Al llegar a Canadá
fui a un retiro de mujeres, y ahora me piden compartir con el mismo grupo. Han
pasado muchas cosas desde fuimos al retiro. Para empezar, he estado en el hospital,
y mi corazón se ha parado dos veces. Pero en medio de todo, no me he sentido
ansiosa. Normalmente soy ansiosa-me comía las uñas durante cuarenta años. Pero
ahora me siento tranquila. Se mi ha quitado el hábito. Es como si estuviera viviendo en cámara lenta.
Me causa reflejar.
La semana pasada
estuve en la orilla del lago Huron con un grupo de jóvenes recién llegados del
Medio Oriente. Algunos se estaban graduando de la universidad y empezando a
buscar trabajos. Me parecían bastante tranquilos al respecto. Pensé en mi
propia transición de la universidad a los diversos trabajos que tuve: niñera;
ayudante de investigación; trabajador en campo de refugiados; maestra. Mirando
hacia atrás, parece haber sido una progresión natural, y no me recuerdo haberme
estresado. Pero a medida que fue pasando el tiempo, se me hacía más y más
difícil enfrentar la incertidumbre. Tal vez es algo hormonal. Por lo general, se
me sube la presión con solo tener que decidir lo que voy a preparar para la
cena cuando llegan invitados inesperados. Pero durante este tiempo en mi vida,
no siento ansiedad.
Irónicamente, me
parece que con todas las incertidumbres del cáncer, por lo menos el plan de
tratamiento sigue estable. Una vez que llegué a Canadá para el tratamiento de
un año, ya no tenía más decisiones que tomar. El próximo año de mi vida se ha
programado, y no voy a ir a ninguna parte. Me estoy dando cuenta ahora que para
mí esto es un regalo de Dios. Me libera porque me permite pensar en otras
cosas, trabajar en otras cosas, invertir en otras cosas, y no pierdo energía
preocupándome sobre mi futuro. Creo que
esto es lo que Dios quiere para mí en este momento, un sabático forzado. Un
tiempo de descanso. Estoy obligada a dar un paso a la vez, tomar un día a la
vez. Normalmente no soy muy buena en eso, así que supongo que Dios me está dando
práctica.
Es algo que todo
buen padre hace, todo buen maestro o entrenador o consejero: te pide solamente el
siguiente paso. Es todo lo que tienes frente a ti: un paso más. Y es tu Padre
que te extiende la mano fuerte y cariñosa, y te dice: "Vamos. Camina. Puedes
hacerlo. Yo te ayudaré. Ven."
Porque a veces
nos confundimos acerca de lo que es nuestra fe. En lugar de pensar en ella como
una Persona que amamos, empezamos a verla como una religión, o una lista de cosas
por hacer. Nos medimos por las cosas que tenemos que hacer. También empezamos a
pensar que la verdad es una lista de cosas que tenemos que creer. Pero la
verdad no es una lista de doctrinas. La verdad es una Persona. Jesús dijo:
"Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie entra en relación con el
Padre, sin entrar en una relación conmigo." La verdad es una Persona.
Cuando nos entregamos a Jesús, entramos en una relación con Él, y Él nos pone
en relación con todos los demás que están enamorados de él. Y no hay una lista
de cosas que tenemos que hacer ni una lista de creencias que tenemos que creer.
Lo único que vale es entregarse a Jesús. Y él nos llama al siguiente paso de
obediencia, y al siguiente paso de fe. Paso a paso. Paso a paso. Y el paso que
debes tomar tu quizás no es el mismo paso que debe tomar tu hermana. Y el de tu
hermana no es tuyo. Y cuando nos deshacemos de la lista, y empezamos a tomar
pasos de obediencia, encontramos la paz.
Nos podemos relajar. Porque ya no
tenemos que cumplir con los requisitos de una religión sino seguir a una
Persona, un Padre, un Esposo.

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