Estoy en Florida,
tierra de marismas, parques temáticos y playas. Pero no estoy pasando mi tiempo
en tales lugares. Por supuesto que no. Estoy
pasando el rato en hospitales. Pero no soy yo quien está en cama. Es
mi papá, aunque cuando se trata de alguien a quien amas, se siente como si
fueran intercambiables, sin importar cuál de los dos está acostado allí porque
uno siente todo lo que le pasa al otro, como si le fuera pasando a uno, ese
dolor cuando le toman la sangre (otra vez mas), y ese debilitamiento. Estuvimos
en Emergencia durante siete horas, y en un momento mi papá empezó a preguntarse
si iba a salir de allí, y comenzó a darnos algunas últimas instrucciones,
dictando una carta que necesitaba enviarse, por si acaso, y mi mamá y yo
estábamos orando y tratando de no llorar.
Después de muchas horas, empezaron a tomar
efecto los medicamentos, y mi papá recuperó su fuerza de un momento al otro. A
las 2 de la mañana, cuando lo llevaron de Emergencia a su habitación en el
hospital, él ya estaba dictando una broma. La crisis había pasado, y él había ganado sobre la enfermedad en su corazón.
Y nos dimos cuenta al fin quien era su doctor. Todas esas horas y todavía no sabíamos. Pensábamos que era porque estaba esperando algunos resultados, y las primeras muestras de sangre no sirvieron. El técnico que vino a tomar cinco viales más del otro brazo (como si no nos íbamos a darnos cuenta) explico que las muestras se habían hemolizado. (¿Sabías que la sangre se hemoliza?) Significa que los glóbulos rojos se han roto y se han destripado dentro de la máquina y el técnico tiene que comenzar de nuevo. Y lo hacen con tanta alegría. (Una enfermera en el salón de quimioterapia vio las venas en mi mano y me comento, "Usted tiene buenas venas para IV." ¡Qué bueno! Es lo que siempre he querido.) Cuando el médico apareció, nos dimos cuenta de que ya había entrado varias veces, pero nunca anuncio su entrada, y lo confundidos con otro técnico más, haciéndonos preguntas. Era algo nuevo para mí conocer a un médico que no se anunciaba. Era calvo, negro, guapo, y obviamente, no era arrogante. Dr. Humilde.
Mi papá está bien. Al
día siguiente él le estaba predicando a su visita (su pastor), gesticulando con
sus manos, olvidando que la enfermera de pie a su lado estaba tratando de
inyectar medicina en su brazo a través de su línea IV. Ella
le seguía la mano pacientemente mientras él lo movía, así evitando arrancar la línea
de su brazo. Nos
turnamos para irlo a visitar y llegando, jugamos juegos de mesa, incluyendo
Quiddler, y yo gané.
Luego
llegó mi turno para asustar a todos cuando me pegó calentura. Afortunadamente,
no subió más en toda la noche y todo el día siguiente, así que evité ir al
doctor, y me quedé acostada en la casa de mi mamá mientras los demás fueron al
hospital para ver a mi papá y jugar más juegos. Hubo oración, y esperé a ver quién ganara, yo o la
fiebre. Y yo gané de nuevo. Me está yendo bien.
Y sé que no cambiaría estos cinco días con
papá, mamá, hermana, sobrina 1 y sobrina 2 por algún paseo. Cuando
compartes los momentos más difíciles de la vida, ganas algo que no se logra de
otra manera, y nunca sabes cuántas posibilidades más puedas tener.


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