Saturday, June 27, 2015

Energía

En nuestra casa tenemos una perra educada, una perra cortés. No salta encima de la gente, ni la empuja para entrar por la puerta. No ladra, ni siquiera viene a molestar a menos que la llames. Ducati. Obviamente a alguien le gusta la velocidad (iba a decir de los coches, pero lo busqué en el internet, y son motocicletas, mis vehículos menos favoritos). Y Ducati es veloz. Corría detrás de dos gansos canadiense, atravesando un campo donde los tallos secos de maíz escondían  hojitas de soja, y los gansos apenas se escapaban, rozando el suelo frente al perro. Ducati tiene mucho auto-estima. Estábamos pasando por en frente de un árbol, y vimos que un enorme mapache paseaba debajo del árbol, y Ducati se fue detrás del enorme mapache, y yo estaba segura de que tendríamos que dar algunas explicaciones a nuestros anfitriones, cargando en nuestros brazos los pedazos del perro destrozado, pero el mapache desapareció antes del enfrentamiento. Más adelante, habo un poste roto, la madera caída entra la hierba. Ducati nunca puede resistir el poste. Cada vez que lo ve, ella corre a investigar, arrastrándolo con las patas, y resoplando con la nariz, y meneándolo de lado a lado, y mete la nariz debajo de la madera hasta que se le ven sólo las orejas, y estoy segura de que esta vez encontró algo, pero allí viene, sonriente y con la boca vacía. Ella cubre tres veces la distancia que caminamos nosotros, pero siempre vuelve cuando damos la vuelta y nos acompaña a casa, con la cola feliz y las patas sucias.

Me doy cuenta de la energía que me rodea. El domingo observe que dando la vuelta en camino a la iglesia, el carril contrario estaba lleno de miles (sin exagerar) de ciclistas con aquella ropa especial de ciclistas serias; Nunca había visto tantas bicicletas en un solo lugar. Estaban en la carretera y en los orillas, en los campos, y saliendo de los coches, y se veía mucho movimiento por todos lados. Terminando el culto en la iglesia, esperando que guardaran las sillas para usar el auditorio para comer juntos, vi que habían tres niñas corriendo y dando vueltas y vueltas por las sillas, y las más grande, la líder, con una sonrisa en su rostro, miraba hacia atrás para ver si las demás la seguían, y escuche una voz melancólica detrás de mí, "Todos deberíamos estar haciendo eso." Y tenía razón. Y yo acababa de ver lo mismo el día anterior, en el patio de una casa, un niño, mayor que los demás, corría en frente de una fila de niños, haciendo zig zag por todo el patio, sonriendo, viendo si los otros todavía lo seguían. Recordé cómo los ciclistas se ponían tan serios, casi sombría, pensando en los kilómetros que tenían que avanzar. Ya no eran capaces de seguir a un líder como los niños que se reían o el perro motocicleta que se gozaba por un poste caído. Y pensé en cuanto cambiamos a medida que avanzamos por la vida.

En la sala de esta casa donde estoy, hay dos cuadros en las paredes que sirven como resumen del tema. Uno es de mecedores y sillones de mimbre blanco colocados bajo la sombra, rodeados de rosas y geranios y azaleas color rosa, frente a un pasto verde y tranquilo. La leyenda dice: "Llenas mi vida con cosas buenas." En la otra pared esta una fotografía en blanco y negro y sin marco, de un faro lejano y solitario en una isla dominada por la energía del mar. Y pensé que mientras yo me duerma en el sillón de mimbre,  tengo amigas que  están llenas de energía.


Y así va la vida: Energía. Silencio. Movimiento. Tranquilidad. Y 
aunque a veces nos movemos entre estas temporadas, a veces nos quedamos en uno solo. Buscamos más o el bullicio o la tranquilidad. Y el equilibrio y el contraste y la belleza vienen no sólo de nuestras vidas individuales, sino de nuestras vidas juntas. Y en la medida en que nos separamos, la Callada no aprovecha de la energía de los jóvenes y los que son jóvenes de corazón, y el Inquieto pierde la sabiduría de sus mayores más tranquilos. Y todos perdemos en algo. En estos días en que me parece que vivo en cámara lenta, cuando me encuentro cabeceando sobre mis teclas, porque me dormí a media palabra, o me despierto de una siesta que no me acuerdo haber iniciado, me doy cuenta que no es una temporada de alta energía, que tengo que apreciarlo en los niños y los perros y los mares. Y estoy agradecida por tener tanta variedad en mi vida, creando este mosaico de temporadas humanas. Me doy cuenta de cuanto necesitamos el uno del otro.

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