Ayer estuve
escribiendo sobre la austeridad, sobre la elección de vivir entre los que
tienen menos posibilidades de elección. Mis amigos miskitos y mixtecos (digan
eso 50 veces rápidamente) son muy generosos y los paisajes de sus viviendas son
impresionantes. No cambiaría los años de mi vida que pase entre ellos.
Pero me hacen pensar en la gente que describe Kathleen Norris en su libro, las personas que eligen otro tipo de austeridad, que se trasladan a otro mundo sin alejarse del nuestro. Estos son los que eligen el celibato. Creo que sería injusto incluir sólo a los monjes y a las monjas a esta categoría, ya que conozco a muchas personas, especialmente mujeres, que han permanecido célibes por otras razones. Conozco a mujeres mexicanas que han venido a Cristo y que se encuentran trabajando donde no hay hombres cristianos, y han optado por esperar por toda la vida si fuera necesario. Conozco a mujeres misioneras que han elegido servir en lugares que las aíslan, y eligen quedarse célibe, por toda la vida, si se trata de eso.
Pero me hacen pensar en la gente que describe Kathleen Norris en su libro, las personas que eligen otro tipo de austeridad, que se trasladan a otro mundo sin alejarse del nuestro. Estos son los que eligen el celibato. Creo que sería injusto incluir sólo a los monjes y a las monjas a esta categoría, ya que conozco a muchas personas, especialmente mujeres, que han permanecido célibes por otras razones. Conozco a mujeres mexicanas que han venido a Cristo y que se encuentran trabajando donde no hay hombres cristianos, y han optado por esperar por toda la vida si fuera necesario. Conozco a mujeres misioneras que han elegido servir en lugares que las aíslan, y eligen quedarse célibe, por toda la vida, si se trata de eso.
Kathleen en su libro habla de cómo los siervos célibes que ella conoció
aceptaron su sexualidad, dedicándolo a
Dios, y encontraron maneras de expresar su pasión en servicio a Cristo.
Encontraron maneras de amar a la gente de una manera enfocada, intencional, y sin
exclusividad o condiciones. Cuando yo estudiaba en la secundaria en Honduras,
la directora era una monja, la hermana Cristina. Vivía en un convento de las
Hermanas de la Misericordia. Vi como
ella consideraba que todos nosotros, los estudiantes tanto como los padres de
familia, los católicos tanto como los evangélicos, formaban parte de la
comunidad donde ella servía y siempre estaba dispuesta a servirles. Conozco a muchas mujeres célibes como la hermana
Cristina (hombres, también, pero muchos menos), que no son monjas pero que sirven
a Dios con la misma dedicación. Yo las honro.
En conversación con un amigo calvo sobre la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos para apoyar el matrimonio homosexual, nos preguntábamos sobre los términos que se deben de usar para referirse a los estilos alternativos de vida. Me preguntaba si no se podría ahorrar tiempo y simplemente llamarlos "Las Letras." No me gustan las etiquetas que tienen más de tres sílabas. También me preguntaba si no deberíamos añadir otra letra más, una "C" para todas aquellas personas, que durante miles de años, han, por muchas razones, elegido quedar célibes para poder servir mejor a los demás. Creo que en nuestro mundo actual, podemos pasar por alto el camino del celibato. Podemos suponer que si es difícil controlar nuestras pasiones, tenemos derecho a tomar la ruta más fácil. Me es prohibido juzgar. Sólo puedo pedirle a Dios que nos enseñe a amar con un amor cada día más puro y más sacrificado.
La "C" de “Las Letras” incluiría entonces a Jesús ¿no es así? y a Pablo, (ninguno de los cuales dice mucho sobre el tema), así como a todos los monjes y monjas, aquellas personas que practican tanto la hospitalidad. (¿Sabían que los primeros hospitales y los primeros refugios para desamparados eran dirigidos por monjes y monjas?) Y podría incluir a todos mis amigas célibes. Y creo que muchos de ellas estarían dispuestas a tratar con amor a los que viven otros estilos de vida, aunque ellas han elegido un camino tan diferente de las otras “Letras,” porque ellas han escogido una vida de disciplina y de sacrificio. Estas mujeres cristianos célibes tienen mucho que enseñarnos.
En conversación con un amigo calvo sobre la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos para apoyar el matrimonio homosexual, nos preguntábamos sobre los términos que se deben de usar para referirse a los estilos alternativos de vida. Me preguntaba si no se podría ahorrar tiempo y simplemente llamarlos "Las Letras." No me gustan las etiquetas que tienen más de tres sílabas. También me preguntaba si no deberíamos añadir otra letra más, una "C" para todas aquellas personas, que durante miles de años, han, por muchas razones, elegido quedar célibes para poder servir mejor a los demás. Creo que en nuestro mundo actual, podemos pasar por alto el camino del celibato. Podemos suponer que si es difícil controlar nuestras pasiones, tenemos derecho a tomar la ruta más fácil. Me es prohibido juzgar. Sólo puedo pedirle a Dios que nos enseñe a amar con un amor cada día más puro y más sacrificado.
La "C" de “Las Letras” incluiría entonces a Jesús ¿no es así? y a Pablo, (ninguno de los cuales dice mucho sobre el tema), así como a todos los monjes y monjas, aquellas personas que practican tanto la hospitalidad. (¿Sabían que los primeros hospitales y los primeros refugios para desamparados eran dirigidos por monjes y monjas?) Y podría incluir a todos mis amigas célibes. Y creo que muchos de ellas estarían dispuestas a tratar con amor a los que viven otros estilos de vida, aunque ellas han elegido un camino tan diferente de las otras “Letras,” porque ellas han escogido una vida de disciplina y de sacrificio. Estas mujeres cristianos célibes tienen mucho que enseñarnos.



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