suspenso de estos días. Miremos a través de la oscuridad. Esperemos con los discípulos de Jesús aquella primera luz del día. 

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