Friday, May 1, 2015

Sábado. Día de Descanso

Sábado. Día de Descanso. Cuando los hebreos salieron de Egipto guiados por nube y fuego, la única identidad que tenían era como esclavos con una vaga memoria de un Dios que platica con seres humanos. En Sinaí, Dios los marco con una identidad que cargarían a través de los siglos y los exilios y los holocaustos, una identidad come pueblo escogido, y libre.  El sábado para los judíos quiere decir que ya no son esclavos sino pueblo libre para siempre. En el cambio del siglo pasado, cuando los crueles pogromos de Rusia impulsaron a millones de judíos a huir a los Estados Unidos, traían con ellos aquella identidad (ven  El violinista en el Tejado). Llegaron miles de sastres que pronto dominaron le industria de la confección de ropa pero donde trabajan bajo condiciones horribles. Formaron el sindicato más fuerte del mundo y ganaron para los Estados Unidos no solamente el derecho de armar paros, sino también el día laboral de ocho horas, y la inclusión del sábado en el fin de semana.
Sábado. Jesús fue el único ser humano que logro obedecer la ley de Moisés a la perfección, incluyendo su código moral y su ley cultural. Cuando murió, acabo con la ley cultural y escribió la ley moral sobre nuestros corazones con su propio espíritu. Nos liberó de la ley, y en celebración de este hecho, ya no nos reunimos los sábados sino los domingos, el día de su gran resurrección, y el primer día de su nueva creación. Jesús fue el único ser humano que logro obedecer la ley a la perfección. Y el sábado descanso. Perfectamente. Muerto en una tumba.

Sábado. El Descanso de Jesús el sábado fue obligado. Él no lo quiso ni lo escogió. Fue la copa que tuvo que tomar en obediencia para que algo Bueno llegara a nuestro mundo. Así me siento cuando vierten esa copa de veneno en mis venas. Hoy. Es un sábado de descanso para mí, estando aquí en Canadá, pero no es un descanso que yo quiero, ni lo escogí. Pero entiendo que de este sábado mío Dios traerá algún bien que saldrá siendo más allá de los miserables efectos de la droga, un bien que ni yo, ni mi esposo, ni mis hijos, ni mis amigos podrían experimentar de otra forma. Y entiendo que ni un pelo que se me cae a los hombros (y hoy son muchísimos) caerá en vano.

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