Thursday, June 18, 2015

Celebrando

Cuando Roberto desempacó sus maletas después de regresar de México, me entregó una USB con fotos de nuestro equipo. Cuánto los extraño. Somos cinco familias, cuatro con matrimonios transnacionales, y una con seis personas que han sido trasladadas a una nueva cultura, así que todos tenemos experiencias diarias transculturales. Alguien nos comparó con el grupo de hombres que se unió a David en el desierto, porque también nuestro equipo se ha reunido en un desierto estructural con un mentor y con valores compartidos. Todos queremos seguir el ejemplo de la encarnación de Jesús, conectando a la gente en el sur de México con Jesús. Queremos que su respuesta a Jesús lleve el sabor de su propia cultura y de su propio ser. Queremos que la iglesia llegue a ser una gran multitud demasiado grande para contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua, unida al fin como un solo cuerpo y adorando no con una sola voz, sino con muchas, pero siguiendo no muchas voces, sino Uno sólo, y de todo corazón.

La ventaja de en equipo es que celebras las historias de tus compañeros como si fueran tuyas. Las grandes organizaciones tienen la ventaja de poder usar sus grandes recursos para tomar vídeos y publicar las historias de las personas que de otro modo no se escucharan. Por supuesto, por otro lado, algunas grandes organizaciones esconden un montón de cosas indebidas detrás de las buenas historias, por lo que todos somos más escépticos al escucharlas. Pero esta historia es de alguien en mi equipo en Oaxaca, y aunque no tengo el video, aquí lo puedo celebrar contigo.


La historia es de Felipe:
Agotados después  de un largo día de mezclar cemento y cargar cubetas para hacer los cimientos de su casa, me senté con mi amigo Tadeo fuera de una pulpería en nuestro pueblo. A medida que bajara el sol, comentamos sobre nuestro trabajo y nuestros músculos adoloridos. Mientras tomábamos nuestras cocas, Tadeo volvió a algo que le había sucedido hace unos meses. En otro lugar de trabajo, un compañero lo había golpeado en la cabeza con una tabla 4x4, por poco dejándolo muerto. Él me había llamado a recogerlo en ese pueblo, a dos horas de distancia. Más tarde, él me había dicho la verdad sobre el ataque. Me explicó que cuando los jefes comenzaron a darle más responsabilidad, eso despertó celos en los demás, y un hombre lo había atacado en una rabia borracha. Esto yo ya lo sabía.

Pero hoy, Tadeo añadió que ya que nos habíamos convertido en amigos, y que su perspectiva de la vida había cambiado. Al ver cómo yo amaba y apoyaba a mi esposa Eunice, empezó a desear  lo mismo para su propia familia. Ahora que me conocía, sabía que su vida también podría ser diferente. Reconoció que su vida iba a volverse más difícil si cambiaba su forma de actuar, porque había tradiciones en el pueblo que iban en su contra (la presión para tomar era enorme), pero estaba agradecido de que ahora tenía un amigo para guiarle en un nuevo camino. Éramos simplemente dos trabajadores agotados, los dos casi en lágrimas, compartiendo un momento que ninguno de los dos había esperado.

Nuestro tiempo en el pueblo ha sido de lucha y de éxito. La clínica ha ayudado a cienes de personas de varios pueblos, pero la gente no ha respondido a Dios como esperamos. Ya sabíamos que no iba a ser algo rápido, incluso podría tomar años, pero a través de los meses habíamos luchado con la duda: ¿vamos demasiado lento? Pero esa noche, sentado con Tadeo, vi a Dios trabajando a mi lado. Durante mis diez años de trabajo en México, he visto nacer a varias iglesias en los pequeños pueblos indígenas, pero por lo general carecen de jóvenes y adultos varones. Estos hombres deberían ser la sangre vital en una iglesia indígena, apoyando su crecimiento y su reproducción, pero los varones son los más difíciles para alcanzar. Si una iglesia nueva se llena de mujeres y niños, la gente piensa que la nueva religión es solamente para ellos. A través de los años, he escuchado a muchos hombres decir que la iglesia es para sus esposas, y que ellos no necesitan a un Dios de mujeres. Ahora Tadeo me estaba diciendo que él confiaba en mí para mostrarle un nuevo camino hacia un Dios que es para toda la familia.
 


Yo sé que en su tiempo en México, Felipe ha cargado una gran cantidad de cubetas de cemento para la construcción de las casas de sus vecinos y ha jugado muchísimos juegos de basquetbol. Eunice ha tratado a cienes de pacientes. Paco ha llevado a mucha gente en su camioneta y ha bebido gran cantidad de cocas con todos ellos, incluyendo con la con quien se casó. Ahora tiene tres personas más en su familia. Douglas ha observado muchos árboles de durazno, y Saraí ha enseñado muchas clases de matemáticas. Jasón y Tifany han atravesado muchos kilómetros, buscando a gente con quien practicar sus frases en español. Esta historia de Felipe que les cuento requiere mucho trabajo. Requiere tiempo. Toma mucha práctica. Por eso ahora la celebro contigo, como celebro todas las historias de mi equipo, ya que me hacen ver a Dios logrando algo bello en cada uno de ellas 
y quiero que goces conmigo.

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