Thursday, May 21, 2015

La Copa Que No Pasa de Nosotros

Ayer me escribió me amiga “Charlotte” que mañana empieza su primer quimioterapia. Yo solo tengo seis. A ella le tocan 16. 16.  Se me cae el corazón al piso. Que pase esta copa de ella, de mí. Pero la copa de veneno sigue puesto en frente de mí.


Y les digo: Tráeme galletas y sopa. Tráeme libros. Mándeme un mensaje preguntándome sobre mi última visita a Emergencias. Pero aquí hay algunas cosas que no debes hacer.
Hay algo que me ha estado molestando ya por un tiempo, y después de la carta de mi amiga que tiene cáncer, el caso me vuelve a la mente. Debí haber dicho algo en el momento, pero fui cobarde. Se trata de cómo no orar por mí.

Hace unos meses, yo estaba en una reunión de mujeres y allí entre el café y la ensalada de frutas, alguien se paró en la puerta y nos dijo que una mujer que todos conocíamos acababa de caer en un coma. Era su octavo parto, y había perdido a su bebé, y también su actividad cerebral. Las mujeres comenzaron a orar, pero una oración se destaca para mí. Fue algo así: "Dios, declaramos en contra de este pronóstico. Declaramos en contra de estos doctores." Esto me hizo sentir tan incómoda que quería decir algo, pero no me atrevía en un grupo tan grande. ¿Orar en contra de los médicos? ¿En contra de las personas que estaban haciendo todo lo posible para ayudar a esta mujer y mantenerla con vida? ¿Orar en contra de las personas que le habían dicho a su marido una verdad difícil pero necesaria? ¿Orar en contra de otros seres humanos que Dios estaba usando como instrumentos de compasión? Habían fallado en sanar, sí. Pero Dios había estado allí, así como él está aquí, ahora, ministrando a través de mi doctor. Y yo les ruego, pase lo que pase, por favor no hagan esta oración para mí.

Cuando la mamá de Robert murió, él aun no seguía a Cristo. Era agnóstico. Sus mejores amigos que iban a una escuela cristiana de lunes a viernes, tomaban todo el fin de semana, y Roberto no quería tener nada que ver con la hipocresía. Su mamá murió de cáncer de mama, que finalmente le llego al cerebro. Ella luchó durante cinco años dolorosos, y según el primo Michael, al final, sólo Roberto podía levantarla para cambiar su posición en la cama. Puedo imaginarlo tratándola con todo cariño. (Yo creo que era enfermero o cirujano en alguna vida anterior.) Algunas personas vinieron a visitar a Joan en sus últimos días, para orar por ella y animarla. Le dijeron que estaba enferma por falta de fe. No podía ser la fe de las visitas que faltaba, ni la voluntad de Dios, entonces obviamente, la falla estaba en ella. Mientras ella yacía débil y a punto de morir, esas personas atacaron su fe y la hicieron dudar de la voluntad amorosa de Dios. Ellos le llenaron de dudas. Con todo lo que hubo en esos últimos días, Roberto no menciona más que esta única memoria.  Y yo les pido que por favor no lleguen a darme este tipo de consuelo.

Creo que hay algo por allí que estorba nuestra fe en Dios y socava nuestra paz. Tiene muchos nombres. Nos asegura de que lo que nos pasa es lo que nosotros mismos elijamos, si tenemos fe y pensamientos positivos. Nos dice que podemos forzar la mano de Dios con nuestras propias palabras. Pero no. No podemos. Estamos en este mundo, aunque no somos del mundo, y ​​esto significa que debemos llenar los sufrimientos de Cristo. ¿Cómo puedo yo enfrentar esta batalla sin la plena confianza de que Dios me sostiene con sus manos, y de que él envía solamente lo que es bueno y necesario, y de que, sea lo que sea mi estado de ánimo, es él quien me mantiene a salvo? Este es mi pensamiento positivo. Claro, cometemos errores estúpidos y pagamos por ellos. Muchas veces pagamos por los errores de los demás, como cuando ponen demasiado pesticida en mis tomates o demasiados productos químicos en el aire que respiro. Pero para que Jesús nos salve, es necesario que todos seamos conectados de esta forma. Así aunque por el fracaso de una pareja somos todos condenados, ahora la vida de un hombre, somos todos salvos. Él necesita que estemos conectados para que su vida pueda llegar a todos. Eso significa que sufrimos las consecuencias del pecado junto con todos los demás. Claro, Dios anhela sanarnos, y a veces desenmascara su poder por razones propias y nos cura milagrosamente. Pero la mayor parte de las veces, se esconde, y trabaja per medio de médicos desprevenidos. Quiénes muchas veces fallan.


Y Dios llora cuando lloramos. Sabe que para rescatar este mundo no requiere solamente el dolor de su Hijo colgado en una cruz, pero también el dolor de todos nosotros, y él escucha cada gemido. Pidan por mí, valentía. Rían y lloren conmigo, pero no rechacen lo que Dios requiera de mí. El lo necesita. Yo lo necesito. Y de alguna manera, por la Gracia, el mundo lo necesita. 

No comments:

Post a Comment