Tengo seis hermanas en Norteamérica. Una por nacimiento. Tres por matrimonio. Y dos que ni siquiera son familia. Mi hermana Diana se casó con el hermano de Roberto. Nos queremos mucho. Ella tiene un cuadro de punta de cruz que yo le hizo, y todos los cuadros que pinto la mama de Roberto, guardados junto con cajas y cajas de risas y memorias. Pero luego paso algo, y hubo divorcio, y de repente, Diana ya no era mi hermana por casamiento. ¿Y eso donde nos dejaba? Yo decidí que nuestra hermandad no dependía de la decisión de otras personas. Un divorcio no debería destruir nuestra hermandad. Ahora Diana se presenta ya no como su cuñada, sino simplemente como su hermana. Y es lo que soy, y nada, ni la muerte, ni la gente, nos separara jamás.
Mi otra hermana es hermana por error. A Janey la he conocido por treinta y un años y hemos compartido muchas cosas grandes de la vida: compartimos camas, durmiendo pie a cabeza bajo mosquiteros en campamentos de refugiados en Honduras donde compartimos un novio (pero, ¡claro, no al mismo tiempo! yo le pedí su permiso cuando ya no andaban). Cuando me comprometí con Roberto, él la llamó en Canadá para decirle, “Naksa,” y que nos casábamos pronto, y que tenía que comparar su boleto para ser dama en mi boda que iba a durar toda una semana. Y yo la presente a su esposo Daniel, y su primera cita fue en mi casa en México. Y por treinta y un años, todos nos han confundido como hermanas porque nos parecemos tanto. Nos sigue pasando a cada rato ahora cuando me la llevo a buscar pelucas y pintarnos cejas. Los demás nos calculan hermanas, y hemos decidido simplemente aceptarlo como un hecho, diciendo, “Si, somos hermanas, aunque nacidas con dos meses de diferencia,” para ver sus reacciones.
En el retiro de mujeres de este fin de semana, la conferencista nos compartió como fue abandonada por su madre biológica y por su padre adoptivo y como, después de 50 años, viajo a Nova Scotia para conocer a su padre biológico por primera vez, y su padre organizo una gran fiesta de 80 personas para darle la bienvenida a casa. Bajando del carro, encontró una bandera que decía “BINEVENIDA A CASA,” y le pusieron un botón que decía, “¡Es Niña!” y su nuevo papi le dio un gran abrazo, diciéndole, “he estado orando por ti, mi hija, todos los días de tu vida.” Y entró a la casa para conocer a sus tres hermanos y a un montón de parientes.
¿Ven cómo los simple hechos de nacimiento y casamiento no determinan el parentesco? Más bien se determina por amor y gracia. Dios nos ha adoptado, dándonos Padre, hermanos y hermanas, aunque no los conozco a todos todavía. Sé que me espera una gran fiesta donde habrá una bandera de bienvenida, un botón con mi nuevo nombre familiar, y un montón de parientes para conocer. Al principio de este Update, mencioné que tenía seis hermanas. Pero tengo mucho más, y a unas las conocerán aquí. Un hombre sabio dijo alguna vez, “¿Quién es mi madre, mi hermana? Aquella que camina con mi Padre es mi madre, mi hermana.” Como he mencionado antes, hay tesoro dondequiera.
No comments:
Post a Comment