 |
| Olancho, Honduras |
Nuestro aniversario
de 25 años se acerca. Me
recuerda de la boda y de los primeros días, cuando Roberto casi se me muere. Mi
papá nos había casado (con un permiso especial, ya que él es americano) y nos
comisionó ir a Oz desde el primer día. Así
que después de la boda empezamos a explorar las opciones, regresando a Honduras
para reclutar miembros del equipo, y allí unos amigos nos ofrecieron llevar a
través de Guatemala hacia el sur de México para conocer nuevas culturas. No
queríamos perder esta oportunidad de ir con estos compañeros, porque la
alternativa era una serie de largos viajes incómodos en autobús. Pero
el día antes del viaje, Roberto se enfermó. Con
un diagnostica de fiebre tifoidea y una receta para un antibiótico fuerte,
oramos, y estúpidamente subimos al coche.
 |
| Ciudad de Guatemala |
Fue una pesadilla. Enfermo
y aguantando las curvas en el calor durante hora tras la hora, Roberto
solamente empeoró. En la Ciudad de Guatemala
lo llevamos a la emergencia. El
médico, viendo el primer diagnóstico, duplicó la dosis, y seguimos nuestro
viajo sobre caminos más montañosos. Roberto
decayó más y más, y cuando llegamos a México, ya no podía sentarse, y bajó su
presión. La
gente lo evitaba en caso de que era algo contagioso. Asustada,
yo le quité el medicamento, ya que obviamente no estaban funcionando. Oramos. Luego, dentro de unos días,
sus ojos se volvieron amarillos. Así que no era fiebre
tifoidea después de todo, sino hepatitis. Y
esto daña el hígado, y lo peor sería tomar antibióticos pesados. Eliminados
los medicamentos, Roberto mejoró un poco, pero sufría de letargia y depresión, y
aunque sí salimos a unos pueblos indígenas en Chiapas, no pudimos responder. Obstinadamente, seguimos adelante. Ahora no puedo
imaginar ni cómo ni por qué.
 |
| Chiapas |
Después
de un largo viaje en autobús a la ciudad de Oaxaca, nos encerramos en un
hostal. Tuvimos
contactos en la ciudad, pero sin número de teléfono. Simplemente les enviamos
una carta a su apartado y esperamos. Sorprendentemente,
nuestros amigos vinieron por nosotros al día siguiente y finalmente, después de
más descanso, Roberto empezó a revivir. Me
doy cuenta ahora que seguir en este viaje fue tontería, pero sí nos encaminó
hacia a los mixtecos.
Roberto ya no
recuerda mucho de su viaje. Pero
la gente que conocimos en Oaxaca eran sabios, y nos pudieron convencer que debiéramos
buscar formas estratégicas de entrar en las comunidades indígenas. No podíamos simplemente
llegar sin explicación ni invitación. Nos explicaban que podíamos conocer a la
gente en Culiacán donde trabajaban en los campos. Eran más abiertos allí y,
después de establecer buenas amistades, era probable que nos invitaran a
visitarlos en sus pueblos de origen. Y justo así
fue como nos encontramos con los mixtecos dos años después. Dios usó nuestro
viaje ridículo para encaminarnos hacia los mixtecos. Pero
eso vino después de dos años, cuando Roberto ya había sanado de la hepatitis y le
había regresado toda su energía. A veces
tomamos malas decisiones y nos voltea a ver la muerte por la ventana así como
hace conmigo en estos días, pero aun así llega Dios para acompañarnos ya sea
montados en un coche a travesando de las montañas y montados sobre un tornado
que nos lleva quién sabe dónde.
 |
| Chiapas |
No comments:
Post a Comment