Tuesday, August 4, 2015

Cumpliendo con reglas

Por primera vez en estos meses de estar recibiendo atención médica, me encontré con alguien, una de mis enfermeras, una joven colombiana, que era... un... ¿cómo le diré?... vamos a llamarla... Enfermera Purista de Reglas. Robert dice que sólo estaba cumpliendo con su trabajo. Ella es alguien que se rige por las reglas. Podría salirse de las reglas un poco para hacerme la  vida más fácil, pero es tantito autoritaria, usando aquel tono de voz que te dan ganas de decirle cuántos años tienes.

"No," dice ella con aquel tono, "No puedo desenganchar su línea IV (para que puedas dar vuelta por la sala sin chocar con el tubo a cada paso.) Otros pacientes se llevan los tubos. Usted tiene que mantenerse hidratada."

¿Hidratada? Aquí me llenan de bolsa tras bolsa de agua. Tengo tanto salina entrando en mi sistema que tengo que ir al baño como si tuviera escondido allí barras de chocolate oscuro. (Que no las tengo porque no puedo probar nada por la quimioterapia y la solución salina que gotea de mi IV.) Su respuesta me sorprende, porque las otras enfermeras me han desenganchado cuando les he pedido para que pueda caminar sin restricciones.

Soy la persona más joven en la sala, una sala de oncología (hasta ahora me doy cuenta porque soy tan observadora). La mayoría de los pacientes dejan sus puertas abiertas y mientras camino, pegando a cada paso contra el tubo, los veo dormidos en sus camas. A mí no me gusta dormir así, y siempre cierro la puerta, pero me doy cuenta de que aquí todo esto es normal. Nadie te queda viendo. Muy pocas de las pacientes se mueven, y cuando despiertan, quizás les gusta ver pasar a la gente. Pero tan pronto como me sea posible, quiero levantarme de la cama y salir a caminar. Tengo los glóbulos rojos bajos, es decir, me falta oxígeno y aire, y camino muy lento, pero el tubo del IV me atrasa mas, y me pongo a imaginar las formas en que el hospital pudiera facilitar el ejercicio. Te aconsejan levantarte de la cama y moverte por los pasillos, pero luego te atan a un tubo de dos metros y seis rodillos. ¿Qué tipo de atasco de tráfico se pudiera crear, si todos tomaron el consejo del terapeuta y se fueran por los pasillos todos con sus tubos? ¿Qué tipo de accidente podríamos causar? ¿Qué maraña de líneas IV y medicinas y rodillos y batas?

 Vean cuanta rebeldía puede provocar un poquito de autoritarismo.

Así que en esta visita al hospital he aprendido acerca de las reglas. Son buenas reglas, pero no son perfectos: no se permite que su marido tome siesta en su cama mientras usted y su amiga paseen por la sala, pegándose con tubos de IV. No se permite tomar sus propios medicamentos. (Sé que la duplicación puede ser peligrosa, pero aún no me ofrecen mis medicamentos.) Si tiene una alerta roja en la puerta, los visitantes tienen que ponerse trajes especiales. ¿Cuánto durara una visita así? Afortunadamente, conseguí que me revocaran esta alerta, pero tuve que rogarles. Llego el Equipo de Control de Infecciones y después de una interrogación decidieron que era únicamente un resfriado que no merecía alerta. 

Aprecio que estuvieran dispuestos a re-evaluar mi caso y quitar la alerta de la puerta. Con la excepción de esta única enfermera, toda mi experiencia ha sido así. En mi última visita, desenganchada de mi tubería, y sin saber que era contra las reglas, me salí de la sala de oncología y entre a la sala de maternidad. Por la ropa (y la cabeza calva), era bastante obvio que no estaba donde debía estar, y las enfermeras en la recepción me hicieron dar la vuelta, y cuando regresé a mi sala, mi enfermera venía de los ascensores y bromeó conmigo: "Qué bueno que hayas vuelto. Estábamos a punto de llamar un código amarillo."

Y qué bueno que no era la enfermera purista de reglas que me encontró fuera de la sala de oncología. Ella me recordó que uno puede cumplir con su trabajo y seguir las reglas y aun así faltar en algo. Me pregunto cuántas veces yo también cumplo con las reglas pero sin gracia, sin escuchar a la gente, sin decir las cosas con buen humor, sin poner atención a los demás. Y me siento agradecida por las muchas personas que me han atendido en estos meses con gracia. Me han ayudado más de lo que se les exige, saliendo quizás de las normas, pero no del espíritu de la ley. Qué bueno que existe la gracia también en los hospitales.

                                                                     

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