Friday, May 29, 2015

Cuando no estamos de acuerdo

Hoy me siento desanimada. Y no es porque, mientras escribo, estoy esperando que se me baje el ritmo cardíaco. Creo que se mantiene cerca de 200. Hace temblar mi cuerpo con un ritmo suave, y me corta el aliento. Roberto y yo salimos a caminar a las 5:30 de la mañana, y tal vez fue demasiado, porque cualquier inclinación me cansaba, pero decidí seguir adelante. No lo van a creer, pero mi nuevo hermano Ben estuvo en el hospital con los mismos síntomas, pero a él le aplicaron anestesia y el resucitador. Tenía pulso de 230
(comparamos nuestras notas). El mío FUE solamente 190, por lo que gana el en ambos casos. Formamos el segundo par de gemelos en esta familia ahora, excepto que él tiene todo el pelo. Uno no esperaría que la taquicardia fuera contagiosa, pero ¿qué saben los médicos realmente? Tal vez podemos estar en habitaciones contiguas para nuestras cirugías.

No. No me siento desalentada por esto del corazón, sino por una cuestión del alma. El otro día, Roberto estaba platicando con algunas personas a las que respeta, sobre un tema en que no están de acuerdo. El hecho de que no están de acuerdo no es importante. Robert se encuentra en desacuerdo con la gente a cada rato, como ya sabes, y él y yo nos encontramos en desacuerdo, y aun así, seguimos casados, felizmente. Tengo que contarles una historia: Una vez estaba manejando el carro, y mi hermana Diana estaba sentada a mi lado, viendo el mapa. No estábamos de acuerdo sobre dónde doblar. Como el conductor, tomé la decisión final, y ella seguía protestando, y yo dije: "Hermana. Está bien. No vamos a llegar a un
acuerdo nunca. Es por eso que se llama un desacuerdo." Con eso se detuvo. Aunque ella no recuerda el incidente, y yo le dije que por eso lo puedo describir a mi manera, creo que se dio cuenta de algo, porque ahora, cuando no estamos de acuerdo, ella puede dejar el tema en paz, puede llegar a un acuerdo en que no vamos a llegar a un acuerdo, y todavía me dice hermana. Me encanta como Lucas nos explica cómo Pablo y Bernabé, dos grandes misioneros, discutieron fuertemente, y se separaron. Sin embargo, todavía se consideraban hermanos. No dudaba, el uno del otro, su fe, aunque sí, tal vez,  su sensatez. No tenemos que trabajar juntos como equipo cuando hay un fuerte desacuerdo, pero sí tenemos que vivir juntos como familia.

--interludio para ir a la sala de emergencia para que me pare otra vez el corazón mi amigo el Doctor Calvo, dándome la misma sensación tan horrible de asfixia; Ya sé lo que viene—

Porque este asunto del corazón no me afecta  como la cuestión del alma.

Creo que el problema no viene con el desacuerdo. El problema viene cuando juzgamos el corazón o los motivos, o la fe de alguien cuando no estamos de acuerdo. Creo que es especialmente desalentador cuando los corazones de las personas son juzgados por lo que hay dentro de sus cabezas. Déjame explicar. Cuando Jesús llamó a la gente, nunca los llamó a una lista de doctrinas, sino más bien a una Persona. "Yo soy la verdad" insistió. "Ven, sígame. Ven, toma tu cruz, y sígame." Él siempre llamaba a la gente a entrar en una relación con él. Y cuando respondían, se alegraba. Cuando se volteaban hacia él, corría a encontrarlos como cualquier Padre Pródigo. Y si se subían a un árbol a recibirlo, Él los veía. Todo es cuestión de estar en relación con este hombre, el Único Hijo y Revelador de Dios, el único Salvador del mundo. Nunca se trataba de llenar una lista de doctrinas.

Piensa en las personas que fueron elogiados en la Escritura por su fe: Abraham.

Quién sabía prácticamente nada acerca de Dios, más de que Él le habla en la noche, llegaba para cenar, y le exigía hacer cosas incomprensibles. Y los niños. Quienes sabían prácticamente nada sobre el Reino, más de que querían muchisisímo a JESÚS. Ni Abraham, ni y el niño en el regazo de Jesús fue evaluado por su doctrina, sino por su amor y su obediencia. Lo mismo ocurre con nosotros. ¿Podemos extenderle gracia a una mujer de 54-años, como hacemos con el niño de 4 años? ¿Podemos enfocar con alegría en las formas en que las personas se voltean hacia a Dios en lugar de medir cuidadosamente su progreso en la otra dirección?




 Me desanimo cuando mis hermanos me ponen sobre una resbaladiza hacia el infierno, y me asignan un cáncer del alma, cuando los dos estamos enamorados del Salvador del Mundo, pero discrepamos en otras cosas. Porque el infierno no es sólo un lugar, sino es también es un estado del alma que rechaza a Dios, que lo considera un mentiroso, y que dice: "No sea tu voluntad, sino la mía que se haga." Y el cielo no es sólo un lugar, sino es también una condición que hace que el alma diga con gozo: "Dios, haz tu voluntad aquí. Hazlo ahora. ¡Comienza conmigo! "Así que si me juzgas, mi hermano, diciéndome que estoy arriesgando ir al infierno por algo que pienso, me pregunto, ¿cuándo me viste rechazar a Dios? ¿Has visto algo así en mis acciones? ¿Has oído en mis palabras un rechazo a la voluntad de Dios en mi vida? Porque de alguna manera yo no creo que le toque a otra persona decidir si estoy "dentro," o si estoy "fuera." Escucha, hermano, hermana mía, con quien me encuentro en desacuerdo.

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