Nuestro anfitrión
quien es agricultor nos explicaba cómo la semilla del trébol es tan pequeña y tan
difícil de limpiar que uno de sus amigos manda sus semillas a otra provincia,
donde tienen máquinas especializadas para limpiarla. Una de estas máquinas tiene
rodillos de terciopelo que enganchan las semillas de las malezas que tienen
espinillas algo como púas. Las machinas dejan atrás las semillas del trébol
porque son lisas. Luego observo que una de las plantas de maleza saca 20.000
semillas al año. ¡20.000! Son tan pequeñas que el viento los lleva a la
estratosfera. ¡Debemos tener cuidado! ¡Nos invade la maleza desde el espacio!
Cuando Jesús comparó el Reino de los cielos a una planta, él eligió la semilla
de mostaza. Eso fue hace dos mil años, y la semilla de mostaza sigue
multiplicándose hoy. Los agricultores aquí en Ontario dicen que encuentran plantas
silvestres de mostaza en sus campos. A pesar de la impresión que da la Biblia
que la mostaza es un árbol con ramas y nidos de aves, en realidad las plantas
de mostaza se ven más como…maleza. Al parecer también eran maleza en el tiempo
de Jesús, y los rabinos prohibían sembrar mostaza en su jardín, ya que podían
reproducirse fácilmente en el jardín del vecino. (Roberto me explicó que aquí
en Canadá es contra la ley descuidar su viña, porque puede aparecer alguna
plaga que afecte la viña sana del vecino. Por lo que se ve, los
"rabinos" de hoy en día siguen haciendo leyes.)Me consuela que Jesús comparó la Iglesia—la cultura de Dios, la forma en que él hace las cosas, su reino—con una mala hierba porque así se reproduce. Quizás flote a la estratosfera con el viento y descienda quién sabe dónde y se acomode en algún suelo extranjero. A veces damos la impresión en nuestras iglesias que el reino de Dios tiene su espalda contra la pared, que está apenas sobreviviendo. Aquí en esta parte de Canadá veo muchas iglesias convertidas en casas, logias masónicas, centros comunitarios, tiendas, fábricas de cerveza, y sitios históricos. ¿Qué hacemos mal? El reino de Dios debe reproducirse como un virus, como una plaga, como la levadura en la masa, como la semilla de mostaza. Sin embargo, aquí estamos cerrando iglesias como si la Iglesia estuviera pasando de moda, como los shopping malls. Pero no es así. Esas iglesias convertidas son engañosas.
Jesús comparó su reino, su iglesia, a las plantas ya que ambas son organismos vivos cuya naturaleza es crecer y reproducirse según su especie. Llevan dentro de su propio ADN la capacidad de reproducirse, y dar fruto, treinta, sesenta, o incluso hasta cien veces. Quizás 20.000 veces, ¿quién sabe? Aunque en esta cultura las iglesias rara vez se reproducen ni siquiera una sola vez, probablemente porque el proceso de reproducción es complicado y caro (algo así como el proceso de limpiar el trébol o modificar genéticamente el maíz), existen muchos lugares en el mundo donde la iglesia se reproduce como los conejos, o como las malezas. No necesita ni dinero, ni edificios, ni pastores profesionales, ni el liderazgo de otras partes para reproducirse. Se multiplica de forma espontánea, hasta en la cara de gran persecución. Se reproduce porque el deseo de encontrarse con Jesús es fuerte, y nadie está criticando la música o comparando el sermón al del "otro tipo." Tienen tanto deseo de reunirse, y partir el pan, y sentir juntos la presencia de Jesús entre sus "dos o tres" que lo arriesgan todo. Sufren burla, pérdida, encarcelamiento, exilio, y hasta muerte. ¿Qué pudiera provocar en nosotros tanta hambre espiritual, aquí en esta cultura, para que estuviéramos dispuestos a reunirnos en cualquier lugar, de cualquier forma, incluso con aquellas personas, sólo para sentir la presencia de Cristo entre nosotros? Tal vez tendremos que morir primero para experimentar tal renacimiento. Mientras tanto, en otros lugares, ya lo experimentan. Yo lo he vivido.



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