Friday, July 17, 2015

Galletas y brocoli


Hoy, cansada de estar de pie en la tienda, salí a esperar a Roberto en el carro. Estos días me canso en poco tiempo. Me puse a observar a la gente que pasaba frente a mi. Vi a unas jóvenes vestidos de negro, a una pareja de Asia, a un negro montado en moto, a una anciana con su gorra de mezclilla y muchos más. Me puse a pensar, ¿cómo llega uno a hablarles de Dios a estas personas cuando vienen de trasfondos tan diversos? Quizas ya conocen a Dios, pero ¿cómo se daría cuenta uno?

Vi un experimento psicológico una vez, con dos niños, uno de un año y el otro de dos años. El psicólogo colocó dos platos frente al niño de un año, uno apilado con galletas y el otro apilado con brócoli. El psicólogo tomó una galleta e hizo muecas como si no le gustara la galleta. Ella meneaba la cabeza, diciendo: "¡Uf! ¡No me gusta!" Entonces tomó el brócoli y empezó a frotarse el estómago y sonreírse, diciendo:" ¡Mmm! ¡Que rico! "A continuación, extendió la mano hacia el niño y le pidió que le regalara algo de comida.  El niño ni lo pensó. Agarró la galleta de y se lo entregó al psicólogo. No podía creer que le gustara el brócoli.

Fue un poco diferente con el niño de dos años. Después de que el psicólogo le demostrar demostrara sus preferencias y le pidiera comida, este jovencito la quedó viendo por largo rato, apretando sus labios y frunciendo las cejas. Luego agarró el brócoli. Pero tenía una burbuja de pensamiento por encima de su cabeza, "Está loco, usted, señor psicólogo, pero aquí está lo que quiere." En algún momento entre el primer año y el segundo año de vida, la mayoría de los seres humanos aprenden que otras personas hacen las cosas de manera diferente. Tienen gustos distintos. Aunque no entienden cómo pueda ser, ya lo creen.

Tambien aprendemos como niños que los grupos actúan de manera diferente también. "Nosotros los Hernandez no hacemos las cosas así." O, "Nosotros los canadienses siempre lo hacemos así." O, "Nosotros los Bautistas nunca hacemos aquello." Lo que hacemos en nuestro propio grupo tiene sentido para nosotros, pero lo que hacen otros grupos no tiene sentido. Nos cuesta mucho aprender que otros grupos realmente quieren el brócoli.

Oí una historia de un trabajador de una ONG italiana tratando de ayudar a una comunidad de Zambia a mejorar su economía. La tierra en el valle donde vivían era excelente para el cultivo de tomates, pero la comunidad nunca sembró tomates allí. De hecho, nunca sembraron nada allí. La tierra quedaba desaprovechado. El italiano afanosamente sembró fila tras fila de tomates italianos y se los mostró a los zambianos. Los tomates crecieron. Los tomates fueron un éxito. Hasta el dia en que 200 hipopótamos salieron del río y se devoraron todo. "¡Dios mio! ¿Y los hipopótamos? " preguntó el italiano. "Bueno, como nunca nos preguntó nada…" respondieron los zambianos. El grupo quería brócoli, pero el italiano les seguía dando galletas. ¿Sabes lo que esto italiano tituló su charla? Cállate y escucha.


Hacemos este error dentro de la iglesia, también. Sí, evitamos el problema cuando ofrecemos diferentes servicios de adoración; una mezcla de himnos y canciones de adoración contemporáneas; un momento para niños. Pero las discusiones comienzan cuando hay varios grupos alrededor de la mesa y sólo un plato lleno de galletas. Entonces ¿qué hacer?

Se empeora el problema  cuando plantamos una nueva iglesia en un grupo de otra cultura. Si no estamos haciendo las preguntas correctas, si no estamos escuchando a la gente, vamos a plantar iglesias que se parecen sospechosamente a nuestra propia iglesia, pero no va a reflejar la cultura del nuevo grupo, y luego llegan los hipopótamos a se lo devoran . El cristianismo está llena de este tipo de iglesias, y la lección que aprendemos de estas iglesias es que no prosperan. No se reproducen espontáneamente.


La iglesia primitiva tuvo este problema cuando trató de alcanzar a los gentiles, un grupo muy diferente a los judíos. El libro de Hechos nos cuenta la historia. Cuenta cómo las viudas griegas no recibían el mismo cuidado que las viudas judías. Cuenta cómo las iglesias gentiles se sentían presionadas para convertirse al judíasmo. Se cuenta cómo Pedro recibió una visión que le exigía aceptar la comida de los gentiles. Finalmente, cuenta cómo los líderes de la primera iglesia llamaron un concilio en Jerusalén para decidir si los gentiles tuvieran que convertirse en judíos para salvarse. La respuesta fue NO. Se podía comer el brócoli.

Es tan facil de decir, pero tan difícil de poner en práctica. Basta con ver a Pedro, aquel a quien Dios le repitió esa visión tres veces, y sin embargo, después de que su propio grupo lo presionara, dejó de comer brócoli con sus amigos gentiles. Creo que todos nosotros estaríamos de acuerdo ahora que Dios nos salva dentro de cualquier cultura, dentro de cualquier grupo al que pertenecemos, y Él nos da una nueva vida y nos hace testigos de Él dentro de ese mismo grupo. Es lo que significa la Encarnación: Dios entre nosotros. Pero aceptar a otros grupos sin obligarles a hacer las cosas a nuestra manera no es algo natural para el ser humano. Es difícil para cualquier persona, para San Pedro. Nuestro instinto es preferir nuestra propia cultura. Si no lo pensamos bien, automáticamente vamos por las galletas y no el brócoli. Y luego llegan los hipopótamos. ¿ Últimamente, dónde has visto tales hipopótamos?

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