Roberto ha llegado con bien, y juntos, regresamos a la vida cotidiana de Canada.
Antes de su viaje a México, habiamos ido a una oficina del gobierno para inscribirnos en OHIP, el seguro social de Ontario. Al fin, el período de espera de tres meses ya casi termina, y pronto obtendremos la tarjeta de identidad que me siguen pidiendo por todas partes, y me darán de alta en el sistema. Y esta americana al fin se parecerá con las canadienses. O quien sabe. Roberto señaló su sorpresa a la recepcionista (por supuesto) cuando nos creyó que habíamos cruzado la frontera el 25 de marzo. (Podríamos haber dicho el 25 de abril, y nos hubiéramos ahorrado dinero. Pero no lo hicimos. Los canadienses son demasiados honestos.)
Antes de su viaje a México, habiamos ido a una oficina del gobierno para inscribirnos en OHIP, el seguro social de Ontario. Al fin, el período de espera de tres meses ya casi termina, y pronto obtendremos la tarjeta de identidad que me siguen pidiendo por todas partes, y me darán de alta en el sistema. Y esta americana al fin se parecerá con las canadienses. O quien sabe. Roberto señaló su sorpresa a la recepcionista (por supuesto) cuando nos creyó que habíamos cruzado la frontera el 25 de marzo. (Podríamos haber dicho el 25 de abril, y nos hubiéramos ahorrado dinero. Pero no lo hicimos. Los canadienses son demasiados honestos.)
Una vez dada de
alta en OHIP, la provincia pagará por lo que queda de mis tratamientos para el
cáncer. Y también pagara mi cirugía de corazón, si llega a eso. Eso depende completamente
de mi Dr. Cínico.
Dr. Cínico es un hombre asiático muy
bajito con pelo rígido. La primera vez que me encontré con él, yo acababa de
oír a alguien gritar: "Dr.... (digamos Francis... que podría haber sido
nombre de mujer), así que pensé que era doctora. Me doy cuenta de que algunos
médicos se presentan con su primer nombre, pero a la mayoría, especialmente a
los no empáticos, como Dr. Azul y Café y ahora el Dr. Cínico, no se les ocurre.
El último médico que me dio su primer nombre fue el residente que ayudaba a Dr.
Calvo en la sala de emergencias. Ella me estaba inyectando con la droga que me
iba a para el corazón, pero no lo hacía suficiente rápido, y el Dr. Calvo tomó
la jeringa con calma y le hecho ganas. Funcionó (se siente como que le vacían
el cerebro, por cierto, pero esta vez mi AHHH quedo dentro de mi cabeza, por lo
que deben estar orgullosos de mí). Voy a llevar la cuenta de los que me dan sus
primeros nombres. ¿Son mujeres? ¿Son más jóvenes? Todas las enfermeras me dan
sus nombres Hmmm.

Yo había dicho en otro post que el Dr. Cínico es un hombre ingenioso, pero frío, calculador. Déjame que te cuente lo que me dijo, exactamente. Él me explicaba que lo que le pasa a mi corazón no es peligroso. De hecho, mi corazón está sano. A veces, los impulsos eléctricos que controlan el corazón pueden tener cortocircuito, provocando que los pulsos se dupliquen. Cuando se vuelven a cerrar los circuitos, el pulso vuelve a la normalidad, de 200 a 100, de un latido al otro. Es un gran alivio, como se imaginan. Dr. Cínico luego se puso a explicar que lo que hace es un juego de adivinanzas. Pueda que la taquicardia se agrave por el cáncer; o pueda que no. Pueda que un medicamento funcione mejor que otro; o pueda que no funcione para nada. Pueda que tengan efectos secundarios; o pueda que no. Pueda que la cirugía solucione el problema; o pueda que no. ¡De tanta ayuda, lo que me dijo! Gracias, Dr. Cínico.

Después de todas estas explicaciones tan conclusivas, el Dr. Cínico añadió esto, y Roberto también lo escucho: "Podría darte una ablación (donde te meten un catéter en el corazón y te queman los puntos donde existen los cortocircuitos). Pero no quiero hacerte una cirugía invasiva para luego encontrar que te hayas metatizado y te estas muriendo del cáncer. No, mejor vamos a esperar que termines tu tratamiento, o sea, todo un año." Bienvenidos al seguro social de Canadá. El gobierno es el que toma las decisiones, y no quiere perder el dinero cuando la persona se va a morir, y tampoco quiere gastar en cosas no esenciales, tales como los medicamentos contra la náusea o los regimen más suaves pero más caros, de quimioterapia. Por otra parte, nadie lo dejan por fuera. Estamos todos incluidos en el seguro social, no como el sistema de los americanos que descuida a los marginalizados. Supongo que si tuviera que elegir, (lo cual hice, supongo, casándome hace 25 años con un canadienses), prefiero a que todos recibamos tratamiento, incluso los marginados. Mientras tanto, trato de ver las cosas desde el punto de vista de esta gente tan directa. Roberto me ayuda mucho.

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