Hoy me quitan el cabello. Se me está cayendo de todos modos, poco a poco al principio y luego, por puñados. Quería esperar hasta que ya no se viera normal, teniendo un día más de normalidad, pero hoy se ve enfermizo, dejando un rastro de pelos en el piso, y adhiriéndose, radiante, a mi suéter. Me he puesto una gorra que a Ruti le parece gorra gangsta y que nos mantiene el piso libre de pelos. Ya llamé a mi amiga Dale para que traiga tijeras y me la corte.
Mi amiga Cailey escribió un poema para su blog que ha imprimido una imagen detrás de mis ojos que no se me quita. Dice: “mi cuerpo entero carga historias como pájaros miedosos de migrar…temo que si no camino lentamente se levantarán—jalando la sangre de mis venas por las hebras en mi cabeza…” De alguna forma siento que las hebras que caen de mi cabeza jalan con ellas mis pensamientos y memorias y se las llevan consigo.
Pero no puedo parar de escribir. Me despierto as las cuatro de la madrugada con las palabras que se me salen por los raíces del pelo, y prendo la lámpara, y me coloco una almudada en el regazo, más una tabla, más la laptop, y escribo. Siento que el cáncer libera algo dentro de mí y que en cámara lenta veo las cosas con más claridad. Se me quita el miedo de hacer algunas cosas que antes no solía hace. Platico con la mujer calva sentada frente a mí: “¿A qué tratamiento viene usted? Mire, ya se me cae el pelo también. Me falta poco.” Platico con la mujer de la Sociedad de Cáncer con su blusa amarilla que a todos nos ofrece galletas y café, y no se olvida de nuestros acompañantes, así que a Roberto también le toca su cafecito. La mujer se llama Bradely, nombre insólito. Me entero que ella también es maestra de inglés, y que fue a dar clase en Kuwait, donde los niños le faltan respeto porque son varones, la mayoría, y sus madres no los deben disciplinar. Hay pocas chicas por tener menos valor su educación que la de los chicos.
Y me hacen tanta falta mis alumnos de OCS. Y por eso, cuando abro un gran paquete con tarjetas escritos por ellos, diciendo cosas como: “Dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, ¡y es verdad! He aprendido que usted es simplemente lo mejor y nadie más puede tomar su lugar, pero nadie--¡jamás!” y “Yo, yo, yo, ¿que es bueno? ¡Espero que todo le va droga! (Por favor, ¡que alguien me traduzca!) y estas palabras me traen aliento. Y si puedo llegar a este lugar con simplemente la caída de algunos pelos, Señor, acepto.
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