Me acaba de escribir mi hermana Angela que ya compro su boleto para venir a visitarme en Canada. Me da mucho gusto y se me ocurre que debo presentarsela.
Si Dios quiere enviar a futuros misioneros
a algún grupo indígena no alcanzado que come frijoles y tortillas todos los
días, y que habla en una lengua muy difícil de aprender, y que nos acusa de
entrenar guerrilleros y traer cajas de armas a las montañas, por lo que
aterrizan helicópteros llenos de ametralladoras militares en la plaza del
pueblo, buscándonos ¿cómo nos prepararía para vivir entre estas personas tan
diferentes a nosotros? Creo que empezaría por darme una familia con una hermana
tan diferente a mí que jamás nos vamos a entender del todo, pero que nos vamos
a amar para siempre. Es buen método ¿no te parece?
Así que permítame
presentarle a mi hermana carnal. Ángela Karen. Mensajera de alegría, nacida el
día de Navidad. He visto fotos donde estamos jugando juntos cuando éramos niñas,
pero me acuerdo más de nuestro tiempo en la secundaria. Tiempo horrible: la
secundaria. Imagínense esto: vivíamos en Honduras, donde todo el mundo es de
cabello oscuro, y es mi hermana menor, recuerden. Es rubia, con piel color de miel,
y hermosa en rostro y cuerpo, divertida y amistosa, y aunque no necesariamente
inteligente en cuanto al estudio, ella es inteligente en cuanto a la gente. Ahora
vende casas, y ella es la mejor vendedora en toda la compañía, y los demás
vendedores la llaman para preguntar cómo le hace, y ella dice, ¡Escucho a la
gente! ¡Simplemente las escucho! "Esa es mi hermana. Yo ni podría regalar
las casas.
... Pero
regresemos a la secundaria... Suena el teléfono y siempre es algún chicos de mi
salón, y quiere hablar con ella y no conmigo. Siempre con ella, y ahora no los
culpo. Reconozco que era algo difícil hablar conmigo.
¿Estaba celosa?
Por supuesto. Recuerdo una vez con mi mamá, platicando a solas - Angelita
probablemente disfrutando sus amigos tan geniales, y yo lamentando: "Mamá,
¿por qué no puedo ser como ella? ¡Nadie me quiere!" Y por supuesto me
consolaba," Cariño, también eres hermosa a tu manera, y cada una tendrá sus
propios problemas en la vida y sus propios puntos fuertes. No desees andar en
los zapatos de tu hermana." En el momento no entendí nada.
![]() |
| Hijos de misioneros: Angela, Ana, Pedro, Raquel, Ester |
Ahora han pasado
50 años. Cada una hemos caminado sobre nuestro propio camino y creo que quizás
su camino ha sido más difícil. Y veo su belleza física, y su amor para las
criaturas indefensas como los patos y hurones e hasta las ratas, y veo su amor
para todas las razas en medio de los prejuicios de los vecinos, y su infinita
hospitalidad. Ella una vez hospedó a una pareja que no tenía donde vivir, y luego
cuando salieron de su casa, encontró atascado su camioneta en su patio, con sus
maletas en la caja porque ya se iban, y Angela tomó tiempo para ayudarles salir
del lodo. Y se fueron, pero llevaban en la caja de la camioneta, escondido bajo
sus maletas, los bienes de la casa de Angela. Esa es mi hermana. Generosa en
extremo. Yo. Yo no soy naturalmente hospitalaria, ni generosa, ni artística, ni
compasiva. Tengo que hacer el esfuerzo. Para ella es un don. Y me doy cuenta de
que la preparación para vivir con los mixtecos, y un marido canadiense, y mis
hijos adolescentes, comenzó en casa, en Honduras, con padres misioneros, y una
hermana insondablemente diferente a mí. Y espero que de alguna manera, Dios me haya
usado para bendecirla y entrenarla, también.


No comments:
Post a Comment