Wednesday, July 8, 2015

Maestro Jugador

Anoche pasé siete horas como banquero para un juego de mesa llamado Colonos de Catan. Los jugadores eran mi Esposo, mi Hijo, el Maestro Jugador Bryan y dos novatos. Menos mal que nuestro anfitrión salió a preparar salchichas a la parrilla para que pudieran comer algo y mantener su fuerza durante tantas horas. Al final, mi anuncio que ya tenía en la mano todas las cartas necesarias para ganar. Estaba bastante seguro de sí mismo, pero mejor no hubiera hablado, porque  los demás lo tomaron como desafío para bloquearlo. Le  robaron sus comerciantes, le desplazan sus caballeros, y la eliminaron sus carreteras. Lo aguanto todo con calma, que me impresiono. Fue un par de vueltas más antes de poder ganarse sus 13 puntos. Entonces (ya que el juego, obviamente, no se había alargado lo suficiente) los chicos decidieron permitir una ronda más de gracia para ver si los demás le alcanzaban. En esa ronda el Maestro Jugador subió a 13 puntos y le quito dos a Felipe. Roberto se ganó sus 14 puntos. ¿Quedaría como ganador? Entonces otro jugador subió a 13 y le quito uno a Roberto. Roberto bajó a 12. Decidieron añadir otra ronda más. 

¡Eran las 11 pm! ¡Esto podría durar toda la noche! La Banquera anuncio el fin del juego porque no aguantaba más el cansancio, y declaro un triple empate. Habían sido siete horas de diversión.
Más allá de lo obvio, que no debían haber rondas de gracia en un juego como Colonos de Catan y que nadie puede predecir los ganadores, observe otras cosas, también. Por ejemplo, me di cuenta que me sentía tan contenta, sentada al lado de mi hijo, a quien no he visto durante cinco meses, viéndolo diseñar su estrategia y jugar con calma. No siempre fue así. Ha madurado. También me di cuenta de que no me importaba lo que todos hiciéramos juntos, siempre y cuando todos estábamos juntos. Como una persona introvertida, no me importa estar en la periferia porque muchas veces se me agotan las palabras. Y los juegos pueden decirte mucho sobre los jugadores.

Lo que más me impresionó fue cuanto mi hijo ha aprendido de otras personas a través de estos juegos. Alguien dijo alguna vez que no se puede confiar en alguien que hace trampa en los juegos, no importa sus normas morales. Son los hábitos que señalan su carácter. Y pensé en las horas que el Maestro Jugador ha invertido en chicos como mi hijo, jugando juegos, enseñándoles como utilizar la estrategia, como seguir las reglas, cómo controlar la lengua cuando está enojado, y cómo perder (mi hijo ha tenido mucha práctica en eso con el Maestro Jugador). Mi padre hizo lo mismo para mí, enseñándome a pensar, a aprender, y a perder de buena gracia. 

Me hace pensar en los elefantes. Entre todos los machos mayores entrenan a los menores. 


Me pregunto cuántas personas me han ayudado a entrenar a mis hijos en las cosas que realmente importan, en las cosas que necesitaban  ser modeladas. Me pregunto cuánto me falta agradecer a las personas como el Maestro Jugador. Creo que todos, pero quizás especialmente los padres, les debemos las gracias a muchas personas por habernos ayudado.

No comments:

Post a Comment