El otro lunes llega mi
hermana. Lo que no mencioné es que llegan también mi mamá, mi papá, y mis dos
sobrinas. Me
había estado preguntando dónde iba a ponerlos a todos, pero Janey nos ofreció
su casa ya que tiene planeado salir de vacaciones durante ese tiempo.
Ironía. Al
escribir ese párrafo, sonó el teléfono. Era
mi madre, quien me dice que mi padre está en el hospital después de someterse a
una cirugía de emergencia. Además
pude ver (no he hablado con él directamente, pero entendí por la descripción de
la mamá y usando Wikipedia), que tiene amaurosis
fugax. Aunque
esto suena como el síndrome de un amante rápido, es en realidad una tipo de
infarto que bloquea la sangre al ojo. Así
que estoy esperando a ver cómo le va, y dándome cuenta de que mis padres ya no
van a llegar. Mientras
tanto, llamé a Ángela, y ella dice que está en medio de los trámites para
vender veinte, (¡veinte!) casas en esta semana no más, y con todo el detalle
que implican (¡y pensé que solamente la burocracia en Oaxaca parecía queso
enredado!), Ahora ella probablemente tampoco viene...
Me parece injusto
que nuestras expectativas afectan tanto nuestra reacción a las cosas.
Pero en lugar de
detenerme en eso, voy a dar vuelta una esquina y seguir con lo que sucedió
después, cuando mi mamá llevó su celular al hospital para que pudiera yo hablar
con mi padre, quien se encuentra todavía en la UCI, y cuya voz aún esta ronca de
la anestesia, y quien se parece a un puercoespín con todas las líneas de
monitores y tubos que salen de él como tantas espinas, y quien ya no ve con el
ojo izquierdo, pero quien me asegura que todavía puede trabajar en la computadora,
diseñando un curso para entrenar líderes
fuera del aula, siguiendo un modelo de aprendizaje, y quien tiene 82 años. Mi
padre cambia casi de inmediato de tema para saber come estoy. Me dice que lee mi blog. Etc.
Y me pregunta qué tipo de lectores tengo, y qué tipo de comentarios hacen, y yo
le cuento, y un comentario le recuerda de lo que él considera el peligro más
grave en la iglesia hoy, y así entramos en una discusión sobre la peligros que enfrenta la iglesia hoy.
Y
está en la UCI, y mi mamá está haciendo muecas, recordándole que se debe cuidar
y no emocionarse como siempre hace cuando entra en el tema. Es por eso que amo a mi papá. Una de las razones.
Y, según mi
padre, este es el peligro más grave para la iglesia de hoy: la abstracción. No es la distracción, pero la
abstracción. Lo
que quiere decir mi papá es que podemos quedar tan enfocados en listas y discusiones
de doctrinas y teologías y estudios de palabras que dejamos de ponerlas en
práctica. Él
dice que existe el peligro de ir a seminarios donde las listas y las
discusiones acerca de las doctrinas no afectan mucho la vida real, sino que
quedan simplemente como temas de conferencias y ensayos y exámenes. Se
supone que el conocimiento debe transformar el comportamiento, pero cuando no existe
el discipulado activo, ¿quién sabe si está cambiando vidas? Cuando
te entregan un doctorado en divinidad (¡wow!), nadie pregunta que si ahora son más divinos que cuando entraron
a estudiar. Hay
una razón por la que algunos idiomas (mixteco, por ejemplo) usa un solo término
para unir dos hechos: escuchar y obedecer. En
un momento de nuestra historia, estas dos ideas se representaban con una sola
palabra en inglés, pero la herramienta moderna de análisis (no es una mala
herramienta a menos que se utilice mal) facilita que analizamos cuando deberíamos
estar fuera, actuando.
La abstracción
significa que las personas están escuchando la Palabra, estudiando la Palabra,
obteniendo diplomas en la Palabra, a juzgar la fe de otros por su
interpretación de la Palabra, pero no necesariamente están obedeciendo la
Palabra. Juan
1:1 capta la idea: "En el principio era el Verbo." [El cantante
guatemalteco Ricardo Arjona lo dice así: "Para no ser redundante, tengo
que decir que Jesús es acción y movimiento, no cinco letras que forman el
nombre, que Jesús le gusta que actuemos, no hablan, que
Jesús es verbo, no sustantivo.”] Mi padre dijo:" Basta con ver como
empieza el libro de Juan donde describe a Jesús. Las palabras que usa son todos verbos. Son acciones--no
hay un sustantivo abstracto entre ellos."
Mi padre dijo que
había enviado una encuesta que comparaba el contenido de los cursos de los
seminarios con el contenido de los “cursos” de los trabajadores en el campo
misionero. Lo
que encontró, y el resultado que envió a 50 seminarios, fue que el contenido
del curso de seminario se compone en su mayoría de términos abstractos,
mientras que el contenido del estudio del trabajador misionero se compone en su
mayoría de acciones—los verbos. Su
conclusión: "¿En cuál de los dos contextos deberíamos formar a nuestros
futuros trabajadores? ¿No es hora de abrir
una segunda pista?"

Imagínate. Todo esto por teléfono, desde la UCI, con mi mamá haciéndole muecas en el fondo. Mi papá, plantador de iglesias y escritor de verbos. Si quieres saber porque escribo lo que escribo, y pienso lo que pienso, y hago lo que hago, acabas de ver la razón—en esta descripción de mi papa, usando verbos.
Tranquilo Día del Padre, Papá.

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