Tuesday, July 7, 2015

Padres

Al llegar a Canadá fui a un retiro de mujeres, y ahora me piden compartir con el mismo grupo. Han pasado muchas cosas desde fuimos al retiro. Para empezar, he estado en el hospital, y mi corazón se ha parado dos veces. Pero en medio de todo, no me he sentido ansiosa. Normalmente soy ansiosa-me comía las uñas durante cuarenta años. Pero ahora me siento tranquila. Se mi ha quitado el hábito.  Es como si estuviera viviendo en cámara lenta. Me causa reflejar.

La semana pasada estuve en la orilla del lago Huron con un grupo de jóvenes recién llegados del Medio Oriente. Algunos se estaban graduando de la universidad y empezando a buscar trabajos. Me parecían bastante tranquilos al respecto. Pensé en mi propia transición de la universidad a los diversos trabajos que tuve: niñera; ayudante de investigación; trabajador en campo de refugiados; maestra. Mirando hacia atrás, parece haber sido una progresión natural, y no me recuerdo haberme estresado. Pero a medida que fue pasando el tiempo, se me hacía más y más difícil enfrentar la incertidumbre. Tal vez es algo hormonal. Por lo general, se me sube la presión con solo tener que decidir lo que voy a preparar para la cena cuando llegan invitados inesperados. Pero durante este tiempo en mi vida, no siento ansiedad.

Irónicamente, me parece que con todas las incertidumbres del cáncer, por lo menos el plan de tratamiento sigue estable. Una vez que llegué a Canadá para el tratamiento de un año, ya no tenía más decisiones que tomar. El próximo año de mi vida se ha programado, y no voy a ir a ninguna parte. Me estoy dando cuenta ahora que para mí esto es un regalo de Dios. Me libera porque me permite pensar en otras cosas, trabajar en otras cosas, invertir en otras cosas, y no pierdo energía preocupándome  sobre mi futuro. Creo que esto es lo que Dios quiere para mí en este momento, un sabático forzado. Un tiempo de descanso. Estoy obligada a dar un paso a la vez, tomar un día a la vez. Normalmente no soy muy buena en eso, así que supongo que Dios me está dando práctica.
Es algo que todo buen padre hace, todo buen maestro o entrenador o consejero: te pide solamente el siguiente paso. Es todo lo que tienes frente a ti: un paso más. Y es tu Padre que te extiende la mano fuerte y cariñosa, y te dice: "Vamos. Camina. Puedes hacerlo. Yo te ayudaré. Ven."


Porque a veces nos confundimos acerca de lo que es nuestra fe. En lugar de pensar en ella como una Persona que amamos, empezamos a verla como una religión, o una lista de cosas por hacer. Nos medimos por las cosas que tenemos que hacer. También empezamos a pensar que la verdad es una lista de cosas que tenemos que creer. Pero la verdad no es una lista de doctrinas. La verdad es una Persona. Jesús dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie entra en relación con el Padre, sin entrar en una relación conmigo." La verdad es una Persona. Cuando nos entregamos a Jesús, entramos en una relación con Él, y Él nos pone en relación con todos los demás que están enamorados de él. Y no hay una lista de cosas que tenemos que hacer ni una lista de creencias que tenemos que creer. Lo único que vale es entregarse a Jesús. Y él nos llama al siguiente paso de obediencia, y al siguiente paso de fe. Paso a paso. Paso a paso. Y el paso que debes tomar tu quizás no es el mismo paso que debe tomar tu hermana. Y el de tu hermana no es tuyo. Y cuando nos deshacemos de la lista, y empezamos a tomar pasos de obediencia, encontramos la paz. 


Nos podemos relajar. Porque ya no tenemos que cumplir con los requisitos de una religión sino seguir a una Persona, un Padre, un Esposo. 

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