Como se pueden
imaginar, una de las cosas más difíciles estando en Canadá este año es saber
qué hacer mientras esperamos regresar a México. Obviamente para mí, pasar por
las etapas de tratamiento toma mucha energía, pero hay tiempo de sobra. Irónicamente,
me siente muy contenta, muy ocupada, porque por primera vez estoy tomando el
tiempo para escribir de manera constante. Es mi nuevo trabajo. Para Robert, con
su inclinación a la acción, es más difícil, creo. Está acostumbrado a pasar su
tiempo trabajando duro o platicando con la gente de cosas serias, por lo
general haciendo las dos cosas al mismo tiempo, que me parece lo ideal. Ahora
mismo le está ayudando a su hermano entrenar a un aprendiz en la carpintería,
mañana la acompaña a un hermano de la iglesia a la Conferencia Mundial
Menonita, donde se reunirá con los editores de El Testigo Anabaptista que publica los artículos que ha estado escribiendo,
y regresando será el anfitrión de un hermano cristiano de la República
Democrática del Congo. Y siempre está buscando como encontrarse con la gente,
invitándoles al café, buscando oportunidades de mentorear. Por naturaleza el es
entrenador, mentor, maestro, y yo he perdido la cuenta de los cientos de
personas que ha enseñado cómo trabajar la madera o cómo cuestionar una suposición acerca de la
iglesia.Ha tenido excelentes mentores. Ricardo le enseñó cómo hacer guitarras en un taller en Catacamas, Honduras, mientras que les discipulaba en la plantación de iglesias. Durante el día, el equipo de hondureños y canadienses trabajaba en el taller, pero cerraban temprano para que después de comer pudieran estar fuera hacienda amigos y discipulandolos. Acostumbraban salir por las calles de Catacamas, charlando con vecinos, extraños, y amigos, y les hablaban de Jesús. Estudiaban juntos, oraban juntos, y sembraron una iglesia allí mismo en el taller. En equipo. Había cuatro hombres que servían como los ancianos de la iglesia, y aunque Rick era su mentor, nadie le llamaba pastor, porque no era lo que buscaba. Él quería que sus discípulos fueran a otros barrios y a otros puebles poniendo en práctica las mismas cosas que él les mostrando en Catacamas. Y sí lo hicieron. Estos hombres sembraron decenas de iglesias en Honduras. Y esa fue la preparación de Robert en misiones, en la plantación de iglesias y en la formación de líderes: un aprendizaje en un taller de guitarras.
Creo que en estos días lo más difícil para Robert es estar lejos de nuestro equipo en México y de nuestra iglesia y de los muchos otros que él mentorea allí. El los llama y los visita las veces que pueda. Afortunadamente, todos los miembros se encuentra inmersos en la cultura y cada uno hace amigos y mentorea a otros, incluyendo a los otros miembros del equipo. Porque así va el trabajo. Aprendemos más y bendecimos a los demás cuando estamos trasmitiéndoles lo que nosotros mismos hemos recibido. Recientemente nuestra Agencia misionera nos avisó que están adaptando un modelo de aprendizaje misionero en el campo, y creemos que es buena decisión. ¿No les parece que hemos complicado demasiado la tarea del discipulado?
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