En uno de estos domingos en la iglesia, el predicador promovía las misiones, y nos habló de una
joven llamada a ser misionera. También casualmente añadió el hecho de que ella
está estudiando para su maestría. Está bien. Es buena meta. Pero en nuestra
cultura, este detalle podría dar la impresión de que sacar maestría nos hace
mejor misionero. Sé que el predicador no quería decir esto, pero queda la impresión.
Déjame explicar.
En mi familia,
algunos de nosotros leemos mucho y nos gusta platicar sobre las ideas, pero no
todas las personas son así. A unos no les gusta mucho los libros. Para ser
sincera, en mi experiencia, a veces la Iglesia juzga a las personas que no leen
bien. De hecho, la Iglesia parece juzgar a dos tipos de personas: los
introvertidos y los nos que no leen mucho. Ya he escrito algo sobre cómo me he sentido
como persona introvertida dentro de la iglesia. Yo tenía preguntas como estas: si
Dios quiere que ganemos muchas personas para Cristo, ¿por qué insiste en crear
personas introvertidas? ¿Por qué no nos hace a todos evangelistas? He luchado
con esta pregunta. Más o menos tengo mi respuesta, así que ahora quiero tratar
el otro grupo de personas marginado por la iglesia. Los que no aman los libros.
Así que
permítanme contarles una historia. O mejor, dos historias. Cuando Robert y yo
llegamos primera vez a México, vivimos
entre los mixtecos en las montañas de Guerrero. Son personas orales. Esto significa que
confían en la información que se pasa de boca en boca, no la información que se
encuentra en un pedazo de papel. Esto se debe a que no leen en su propio idioma
(hay traductores tratando de enseñarles, pero todavía no se ha visto mucho
avance), y aunque se les enseña a leer en español en la escuela, no poseen libros
y casi nunca leen. Algunos de los creyentes leen la Biblia en español. Bueno,
más o menos. Ellos usan una versión que se escribió hace 500 años, y a veces confunden,
en sus sermones, donde hacen una traducción del español, la palabra vosotros con la palabra nosotros.
Cuando nació la
iglesia en este lugar, fue en respuesta al testimonio de un hombre sobre el poder
de Jesús. Eso fue todo. No había ni una Biblia a la vista. Y la mitad del
pueblo se acercó a Jesús y se comprometió a seguirle, todo en un mismo día. Y
decidieron dejar de hacer las cosas que sabían que eran destructivas: dejaron
de emborracharse y golpear a sus esposas; dejaron de vender a sus hijas al
casarlas, y dejaron de tomar intereses para los préstamos (los intereses están
entre 50 y 100% al mes). Estos son cambios típicos de Pentecostés, cambios que
solo puede traer el Espíritu Santo. Y un
músico mixteco comenzó a escribir canciones acerca de Jesús: "Aquí la
gente dice que me voy a morir. Pero si me muero, sé que me voy directo al cielo
con Jesús." y el fundador de la iglesia fue asesinado en plena luz del día
en el centro de la ciudad. Y también asesinaron a uno de sus parientes, otro
líder. Y demostraron toda esa fe y toda esa obediencia pero ¡nunca habían leído
la Biblia! Estas personas amaban a Jesús, y lo obedecían, y es todo lo que
importaba.
Seguimos con historia
número dos. Roberto estuvo en Panamá en una reunión con los líderes de la
iglesia Wounan. Estaban viendo cómo la cultura de los Wounan es oral, como la
cultura de los mixtecos. (Los Wounan le dicen a Roberto El Mixteco).
Pero para su crecimiento espiritual, las iglesias Wounan dependían principalmente
de la lectura. Y la mayoría de los predicadores pasan todo su tiempo
insistiendo en que la gente lea la Biblia. En una de esas ocasiones, un anciano
se puso de pie para hablar. Sus palabras fueron directos y trágicos: "Creo
que tengo que morir ahora. No puedo leer. Ni siquiera puedo ver bien. Nunca voy
a leer. Así que nunca puede ser alimentado por la Palabra de Dios por mi propia
cuenta. Creo que debería morir ahora.”
¿Debemos aprender a leer las Escrituras? ¡CLARO
QUE SI! Pero somos un cuerpo, una Iglesia. Y aquellos con los dones de lectura
y análisis pueden ayudar a los que no tienen estos dones. Y los que no leen
pueden mostrar fe y sabiduría a los que a veces tienen sus cabezas en las nubes
y que se orgullecen por tanto leer. Hay personas que sienten como ese anciano
Wounan. Ellos aman a Jesús, pero no leen mucho. Se les hace difícil leer, o
hacer largas oraciones, o analizar los sermones. Pero esto no significa nada.
La única cosa que ve Jesús es el corazón, y Jesús es el único que pasa dentro
del corazón. Nunca se trata de lo mucho que sabemos, sino de lo mucho que
obedecemos. En amor. Y Dios es nuestro único juez.
He visto a personas (incluidos miembros de mi familia) ser juzgados el conocimiento
que les faltaba, o las maestrías que les faltaba, o dones de análisis que les
faltaba. Cuando yo era niña, mi padre, que discipulaba a pastores
semi-analfabetos en Honduras, hondureños, me repetía esta frase: "El hecho
de que no pueden leer bien no quiere decir que no pueden comprender y aplicar
las verdades más profundas de Dios." Espero que esta verdad se me quede
bien grabada.







No comments:
Post a Comment