Mi hija
necesitaba comprar un vestido para una ocasión especial, así que fuimos de
compras. A mí no me gusta ir de compras. Al que le gusta es Roberto. Yo
prefiero entrar y salir en poco tiempo sin revisar todo lo que hay en las
tiendas. Pero comprar un vestido de gala que realmente le quede bien a alguien
requiere mucho más cuidado. Tuve que experimentar lo que realmente quiere decir
la frase “ir de compras.” Me di cuenta
que hay pasos que seguir para llegar a casa con el verdadero premio y al final
se siente bien, de verdad. Pero no creo dejar que se vuelva en hábito y así perder
la novedad.
Aquí esta es la fórmula secreta. La primera tienda que uno encuentra es siempre donde Todo es Muy Caro. De alguna manera uno ya lo sabe por la decoración. En esta tiende, vimos que todos los precios eran carísimos. Hasta los accesorios costaban una barbaridad, y después de encontrar un precio especialmente escandaloso, reaccioné en voz alta, y mi hija me reclamó, "Mamá ¡no le digas a la vendedora que es demasiado caro!" Sí encontramos algo que pudiera servirnos si estuviéramos desesperados, pero no era el color exacto, ni el estilo, ni la textura que queríamos…
La segunda tienda que encuentra uno es la Tienda de Alta Presión. La nuestra fue de ropa usada, donde los precios se parecían a los de la primera tienda, pero donde la señora que vendía era muy persuasiva. Le traía a mi hija vestido tras vestido para probar. Elai me había dibujado varios estilos en un pedazo de papel junto con unas figuras del manga, así que sabía, más o menos, lo que quería, pero, por supuesto, ninguno de estos vestidos se veía nada como sus bosquejos. Con todo lo que yo le sugería, ella me contestaba con ese movimiento de la cabeza que quería decir, “Definitivamente no.” Por alguna razón me cuesta adivinar lo que a mi hija la va a gustar. Mientras tanto, la señora no estaba prestando atención a mi rango de precios, ni tampoco la muchachita en el probador. Así que, por supuesto, salió con el vestido perfecto, y la señora sequía con sus: "Ooh, aah... te queda perfecto... te luce por el color de la piel... esa línea de la cintura es muy halagador... ¿No cree usted, Señora?” Le aplican la presión.
Entonces ¿qué haces cuando tu hija se sonríe como el sol, y el vestido es precioso, y la señora te sigue presionando? Por supuesto, le dices que no, y te sales de la tienda. El cielo se cubre de nubes. Sientes que nunca vas a encontrar el vestido adecuado, y sientes que tu hija tendrá que conformarse con algo feo, y sientes que te va a echar la culpa, y ¿dónde está Roberto cuando más lo necesitas? Me doy cuenta de cómo esta cultura de Oz te presiona comprar cosas que no debes comprar. No sé como viven con esta constante presión.
Aquí esta es la fórmula secreta. La primera tienda que uno encuentra es siempre donde Todo es Muy Caro. De alguna manera uno ya lo sabe por la decoración. En esta tiende, vimos que todos los precios eran carísimos. Hasta los accesorios costaban una barbaridad, y después de encontrar un precio especialmente escandaloso, reaccioné en voz alta, y mi hija me reclamó, "Mamá ¡no le digas a la vendedora que es demasiado caro!" Sí encontramos algo que pudiera servirnos si estuviéramos desesperados, pero no era el color exacto, ni el estilo, ni la textura que queríamos…
La segunda tienda que encuentra uno es la Tienda de Alta Presión. La nuestra fue de ropa usada, donde los precios se parecían a los de la primera tienda, pero donde la señora que vendía era muy persuasiva. Le traía a mi hija vestido tras vestido para probar. Elai me había dibujado varios estilos en un pedazo de papel junto con unas figuras del manga, así que sabía, más o menos, lo que quería, pero, por supuesto, ninguno de estos vestidos se veía nada como sus bosquejos. Con todo lo que yo le sugería, ella me contestaba con ese movimiento de la cabeza que quería decir, “Definitivamente no.” Por alguna razón me cuesta adivinar lo que a mi hija la va a gustar. Mientras tanto, la señora no estaba prestando atención a mi rango de precios, ni tampoco la muchachita en el probador. Así que, por supuesto, salió con el vestido perfecto, y la señora sequía con sus: "Ooh, aah... te queda perfecto... te luce por el color de la piel... esa línea de la cintura es muy halagador... ¿No cree usted, Señora?” Le aplican la presión.
Entonces ¿qué haces cuando tu hija se sonríe como el sol, y el vestido es precioso, y la señora te sigue presionando? Por supuesto, le dices que no, y te sales de la tienda. El cielo se cubre de nubes. Sientes que nunca vas a encontrar el vestido adecuado, y sientes que tu hija tendrá que conformarse con algo feo, y sientes que te va a echar la culpa, y ¿dónde está Roberto cuando más lo necesitas? Me doy cuenta de cómo esta cultura de Oz te presiona comprar cosas que no debes comprar. No sé como viven con esta constante presión.
Luego, como en fórmula
secreta, después de pasar por varias tiendas sin encontrar nada, por fin encuentras
la tienda número tres, el agujero en la pared. Para nosotros fue literalmente un
agujero en la pared porque tuvimos que entrar por una tienda de muebles para
llegar a la puerta de la tienda de ropa. Esta tienda seguramente no gastaba
nada en decoración, que por mí, mejor. Esta vez todos los vestidos que entraban
al probador tenían los precios pre-aprobados, y yo encontré donde sentarme para
descansar. Salió Elai. Su vestido era precioso. Ella se veía esplendida. Nos
habíamos encontrado un premio. Nos regresamos a casa muy felices. A veces, salir
de compras vale la pena, después de todo. (Les regalo mi fórmula secreta para
cuando les toque salir de compras.)

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