Thursday, July 23, 2015

Viajes dificiles

Olancho, Honduras
Nuestro aniversario de 25 años se acerca. Me recuerda de la boda y de los primeros días, cuando Roberto casi se me muere. Mi papá nos había casado (con un permiso especial, ya que él es americano) y nos comisionó ir a Oz desde el primer día. Así que después de la boda empezamos a explorar las opciones, regresando a Honduras para reclutar miembros del equipo, y allí unos amigos nos ofrecieron llevar a través de Guatemala hacia el sur de México para conocer nuevas culturas. No queríamos perder esta oportunidad de ir con estos compañeros, porque la alternativa era una serie de largos viajes incómodos en autobús. Pero el día antes del viaje, Roberto se enfermó. Con un diagnostica de fiebre tifoidea y una receta para un antibiótico fuerte, oramos, y estúpidamente subimos al coche.
  
Ciudad de Guatemala
Fue una pesadilla. Enfermo y aguantando las curvas en el calor durante hora tras la hora, Roberto solamente empeoró. En la Ciudad de Guatemala lo llevamos a la emergencia. El médico, viendo el primer diagnóstico, duplicó la dosis, y seguimos nuestro viajo sobre caminos más montañosos. Roberto decayó más y más, y cuando llegamos a México, ya no podía sentarse, y bajó su presión. La gente lo evitaba en caso de que era algo contagioso. Asustada, yo le quité el medicamento, ya que obviamente no estaban funcionando. Oramos. Luego, dentro de unos días, sus ojos se volvieron amarillos. Así que no era fiebre tifoidea después de todo, sino hepatitis. Y esto daña el hígado, y lo peor sería tomar antibióticos pesados. Eliminados los medicamentos, Roberto mejoró un poco, pero sufría de letargia y depresión, y aunque sí salimos a unos pueblos indígenas en Chiapas, no pudimos responder. Obstinadamente, seguimos adelante. Ahora no puedo imaginar ni cómo ni por qué.

Chiapas
Después de un largo viaje en autobús a la ciudad de Oaxaca, nos encerramos en un hostal. Tuvimos contactos en la ciudad, pero sin número de teléfono. Simplemente les enviamos una carta a su apartado y esperamos. Sorprendentemente, nuestros amigos vinieron por nosotros al día siguiente y finalmente, después de más descanso, Roberto empezó a revivir. Me doy cuenta ahora que seguir en este viaje fue tontería, pero sí nos encaminó hacia a los mixtecos.


Roberto ya no recuerda mucho de su viaje. Pero la gente que conocimos en Oaxaca eran sabios, y nos pudieron convencer que debiéramos buscar formas estratégicas de entrar en las comunidades indígenas. No podíamos simplemente llegar sin explicación ni invitación. Nos explicaban que podíamos conocer a la gente en Culiacán donde trabajaban en los campos. Eran más abiertos allí y, después de establecer buenas amistades, era probable que nos invitaran a visitarlos en sus pueblos de origen. Y justo así fue como nos encontramos con los mixtecos dos años después. Dios usó nuestro viaje ridículo para encaminarnos hacia los mixtecos. Pero eso vino después de dos años, cuando Roberto ya había sanado de la hepatitis y le había regresado toda su energía.  A veces tomamos malas decisiones y nos voltea a ver la muerte por la ventana así como hace conmigo en estos días, pero aun así llega Dios para acompañarnos ya sea montados en un coche a travesando de las montañas y montados sobre un tornado que nos lleva quién sabe dónde. 
Chiapas

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