Mañana es domingo, y me econtrare en camino a la iglesia. Decimos que la
palabra no significa edificio, sino congregación; pero nos olvidamos tan
pronto como lo decimos, y recogemos nuestras llaves y nuestras Biblias y nos
vamos. Y como cuando Jesús le dice a la mujer samaritana que está diciendo la
verdad, también nosotros decimos la verdad cuando decimos que vamos en camino a
la iglesia, porque obviamente no hemos llegado. Estamos muy lejos de lo que debería
ser la iglesia.
Elai me llevó a una
película, y todo lo que supe era que iba ser una película para chicas con
música impresionante. Fue una película para chicas, y tuvo música impresionante.
El cine estaba lleno de chicas. Pero entre las canciones y las historias de amor,
había algo más, un fuerte sentir de comunidad. La película se trataba de una
hermandad en la universidad y de la vida que llevaba, y también de las hermanas ya graduadas que
apoyaban a las jóvenes, y al final de la película, las ancianas subieron al escenario
con las jóvenes, y todas las chicas en el cine anhelaban ser hermanas de
aquella hermandad. Yo, inclusive. Nuestra cultura se está muriendo por tener
este tipo de hermandad.
Recuerdo algunas
de las comunidades que he conocido: 1. Mi equipo que servía en los campamentos
de refugiados en Honduras, comiendo comida agusanada; atravesando pantanos para tomar un censo;
durmiendo juntos en una cama bajo mosquitero por los muchos zancudos, y donde
un ratón subió mi brazo cuando levanté el mosquitero para sacarlo; pasando hora
tras hora sentada en un cayuco, deseando que se volteara el rio para salirme de
cierto apuro. 2. El personal de un campamento
que se levantaba temprano para orar, con caras de sueño, cabeceando, pero
contentos al compartir que los participantes decían cosas muy bonitas de Dios. 3.
Mi iglesia, El Camino, en Oaxaca, que mañana
Y por Dios, esto
es lo que la Iglesia está destinada a ser. Nos olvidemos de las palabras más
asombrosas que jamás salieron de la boca de Jesús en todo el tiempo que estuvo
en la tierra, y si dijera yo estas palabras sin su autoridad, me apedrearán por
hereje. Él dijo: "... y serán uno como nosotros somos uno." Es su
oración sacerdotal. Y hay una cosa que yo sé de estas palabras. Son el corazón
de Jesús, Hijo de Dios a punto de morir por nosotros, Sumo Sacerdote y Rey
Supremo de los Cielos. Estas palabras se
hacen realidad.
Mis amigos, mis
hermanas, mis madres, mis hermanos, ustedes y yo, un día seremos uno como la
Trinidad es una. Es una certeza.
Pero ¿cómo lo
haremos realidad ahora? Creo que esta es la única pregunta que hay. La Iglesia,
con todos sus defectos, es el agente de Dios en el mundo para hacer que se
enamore de él. Somos su boca y sus manos y sus pies. Y si fracasamos, fracasa
Dios.
Pero no vamos a
fracasar. Y si nos conformamos con la Iglesia que es sólo un edificio; o con la
Iglesia que simplemente cumple adecuadamente el domingo durante una hora; o con
la Iglesia que no es manos ni pies, sino solamente boca que alimenta (o regaña)
a las ovejas; o con la Iglesia que sirve de santuario sólo para los adecuados;
ni con la Iglesia que deja de incluir a los rechazados de las carreteras y los
caminos, entonces Él nos dejará morir. Y en Norteamérica, nos estamos muriendo.
Mira a tu alrededor. ¿Qué le está pasando a la Iglesia tal como la conocemos en
nuestra cultura? ¿Por qué? Tenemos que dejar de lamentar y comenzar a aprender.
Debemos aprender a ser la Iglesia; aprender a ser más un solo Pueblo, donde las
hermanas mayores mentorean a las más nuevas, y juntos sirven a los que sufren. Practiquen
la hospitalidad—reciban a la gente--especialmente ustedes que son líderes. Les
garantizo que así llegaremos a esta gran meta.

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