Sábado por la noche
fuimos a La Fábrica de Especies en el centro de la ciudad. Eran las 10 de la
noche, y ya no había gente en la calle. No estábamos seguros de dónde
estacionar, o si nuestro carrito estuviera todavía al salir. Yo no había hecho
algo así. Yo no acostumbro salir de noche para escuchar música en vivo en algún
bar. Pero quería escuchar la música de un amigo llamado Peter Tigchelaar.
Cuando su guitarrista coloco en el piso con mucho cuidado sus seis pedales, yo pensaba que formaban un trencito de juguete,
porque eran cuadritos de varios colores, todos en línea. La Fábrica de Especias
es un salón de eventos en la planta alta de un edificio. Cuando entramos, todo
estaba oscuro, y había unas pocas sillas cubiertas de tela negra rodeando
mesitas con unas velitas, en la parte de enfrente. Pero me daba pena caminar
hacia al frente, para sentarme cerca de la banda. Atrás, había un bar y la
joven que atendía era bajita, con mucho pelo y una sonrisa muy grande. Casi
todos estaban vestidos de negro. No había mucha gente, pero todos estaban allí
para escuchar la música.

Mi amigo Peter Tigchelaar había cantado en la cena de Kenia, y yo lo conocía como El Tipo de las Plantas. Pedro es de mi edad, supongo, con piernas de palillo que nunca dejan de moverse cuando toca su guitarra, anteojos como los de John Lenin, y mucho pelo gris. Su banda incluía al guitarrista eléctrico con su tren de juguete, un acordeonista imperturbable, plácida como las estrellas, y un violinista quien también cantaba.
Ah. Me parecía
que no había escuchado música antes o que lo estaba escuchando por primera vez.
Peter tocaba como roquero, inclinándose sobre su guitarra, extendiéndose para
alcanzar ese acorde, pero lo hacía en forma suave, natural, como que se le
escapa su energía. Era obvio que se llevaba bien con su banda, simplemente
gozando en la música. Y Peter cantaba sobre campanas, y sobe las calles de su
ciudad, y sobre su esposa, "la mama de mis hijos", cómo ella lo
llenaba de luz.
Y la letra
resonaba en mí, tenía sentido para mí. Quería responder: "Sí. Exactamente"
Cantaba: “Cuando se recupera, da vuelta y fortalezca a sus hermanos, y a sus
hermanas, y a sus madres, y los unos a otros," y cantaba del impulso de la
gracia, que yo lo imaginaba como algo que crece constantemente hacia afuera,
indetenible, como los círculos en un pozo cuando calle una piedra.
Antes, yo le había
preguntado a Pedro lo que hacía de día. Me dijo que él es el tipo que cuida
plantas, entrando en las empresas de la ciudad para colocar y mantener flores y
plantas. Yo le había preguntado: "¿Qué es lo más innovador que has hecho
en tu trabajo?” Me respondió: “Supongo que diría que tomo tiempo para platicar
con la gente en las oficinas donde trabajo. Después de tanto tiempo, ahora
todos me conocen.” Admiro a esta persona que puede animar tanto a la gente, ya
sea con sus palabras, con su música o hasta con sus plantas.
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