Tuesday, July 28, 2015

Tradiciones

Ayer nos reunimos como iglesia en un parque, algo que hacemos cada verano, rodeados de bosques, cascadas y árboles gigantes de sombra. Difícilmente se podría llamar un día de campo. Fue más fiesta con tanta comida canadiense: ensaladas y hamburguesas y salchichas y bizcochos y postres ... abundaba la comida. Esta tradición ha existido probablemente desde el comienzo de la iglesia. Durante el culto, que se celebró en un granero, el predicador trajo un shofar para que la gente soplara (es cuerno de chivo), una tradición judía que su iglesia habia adoptado. Me gustó la forma en que complementaba los instrumentos modernos de la banda. Me hizo pensar en otras tradiciones de la iglesia: las bandas de los Moravos tocando todos juntos al amanecer en el cementerio en la Pascua y los bautismos de los mixtecos cuando bajan en traje típico al río, todos cantando y alabando a Dios. Todos podemos pensar en las tradiciones de la iglesia que enriquecen nuestra adoración y nuestra comunión. Dios nos ha dado tanta creatividad.

Y sin embargo, recuerdo que estos grandes tesoros son pasajeros. Por el bien de los demás, los abandonamos. Cuando Jesús se hizo hombre, dejó todas las gloriosas tradiciones del cielo, toda la riqueza de su cultura, y tomó la forma de siervo. Nosotros, también, dejamos atrás nuestras tradiciones más queridas cuando entramos en culturas nuevas. Claro que no hablo de dejar atrás a Jesús. Sé que Dios se ha revelado una vez por todas a través de su Hijo Jesús, y que fuera de Él, no hay salvación. Lo que dejamos atrás es la forma cultural de responder a Jesús, la forma en que vestimos nuestra obediencia con nuestras propias tradiciones. De esta manera dejamos espacio para que la gente encuentre sus propias maneras de adorar a Dios, utilizando sus propias formas de arte, sus propias celebraciones, su propio atuendo. Dejamos que ellos crean sus propias tradiciones. En cuanto más abandonamos nuestra propia cultura, más libertad le damos a la gente expresarse de corazón.

Cuando Juan vio la gran multitud adorando en el cielo de toda nación, tribu, pueblo y lengua, ¿cómo lo sabía? Creo que era obvio. Creo que esta multitud reflejaba la variedad extensa de toda la cultura humana. Creo que había shofares y bandas y guitarras eléctricas y banjos y arpas y cítaras. Creo que se veía una mezcla de tradiciones tan diferentes que nadie más que Dios pudiera unirlas. Y sí hubo un picnic de verano, también. Hubo una fiesta con cascadas y senderos y árboles gigantes de sombra justo al lado de la fiesta mexicana con tamales muchas piñatas.

La pregunta es: ¿cómo distinguimos entre la tradición humana y lo que es universal? ¿Qué llevamos y que dejamos atrás cuando nos movemos entre las culturas? Esta pregunta es la causa de muchas divisiones en la iglesia. Es lo que separa a las denominaciones y da agencias misioneras los mayores dolores de cabeza. La respuesta es el corazón de las misiones porque se trata de la encarnación de Jesus.

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