Saturday, May 23, 2015

La Iglesia: en comunidad

Mañana es domingo, y me econtrare en camino a la iglesia. Decimos que la palabra no significa edificio, sino congregación; pero nos olvidamos tan pronto como lo decimos, y recogemos nuestras llaves y nuestras Biblias y nos vamos. Y como cuando Jesús le dice a la mujer samaritana que está diciendo la verdad, también nosotros decimos la verdad cuando decimos que vamos en camino a la iglesia, porque obviamente no hemos llegado. Estamos muy lejos de lo que debería ser la iglesia.
Elai me llevó a una película, y todo lo que supe era que iba ser una película para chicas con música impresionante. Fue una película para chicas, y tuvo música impresionante. El cine estaba lleno de chicas. Pero entre las canciones y las historias de amor, había algo más, un fuerte sentir de comunidad. La película se trataba de una hermandad en la universidad y de la vida que llevaba,  y también de las hermanas ya graduadas que apoyaban a las jóvenes, y al final de la película, las ancianas subieron al escenario con las jóvenes, y todas las chicas en el cine anhelaban ser hermanas de aquella hermandad. Yo, inclusive. Nuestra cultura se está muriendo por tener este tipo de hermandad.

Recuerdo algunas de las comunidades que he conocido: 1. Mi equipo que servía en los campamentos de refugiados en Honduras, comiendo comida agusanada;  atravesando pantanos para tomar un censo; durmiendo juntos en una cama bajo mosquitero por los muchos zancudos, y donde un ratón subió mi brazo cuando levanté el mosquitero para sacarlo; pasando hora tras hora sentada en un cayuco, deseando que se volteara el rio para salirme de cierto apuro. 2. El personal de  un campamento que se levantaba temprano para orar, con caras de sueño, cabeceando, pero contentos al compartir que los participantes decían cosas muy bonitas de Dios. 3. Mi iglesia, El Camino, en Oaxaca, que mañana
estará orando por mí. 4. Mi equipo mexicano, que me hace tanta falta--cuatro parejas que están trabajando entre cuatro grupos lingüísticos diferentes, ayudando a sus amigos a enamorarse de Dios. Y no existe algo tan bello como vivir en comunidad.

Y por Dios, esto es lo que la Iglesia está destinada a ser. Nos olvidemos de las palabras más asombrosas que jamás salieron de la boca de Jesús en todo el tiempo que estuvo en la tierra, y si dijera yo estas palabras sin su autoridad, me apedrearán por hereje. Él dijo: "... y serán uno como nosotros somos uno." Es su oración sacerdotal. Y hay una cosa que yo sé de estas palabras. Son el corazón de Jesús, Hijo de Dios a punto de morir por nosotros, Sumo Sacerdote y Rey Supremo de los Cielos. Estas palabras se hacen realidad.

Mis amigos, mis hermanas, mis madres, mis hermanos, ustedes y yo, un día seremos uno como la Trinidad es una. Es una certeza.

Pero ¿cómo lo haremos realidad ahora? Creo que esta es la única pregunta que hay. La Iglesia, con todos sus defectos, es el agente de Dios en el mundo para hacer que se enamore de él. Somos su boca y sus manos y sus pies. Y si fracasamos, fracasa Dios.

Pero no vamos a fracasar. Y si nos conformamos con la Iglesia que es sólo un edificio; o con la Iglesia que simplemente cumple adecuadamente el domingo durante una hora; o con la Iglesia que no es manos ni pies, sino solamente boca que alimenta (o regaña) a las ovejas; o con la Iglesia que sirve de santuario sólo para los adecuados; ni con la Iglesia que deja de incluir a los rechazados de las carreteras y los caminos, entonces Él nos dejará morir. Y en Norteamérica, nos estamos muriendo. Mira a tu alrededor. ¿Qué le está pasando a la Iglesia tal como la conocemos en nuestra cultura? ¿Por qué? Tenemos que dejar de lamentar y comenzar a aprender. Debemos aprender a ser la Iglesia; aprender a ser más un solo Pueblo, donde las hermanas mayores mentorean a las más nuevas, y juntos sirven a los que sufren. Practiquen la hospitalidad—reciban a la gente--especialmente ustedes que son líderes. Les garantizo que así llegaremos a esta gran meta.

Si usted camina lejos de la Iglesia, se aleje de Dios. Así que si no puedes soportar cualquier iglesia, examina tu corazón—y por el amor de Dios, regresa. Pero puede ser que no hay una iglesia que hable tu idioma o te entienda. Peor, puede ser que no exista ninguna iglesia donde tus amigos encajarían, y si es así, empiece algo. Esto podría ser más fácil de lo que te imaginas. Pero tambien puede ser un gran riesgo. Muchos mueren por abrir congregaciones. De una forma u otra, entra en la comunidad de Dios, el gran sueño de Dios, en la solución de Dios en este mundo. Eres su hijo. Sentirá agrado.

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